domingo, 18 de junio de 2017

Siete años de 'Cúmulos y limbos' y nubosidad variable


El 18 de junio de 2010 era viernes, yo llevaba unos días recién instalada en Londres como estudiante de inglés, y me decidí al fin a debutar como bloguera con un primer post titulado Nubosidad variable. Hace por tanto siete años que mi blog y yo abrimos esta ventana digital llamada Cúmulos y limbos, en homenaje a la novela de Carmen Martín Gaite que tantas veces he releído a lo largo de los años.

¿Qué he hecho en estos siete años?
Escribir un libro.
En estos siete años muchas cosas han cambiado, o mejor dicho, se han recolocado y reorientado como piezas distraídas de un puzle temporalmente disperso que se remueven, cambian de sitio, zigzaguean y al fin encajan en un lugar más amplio, luminoso y lucido. Una de esas cosas realojadas es mi primer libro de relatos, La casa de las palmerasque empecé a escribir en Londres y que publiqué a mi regreso a Madrid. Como soy un lento caracol, hace apenas unos meses decidí ponerlo a la venta en Amazon , y ahí podéis encontrarlo.

Recapitulando: en siete años he escrito 389 entradas en este blog que acumulan más de 242.000 visitas en total. Aunque suena a cifra modesta, a mí me parece una enormidad para estos cúmulos y limbos nada publicitarios ni publicitados que coloco en generoso desorden sobre mi patio sin tejado. Escribo con menor frecuencia que hace siete años, aunque le pongo la misma pasión a los temas de mujeres, libros, viajes, historia, arte…

¿Qué he hecho en estos siete años? Viajar a Japón.
Al cabo de siete años, continúo descubriendo escritoras que me fascinan con un libro y me atrapan para siempre, hasta el punto de que tengo que devorar toda su obra. Me sucedió primero con Siri Hustvedt al leer El verano sin hombres y hace dos meses tuve la suerte de conocerla en persona, en Madrid, hasta donde se acercó para presentar su último libro. Me pasó después con Hiromi Kawakami y su El cielo es azul, la tierra blancay más recientemente con Yoko Ogawa como resultado de leer La fórmula preferida del profesor. Estoy enganchada a las tres y, por supuesto, sigo deleitándome con Gaite, Laforet, Ginzburg, Yourcenar, Chevalier y tantas otras.

¿Qué he hecho en estos siete
años? ¡Vivir! Ahí es nada... 
Como dije en junio de 2010, tengo claro que la vida no es una carcajada continua, ni tan siquiera una sonrisa indulgente. Tampoco podemos pasar las 24 horas del día encaramados a una nube. Pero para lidiar con los cambiantes estados de ánimo, nada mejor que los libros, el arte, la historia, los viajes, la escritura... Porque todos tenemos algo que decir aunque nadie escuche.

martes, 13 de junio de 2017

Fontevraud, la increíble Leonor de Aquitania y una abadesa del siglo XVII al frente de una multinacional


En 1101, ¡ahí es nada, hace más de novecientos años!, el excéntrico predicador Robert de Arbrissel fundó en Francia la abadía real de Fontevraud, en los confines de las provincias de Poitou, Anjou y Turena, con un orden muy singular: acogía a hombres y mujeres e incluía a personas de todos los estratos sociales. Fontevraud nació así como una ciudad ideal, un lugar de exaltación de la fe mediante la oración y el trabajo; pero también como un lugar de diversidad social y de género, a cuyo frente estaba una mujer, una abadesa, con autoridad sobre cuatro prioratos.

Marie-Gabrielle de Rochechouart y Renée y Louise
de Borbón, ilustres abadesas de Fontevraud.
Durante los siete siglos en los que la abadía funcionó como tal, hubo 36 abadesas, casi siempre miembros de la nobleza y en ocasiones de sangre real. Quizá la más famosa es Marie-Gabrielle de Rochechouart (1645-1704), que reinó en Fontevraud en el siglo XVII, nombrada abadesa cuando solo tenía veinte años por el rey Luis XIV. Mujer cultivada, convirtió la abadía en una especie de corte, en un relevante centro de influencia espiritual e intelectual. Bajo su gobernanza, la abadía de Fontevraud funcionó como una gran empresa e incluso podríamos decir que como una multinacional, ya que ella no solo decidía sobre una centena de prioratos en Francia, sino que también designaba otros varios prioratos en Inglaterra y en España. Esta peculiar mujer falleció en 1704, trae detentar el poder durante treinta años.

Se da la circunstancia de que, a partir del siglo XVII, las abadesas podían vivir fuera de la clausura, en el palacio abacial, donde recibían a sus invitados, príncipes y princesas que se desplazaban hasta Fontevraud para visitar a sus parientes. En alrededor de dos siglos existieron cinco abadesas de la familia Borbón, entre ellas, Renée y Louise de Borbón, tía y prima, respectivamente, de Francisco I.

Leonor de Aquitania, doblemente reina, junto a su
según marido y carcelero, Enrique II Plantagenet
(estatuas yacentes, abadía real de Fontevraud).
Se podrían escribir cientos de libros únicamente con las historias de todas esas damas que decidieron retirarse en Fontevraud para dejar descansar el alma y meditar, empezando por la reina Leonor de Aquitania (1124-1204) o las hijas de Luis XV. Muchas damas de la corte, reinas y princesas prefirieron recluirse en esta abadía antes que someterse a la tiranía de los hombres. Al menos, en Fontevraud el poder estaba en manos de las mujeres.

Si hay una persona decisiva en la existencia de Fontevraud es Leonor de Aquitania, la mujer doblemente reina que escogió esta abadía como retiro para sus últimos años de vida y como panteón de su familia real, los Plantagenet. Así, desde 1189, Fontevraud se convirtió en una necrópolis real donde todavía hoy se conservan las estatuas yacentes de la propia Leonor, de su marido Enrique II; de su hijo Ricardo Corazón de León; de su nuera Isabel de Angulema.

Leonor fue una de las mujeres más excepcionales y controvertidas de la Edad Media: duquesa de Aquitania, primero reina de Francia y posteriormente de Inglaterra, madre de diez hijos, luchó por su dignidad, sus intereses y los de sus descendientes, llegando a sufrir la reclusión ordenada por su segundo marido.

Grabado con la antigua disposición
de las estatuas yacentes (Fontevraud).
Esta increíble mujer del siglo XII arrastra su buena dosis de leyenda negra. Fue acusada de tener relaciones sexuales con su tío y muy criticada por divorciarse de un rey, el francés Luis VII, para casarse con su enemigo, el inglés Enrique II Plantagenet. Su segundo marido la encarcelaría durante años pero ella nunca dejó de maquinar en su contra. A la muerte de Enrique II, Leonor viajó por toda Inglaterra para obligar a los barones a jurar lealtad a su hijo Ricardo Corazón de León. Cuando tenía ochenta años, Leonor vino a España a conocer a su nieta, Blanca de Castilla, y personalmente la llevó hasta París, donde la casaría con el monarca francés Luis VIII.

Además de intrigante y urdidora de alianzas matrimoniales, era una mujer culta, brillante, amaba las artes y la poesía. Fue en el siglo XII más moderna de lo que lo son hoy muchas mujeres del muy digital siglo XXI.





jueves, 8 de junio de 2017

Party en el Huerto de la Cornisa, al lado de las Vistillas


El ecologismo y la conciencia solidaria ganan terreno en el mundo occidental desarrollado, pese a los zopencos negacionistas abanderados por Trump y a los peligrosos recortes de derechos humanos con que nos amenaza May. En ciudades como Madrid se palpa un mayor gusto por la colaboración y el aperturismo, al tiempo que se refuerzan los lazos vecinales.

Pícnic Solidario en el Huerto de la Cornisa (Madrid).
En el barrio de la Latina tenemos suerte de disponer de dos espacios en manos del vecindario: son el Campo de la Cebada y el menos conocido Huerto de la Cornisa, situado a las espaldas de la iglesia de San Francisco el Grande. Entre las muchas iniciativas que aquí se celebran, este mes han comenzado los Miércoles de Pícnic Solidario. A partir de las 20.30 horas, con el caer de la tarde, un sencillo puesto de comida vegetariana atendido por La Taberna Errante y Los Pajaritos Mojados sirve un menú a precio fijo (10 euros) que puedes tomar sentado junto a los parterres donde crecen las acelgas, lo ajos y las lechugas.

Huerto comunitario de la Cornisa de San Francisco.
Un party sencillo, sin pretensiones, amable. Apenas hay una decena de sillas y un par de mesas donde apoyar los platos y aposentar la lata de refresco, pero es un espacio muy agradable, sin altavoces bramando música ni ruido de coches, tan solo los sonidos de las conversaciones y los ocasionales ladridos de los perros que corretean por el parque de al lado. Lo mejor de todo es contemplar el atardecer y recibir la noche a la luz de lámparas de pie a modo de hogueras.

Cartel del Pícnic Solidario.
El Huerto de la Cornisa es un huerto urbano comunitario que funciona desde principios de 2015, perteneciente a la Red de Huertos de Madrid. Está abierto a todas las personas del barrio (y de fuera) que quieran pasarse a echar una mano y a emplear su tiempo de una forma diferente. No importa la edad ni lo poco que se sepa de técnicas de huerta o jardinería; todos los que llegan a colaborar son bienvenidos. Lo único que se pide es tener ganas de compartir y de colaborar para construir un uso diferente, ecológico y sostenible de los espacios urbanos de la ciudad.