sábado, 25 de marzo de 2017

En la oscuridad





En la oscuridad, la certeza gimió como el aliento efímero de una caracola de mar. Sin luz, los pies se le torcieron súbitamente endebles, las piernas imantadas a un suelo invisible de telarañas opacas.

No tengas miedo –se dijo. Las paredes, la mesa, la jarra de agua siguen aquí –murmuró. La mano y los dedos con los que toco mi nariz son reales –gritó. Esta negrura que me habita es solo ausencia de luz –chilló.

Pero donde hubo certeza ahora solo había oscuridad.
Todos sus sentidos aullaban como los de un voraz animal.

Todos su sentidos.
Menos uno.

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