domingo, 31 de diciembre de 2017

‘Mujercitas’ en el cine (y III)

Firma invitada:
Luis Fermín Moreno

A priori, una novela de 500 páginas tan rica como Mujercitas posee materia prima para varias películas de dos horas de duración muy diferentes unas de otras. Pero sucede que las versiones fílmicas se parecen más entre sí de lo que se asemejan a la novela original y así, a través de la imagen, se ha acabado construyendo una versión paralela del mundo de las cuatro hermanas March.

'Mujercitas', una de las grandes novelas de EEUU.
La segunda mitad del libro de Louisa May Alcott dedica numerosas páginas a la vida conyugal de Meg y John. Para Alcott, el matrimonio no era precisamente un cuento de hadas y quizá por ello su protagonista Meg, una vez casada, vive en un hogar modesto con dificultades para que reinen el orden y la limpieza. Al principio, el perfeccionismo de la joven esposa impide a la pareja asentarse en una rutina vivible. Después, absorbida por sus mellizos, Meg desatiende a John y el lector aprecia que, sin los consejos de la madre, las cosas acabarían mal. Son peligros reales que Alcott trata sin concesiones sobre el fondo, pero con una buena dosis de humor. Alcott juzga los deberes de Meg tan dignos de interés como la muerte de Beth, el viaje de Amy o las tormentas de Jo.

En el cine, Meg casi deja de existir cuando se convierte en la señora Brooke. A diferencia de la novela, las películas sostienen la ficción de que el matrimonio es el último acto de la vida, antes de la muerte. Las tres adaptaciones terminan con la entrada triunfal de Friedrich Bhaer, el futuro marido de Jo, en la casa de los March, y eluden el último capítulo del libro, en el que Alcott dibuja el balance de las tribulaciones de la familia hasta el sesenta cumpleaños de la madre. Louisa veía absurdo sobrestimar el matrimonio y no le faltaban cosas que decir sobre su funcionamiento. Pero los cineastas no le dieron voz ni palabra en este asunto.

Jo March y el profesor Bhaer ('Mujercitas', 1994).
Las películas ponen el acento en las aventuras prenupciales de los personajes, con lo que algunos anacronismos se hicieron indispensables desde la primera versión. Por ejemplo, en las tres películas, Jo va a la ópera sola con el profesor Bhaer, mientras que en la novela les acompaña, lógicamente, una carabina. Todas las películas dan al flirteo entre Jo y su futuro marido una tonalidad más erótica que la novela. No hay película sin intento de beso y es en la reticencia al beso donde se halla la referencia a las rígidas costumbres victorianas. En este aspecto, hay una diferencia de grado, que no de naturaleza, entre Armstrong y sus predecesores.

La actual Orchard House se conserva casi idéntica a
como era en la época en que Louisa May Alcott vivió
en ella y donde transcurre su novela 'Mujercitas'. 
Un tercer cambio estándar aportado por el cine a Mujercitas concierne a la cronología del acercamiento entre Jo y el profesor. En el libro, Jo va a Nueva York para evitar la declaración de amor de Laurie. Presintiendo que éste no es el marido que necesita, ella intenta evitar la pena a su amigo. Desde su llegada a la casa de la señora Kirke, Jo se interesa por el intelectual alemán que vive allí. Cuando deja Nueva York para pasar el verano con su familia y Laurie le pide matrimonio, ella lo rechaza con pleno conocimiento de causa pues el encuentro con Bhaer le confirmó las aspiraciones confusas que sentía desde antes.

Jo y Laurie (ilustración de 1868).
En cambio, en las adaptaciones fílmicas Jo parte a Nueva York para consolarse de haber roto el corazón de Laurie. Las otras pruebas sufridas por Jo (la decisión de tía March de llevar a Amy a Europa en su lugar, el declive de la salud de Beth) se asocian así en general a su estancia neoyorquina y provocan una conclusión abrupta. Las películas insisten en la vulnerabilidad de la joven provinciana y concentran en su estancia en Nueva York todo el marasmo que la Jo de la novela vive mucho más prosaica y triste en Concord durante los meses previos y posteriores a la muerte de Beth.


De adaptación en adaptación, el profesor Bhaer se convierte en un hombre cada vez más seductor. Mientras que en la primera versión el actor Paul Lukas componía un profesor enternecedor pero ridículo, en la segunda Rossano Brazzi encarna a un relamido.

Sobre estas líneas, Gabriel Byrne encarna al profesor
Bhaer en 'Mujercitas' en 1994, con Winona Ryder.
Foto superior: el Bhaer de 1949, Rossano Brazzi,
es un verdadero relamido.
Por su parte, el Bhaer de los años 90, interpretado por Gabriel Byrne, es guapo, artístico y viril. ¿Por qué esta evolución? La novela Mujercitas se publicó en dos partes, en años consecutivos. Los lectores de la primera parte querían que Jo se casara con Laurie, y aunque Alcott, que se negaba al principio, acabara casando a su heroína, Bhaer siempre fue un intruso a ojos de los fans del libro. Pero como a Hollywood le gustan las parejas chispeantes, la imagen del profesor mejora en cada película. La tercera versión exagera proponiendo al irresistible Byrne, pero al menos es la primera vez que vemos al personaje como lo ve una Jo que se derrite de amor.
 

Examinar con lupa las adaptaciones de una obra literaria conduce inevitablemente a revelar mil divergencias que al lector le parecen gratuitas o irritantes, rara vez excelentes. En el caso de Mujercitas, que no perderá nunca su engañosa etiqueta de libro para niñas, el mayor peligro de una adaptación es caer en el sentimentalismo y, en cada intento, hay que temer lo peor. Dos de las tres versiones supieron evitarlo y encontraron soluciones inteligentes para explicar en imágenes la saga de las hermanas March. 

sábado, 30 de diciembre de 2017

‘Mujercitas’ en el cine (II)

Firma invitada:
Luis Fermín Moreno

'Mujercitas' en la versión del año 1994,
dirigida por Gilliam Armstrong.
 La tercera versión cinematográfica de Mujercitas fue rodada para Columbia por la directora australiana Gilliam Armstrong en 1994. Aceptó el proyecto impulsada por la misma motivación pedagógica que tuvo Louisa May Alcott (1832-1888) al escribir la novela. Si la autora se dejó convencer por su editor Niles en parte porque remediar la carencia de buenas historias para niñas le parecía una causa honorable, la cineasta pensaba que su película paliaría la escasez de buenos filmes para adolescentes.

Christian Bale encarna a Laurie en 'Mujercitas' (1994).
En esta versión es Winona Ryder quien da vida a Jo March. Como en el caso de Katharine Hepburn, su interpretación debe buena parte de su exuberancia a las afinidades entre Alcott y la actriz. Educada por unos padres bohemios que vivieron un tiempo en una comuna, Ryder podía simpatizar con la Alcott que conoció la experiencia de Fruitlands. Por primera vez, el problema de la pubertad de Amy se resuelve cambiando la actriz: Kirsten Dunst es la Amy de 10 años y Samantha Mathis, quien corteja y se casa con Laurie. 

Orchard House (Concord), hogar de Louisa May Alcott.
Cuando se estrenó la película, la crítica insistió mucho sobre el desfase entre la meticulosa reconstitución histórica del viejo Concord y la franqueza cruda y moderna de Marmee y algunas de sus hijas. Pero igual que en las versiones anteriores se escapaban ocasionalmente registros demasiado modernos por descuido o por demagogia, se aprecia claramente que la modernización de ésta es fruto de una opción ideológica.

Los diálogos beben de diversas fuentes externas a la novela: los diarios de Louisa May, escritos con un tono mucho más libre -a veces feroz o cínico- que sus novelas, y sin duda una selección de varias autoras feministas posteriores. En consecuencia, la madre, Marmee, interpretada por Susan Sarandon, es una mujer lo bastante serena y firme en sus convicciones para expresar abiertamente opiniones políticas perfectamente anodinas hoy. Y, para acentuar el contraste entre pioneras y eternas esclavas, Meg (Trini Alvarado) hace el papel de mirlo blanco junto a su madre.

Cartel de 'Mujercitas' (1994).
Quitar a Jo y a Marmee la mordaza que Alcott se vio obligada a ponerles, e incluso extrapolar un poquitín, puede justificarse. En 1868, fecha de publicación de la novela, la mayoría de padres no estaba dispuesta a poner a la familia Alcott como modelo para sus hijos, y en parte por eso Louisa May hizo deliberadamente de las March una familia más ordinaria que la suya. Adjudicar a Jo la impertinencia de Louisa es un juego al que juegan desde siempre los seguidores de Alcott. En cuanto a los arreglos de los diálogos de Marmee, son en realidad bastante menos anacrónicos de lo que se escribió en su día. Casi todo lo que figura en los pequeños sermones añadidos a su papel se puede encontrar en la tradición feminista de la Nueva Inglaterra del siglo XIX.

Winona Ryder, la Jo March de 1994.
Las libertades de la cineasta que más disgustan a los especialistas en Alcott son de otro orden. Hacia el final de la película, Jo recibe las pruebas de su primer libro y la página de guarda informa al espectador de que Mujercitas ha sido publicada en Nueva York por James T. Fields. Por un lado, el célebre editor casi acaba prematuramente con la carrera de Alcott cuando declaró un día de 1853 que la escritora no tenía futuro literario. Por otro lado, como todos los grandes editores de la época, Fields estaba radicado en Boston y no en Nueva York.

Podemos suponer que el traslado del lugar de publicación pretende señalar la amplitud del triunfo de Jo/Louisa: ser publicado en Nueva York es el equivalente moderno a ser publicado en Boston en 1868. Pero si se trataba simplemente de que el público entendiera esto, lo lógico habría sido adjudicar a Jo un editor prestigioso actual, ya que para el espectador de hoy Fields es tan desconocido como el auténtico editor de Alcott, Roberts Brothers.

(Continuará....)



jueves, 28 de diciembre de 2017

'Mujercitas' en el cine (I)

(Ver también 'Navidad de Mujercitas'

Firma invitada:
Luis Fermín Moreno
@fathermarch


Louisa May Alcott, autora de
la novela 'Mujercitas'.
La BBC ha estrenado esta Navidad la última versión para la pantalla de Mujercitas, una de las grandes novelas de la literatura estadounidense. El cine y la televisión han adaptado en más de una veintena de ocasiones el libro de Louisa May Alcott (1832-1888), desde que Harley Knowles dirigiera la primera película –muda, por supuesto- en 1919. Pero las más conocidas, que aún se siguen emitiendo, son tres: las de George Cukor (1933), Mervyn LeRoy  (1949) y Gilliam Armstrong (1994).

'Mujercitas' (1933), dirigida por George Cukor
y con Katharine Hepburn como Jo March.
 
Primera versión hablada, con Hepburn como Jo March. Fue David O. Selznick quien impulsó la primera producción hablada de Mujercitas en la RKO. Dos guionistas profesionales redujeron el complejo texto a un condensado “filmable”. El primer gran obstáculo era que en 120 minutos no se podía desarrollar más de un papel principal, y en la historia hay cuatro. Así pues, esta película, como las que siguieron, otorga a Jo el papel protagonista y reduce al resto a personajes esquemáticos, de forma que en el cine Mujercitas se convierte en Jo y sus hermanas

Katharine Hepburn, la mejor Jo March.
Selznick tuvo el genio de contratar a George Cukor como director y a Katharine Hepburn como Jo MarchDotada de un carácter difícil y un físico inhabitual, la Hepburn no era todavía una gran estrella, pero fue -y es- la más parecida a la “joven potrilla” que describe Louisa May Alcott. Ambas tenían muchos puntos en común: criadas en Nueva Inglaterra, en entornos feministas, con familias distinguidas y comprometidas. Hepburn era una de las raras actrices capaces, a sus 25 años, de representar convincentemente las distintas etapas de madurez de Jo. Con este director, esta actriz y su piedad sin edulcorar, la película conmocionó a la América de la Gran Depresión.

'Mujercitas (1949), dirigida por LeRoy
con June Allyson como Jo March.
Mervyn LeRoy dirige otra adaptación en 1949. Tras el final de la II Guerra Mundial y la llegada del color al cine, la enternecedora versión de Cukor parecía desfasada. Quince años después de la primera, Selznick se embarca en una nueva película, con June Allyson como Jo. El remake de 1949 fue realizado para Metro Goldwyn Mayer por Mervyn LeRoy, hombre para todo cuyo mayor mérito era haber producido El mago de Oz. Esta versión de Mujercitas resultó mucho más almibarada. Para empezar, la disparidad de edades de las actrices afecta a la credibilidad. Margaret O’Brien (Beth, 13 años en la novela), con 12 años, era la única niña frente a un trío de jóvenes adultas demasiado sexys o camino de la madurez: Elizabeth Taylor con 17 años (Amy, 10 años en la ficción); June Allyson con 32 años (doblaba los 15 de Jo); y Janet Leight, con sus 20 años, interpretaba a una Meg de 16.

June Allyson (Jo) y Peter Lawford (Laurie) en la
almibarada versión de 'Mujercitas' de 1949.
El guión se toma muchas desafortunadas libertades. En la película, Laurie (15 años) se escapa y es herido en la guerra antes de que comience la acción. Como el actor (Peter Lawford, 26 años) no muestra ninguna secuela, la guerra civil parece un divertido pasatiempo para niñatos. Cuando se publicó la novela (1868), apenas tres años después del final de la guerra, aún no se habían cerrado las cicatrices, por lo que Alcott se muestra muy discreta. Se podría disculpar que, como referencia para los espectadores, los cineastas hubieran visto necesario sugerir el contexto de la guerra con detalles distintos de los del libro. De hecho, la crítica Margaret Mackey plantea la hipótesis de que los cineastas necesitan imágenes de la guerra para encuadrar no solo el contexto histórico, sino también la evolución moral que en la novela vehicula El progreso del peregrino, obra del autor del siglo XVII Paul Bunyan. Pero, si tal era el objetivo de la fuga de Laurie, el efecto logrado es diametralmente opuesto.

Por el contrario, en las otras dos películas las imágenes de la guerra tienen la sobriedad requerida. La de Cukor comienza con una escena en la que Marmee –la madre- ayuda a un anciano a llegar al lecho de su hijo. Sin derramar una lágrima, este padre menciona que otros dos hijos han muerto y uno está prisionero. Esta escena muestra así el heroísmo cotidiano como un valor de Nueva Inglaterra.

Cartel de la película ''Mujercitas' (1949).
La película de LeRoy tampoco toma en serio la aspiración de crecimiento ético de los personajes. Amy es el ejemplo más revelador. Cuando las cuatro hermanas ceden su desayuno navideño a sus vecinos alemanes en la miseria, Amy se las arregla para llevar los pastelitos con el fin de morder todo lo que puede durante el camino. Y, ante los niños demasiado débiles y agradecidos para protestar, se inventa un juego que le permite comer una cucharada de cada tres. Alcott hubiera encontrado obsceno tal comportamiento.

Amy es igualmente egoísta cuando vuelve del extranjero. Uno de sus raros comentarios sobre el viaje es que en Europa la suciedad es realmente pintoresca. Y cuando se disculpa con Jo por haberla dejado afrontar sola la muerte de Beth, da la impresión de regocijarse por haber tenido vía libre para atrapar a Laurie.

De hecho, la versión de LeRoy tiende a aligerar las escenas dramáticas o las alterna con interludios cómicos, de forma que la película acaba por parecer mucho más una adaptación de Dickens que la novela de Alcott. Como no hay demasiados personajes bufonescos a mano, LeRoy tira del único que puede estar al límite de la caricatura: la tía March, que aparece desde el principio repartiendo aguinaldos y teniendo un conato de discusión con Jo a propósito del padre.

Amos Bronson Alcott, padre de Louisa May.
En la vida real, la familia Alcott, a causa del angelismo congénito del padre, Amos Bronson Alcott (1799-1888), tuvo que pedir ayuda con frecuencia a parientes adinerados, y los ecos de esa humillación recorren la novela. No obstante, la escena inventada por LeRoy pretende explotar el talento de Lucile Watson, que campa por la pantalla como una Rottenmeyer impecable. 

(Continuará...)

domingo, 17 de diciembre de 2017

Navidad en casa de las Austen

(Historia del árbol de Navidad)

La familia de Jane Austen (1775-1817) celebraba la Navidad sin árbol de Navidad, eso seguro, pues en la época de la escritora no existía en Inglaterra la costumbre de plantar (es un decir) un abeto en medio del salón. Las últimas investigaciones sugieren que fue la reina Caroline (1768-1821), esposa y consorte de Jorge IV, la primera en poner un árbol de Navidad en palacio, en diciembre de 1800. Otras fuentes acreditan al príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria, como el primero en importar de Alemania la costumbre del árbol, en 1840.
Libro de Washington Irving sobre
la Navidad en época georgiana.

Lo que sí se hacía en Nochebuena y Navidad en la época georgiana que le tocó vivir a Jane Austen era recibir en casa amigos y familiares, cantar villancicos y hornear pasteles de carne, según relataba en su libro Christmas at Bracebridge el escritor estadounidense Washington Irving (1783-1859), que es, curiosamente, quien ayudó a mantener vivas las tradiciones inglesas gracias a sus historias. De hecho, muchos elementos de la tradicional Navidad georgiana perviven en las celebraciones inglesas de hoy día.

Las fiestas navideñas en el XVIII duraban hasta 3 semanas.
Jane Austen es la escritora británica epítome de la novela romántica y también la mejor cronista de las costumbres de la nobleza inglesa del XVIII, madre afortunada de Mr. Darcy (el caballero más deseado por las damas y respetado por los señores).

Cucharas plata georgianas (Chawton, casa Jane Austen).
En su novela Persuasión describió cómo era la Navidad "a la antigua usanza" que disfrutaba la familia Musgroves. Aunque Jane solo vivió diecisiete años del siglo XIX, en sus obras refleja cómo la pequeña nobleza de la Inglaterra rural aún celebraba Navidad con varios días de recepciones en las casas donde disponían mesas repletas de comida con toda clase de carnes, aves, pudines, salsas, dulces, panes… Ese derroche de hospitalidad era norma en el countryside, y así lo constató el escritor estadounidense Washington Irving, autor entre otros de La leyenda de Sleepy Hollow o Cuentos de la Alhambra. Irving dejó por escrito los hábitos de la Navidad inglesa, una época donde las casas se decoraban con ramas de árboles de hoja perenne y muérdago, el fuego crepitaba en las chimeneas, había baile y risas.

Cocina de la casa-museo de Jane Austen en Chawton.
En Chawton, hoy convertida en la casa-museo de Jane Asten, vivió la autora durante ocho años junto a su madre, su hermana Cassandra y su amiga Marta Lloyd, quien ha pasado a la historia por recopilar las recetas de cocina que se preparaban en la casa de las Austen. Estas recetas fueron  publicadas en 1977 en el libro A Jane Austen Household Book y en 1995 en otro libro titulado The Jane Austen Cookbook.

Libro de recetas de Marta Lloyd.
Gracias a las recetas de Marta sabemos que los pudines eran platos muy socorridos pues permitían alimentar con el menor gasto a los numerosos y constantes visitantes durante las fiestas navideñas georgianas, que podían durar desde principios de diciembre hasta después de Reyes. Se conserva una receta de pudin bastante divertida que escribió en verso la madre de Jane, y también la forma de preparar el festivo arroz con leche. Es lógico pensar que las Austen asistieron a fiestas elaboradas y bailes de disfraces, además de degustar el pudin de Navidad aunque por entonces era aún un plato bastante nuevo (lo puso de moda la monarquía georgiana).

Horno de la casa-museo de Jane Austen en Chawton. 
En esos encuentros navideños era habitual realizar juegos y charadas, según testimonios de varios contemporáneos de Jane Austen, incluidos Robert Southey, John Clare o Sir Walter Scott. Eran ocasiones en las que se leían poemas, se cantaban canciones y se representaban piezas teatrales.

Muy distinta era la Navidad a mediados del XIX en las ciudades industriales, según relataba Charles Dickens(1812-1870). La presión de la vida comercial e industrial hizo que en los barrios obreros de las ciudades, a mitad del siglo XIX ya nadie pudiera celebrar la Navidad durante doce días. En los pueblos y ciudades del incipiente cinturón industrial los alimentos festivos como las aves de corral eran escasos y caros. Como constató Dickens, Inglaterra estaba en peligro  de perder de vista sus costumbres navideñas, que  solo seguían celebrándose con cierta fuerza en el campo.
De hecho, el entusiasmo con el que hoy en día celebran la Navidad en los países anglosajones se debe en parte a los escritores como Dickens, que recuperaron y reinventaron el espíritu navideño. La publicación de su Cuento de Navidad, a mediados del siglo XIX, tuvo muchísimo éxito y dio un enorme espaldarazo al boom navideño.

sábado, 9 de diciembre de 2017

CIELO ESPEJO DEL AGUA



Cielo espejo del agua

El frío se cuela por los intersticios del habla
mientras una cadena de reproches
desenvaina la espada
Nada en el horizonte deslenguado presagiaba
la furia helada
de nuestro diálogo de estatuas

Pediste paz
Ofrecí contienda
Dijiste olvido
Contesté demencia

Y alquilé este trozo de cielo blanco
espejo del agua
donde pastan mis líquidas realidades
Se han mudado conmigo cinco nubes casquivanas
que los días pares se escapan livianas
y los impares se enroscan en mis faldas

En este cielo
espejo del agua
con la garganta encinta de palabras
te espero



jueves, 30 de noviembre de 2017

Cuatro librerías de película

Hay librerías que tienen un papel relevante en el cine y acaban convirtiéndose en sitios de culto y de peregrinación. Otras veces son las librerías reales las que inspiran historias, construyen personajes y abren la caja mágica de la ficción.


Librería Shakespeare and Company, punto de partida
de la película 'Antes del atardecer'.
Shakespeare and Company, polvorienta y desastrada librería parisina. En el guión de la película, Jesse y Celine, americano él y francesa ella, se conocieron diez años atrás en un tren, compartieron una noche inolvidable paseando por Viena, se separaron al amanecer y juraron volver a verse al año siguiente. No lo hicieron. Nueve años más tarde, estos amantes fugaces se reencuentran en Shakespeare and Company de París, donde él está de gira promocionando su novela. El flechazo es tan fuerte como diez años atrás, las ganas de hablar tan incontenibles como entonces, y de nuevo Jesse y Celine salen a pasear por calles y parques, montan en barco por el Sena y toman café. Así arranca Antes del atardecer (2004), la segunda parte de la trilogía Antes del…, dirigida por Richard Linklater y protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy.


Marks & Co., verdadero nombre de la librería
londinense donde se desarrollan la novela
 y la película '84, Charing Cross Road'.
84, Charing Cross Road o Marks & Co., desaparecida como el Londres de posguerra. La emotiva novela de Helene Hanff (1918-1997) titulada 84, Charing Cross Road fue llevada al cine en 1987 por David Hugh Jones en un filme sobrio con factura British donde brilla Anthony Hopkins. La protagonista es la propia escritora americana, que viviendo en Nueva York se pone en contacto con la librería londinense Marks & Co, situada en 84, Charing Cross, para que le envíen unos libros. Se inicia así un intercambio de cartas entre librero y escritora que durará veinte años. Aunque jamás se vieron en persona, terminaron siendo amigos gracias a su mutuo amor por la literatura. La librería de segunda mano desapareció hace años del número 84 de Charing Cross, pero quienes amamos la novela aún sonreímos al pasar por la puerta.


Interior de la original librería The Travel
Bookshop (desaparecida) que fue
escenario de la película 'Notting Hill'
.
The Travel Bookshop sigue abierta en Notting Hill pero no es la original. The Travel Bookshop, la librería de viajes que sirvió de escenario a la romántica película Notting Hill, a dos pasos de Portobello Road en Londres, cerró sus puertas en el verano del año 2011.

Su dueño vendió el negocio ahogado por los problemas económicos y dividió el local en dos, con lo cual desapareció el sitio original donde se conocieron los personajes interpretados por Julia Roberts y Hugh Grant.

Placa explicativa de la original librería de Notting Hill
que cuelga en la fachada de la nueva librería.
Aunque los actores no filmaron en su interior ni una escena, el decorado real fue reproducido en otro escenario del mismo barrio. El éxito de la película hizo que miles de turistas acudieran cada año a la librería a fotografiarse, y aún lo hacen hoy día. Una placa en la fachada explica que la actual librería no es la original aunque ocupe una parte de la que sale en la película Notting Hill.

Lello e Irmao, librería de Oporto,
inspiración de la saga de Harry Potter.
Lello e Irmao, inspiración de Harry Potter en Oporto. En esta preciosa librería de Oporto se inspiró la escritora escocesa J. K. Rowling para escribir su serie de novelas sobre el mago Harry Potter. En efecto, la ficticia biblioteca de la academia Hogwart que vemos en las películas es un calco de la real librería Lello e Irmao de Oporto. Sucede que antes de escribir su famosa serie de novelas, Rowling estuvo un tiempo trabajando en Oporto como profesora de inglés, y esta librería le sirvió de inspiración para crear algunos de los pasajes de su saga potteriana.  Ficción y realidad, una vez más, se dan la mano.

sábado, 25 de noviembre de 2017

'Discípulas de Gea', libro contra la explotación de la mujer

(Más sobre Maite Cabrerizo y otras obras de mujeres)

El próximo viernes, 1 de diciembre, se presenta al público en Madrid el libro colectivo Discípulas de Gea, publicado por Inventa Editores y cuyas autoras son treinta y seis mujeres que aportan sus mágicas palabras blancas contra la negra brujería de la explotación sexual y la violencia contra la mujer.

Maite Cabrerizo, periodista y escritora.
Mi amiga (¡qué bien sienta decir la palabra amig@!) Maite Cabrerizo es una las casi cuarenta autoras que colaboran de modo desinteresado en esta obra coral. Todas se han atrevido a horadar con su pluma en un tema que repele y espanta. Todas han surcado con su prosa o su poesía el desierto arenoso de la fuerza bruta, las relaciones fallidas, el silencio cómplice, la injusticia y el desgarro. Hay también autoras que participan con fotos, collages e ilustraciones pues el arte escapa de las etiquetas, más aún cuando lucha por un mundo igualitario.

Libro solidario 'Discípulas de Gea'. 
Discípulas de Gea es más que un libro; es un proyecto financiado por crowfunding porque únicamente con la ilusión no se paga la imprenta ni se compra papel ni se llevan los ejemplares a las librerías. Es asimismo un proyecto solidario y los beneficios de la venta de ejemplares se destinarán a la ONG Acoge Guada. Como apoyo al lanzamiento del libro existe además un emotivo vídeo con una canción de cuyo estribillo me quedo con esta frase: “La mujer abre, la mujer cierra, la mujer tierra”. Sobran las palabras.

Me perdí el primer acto de presentación del libro en Guadalajara, pero el próximo día 1 de diciembre estaré con sus autoras apoyando la causa. ¡¡¡Os invito a asistir!!! 

Presentación del libro Discípulas de Gea 
Viernes, 1 de diciembre, 20:30 horas
Escuela de actores Raquel Pérez
Calle Arganzuela, 6 (Metro La Latina / Puerta de Toledo)
  

domingo, 12 de noviembre de 2017

Pintoras surrealistas, enigmáticas y subversivas

(Otros artículos sobre mujeres pintoras)   

El Museo Picasso Málaga celebra hasta el 28 de enero una interesante exposición que tiene mucho de descubrimiento y emoción pues homenajea a dieciocho artistas surrealistas entre las cuales hay algunas muy reconocidas, pero también muchas injustamente valoradas y algunas hasta olvidadas. 

'Y entonces vimos a la hija del Minotauro'
(Leonora Carrington).
Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo es el título de la muestra malagueña donde están presentes las famosas Maruja Mallo, Remedios Varo o Leonora Carrington, pero también las mucho más desconocidas Leonor Fini (1908-1996), Dorothea Tanning (1910-2012) o Kay Sage (1898-1963), cuyas obras, llenas de tintes poéticos y enigmáticos, deslumbran y nos hacen reflexionar.

Las dieciocho creadoras comparten rasgos comunes de rebeldía, lucha y genialidad. Algunas comparten también el agrio destino de haber sido eclipsadas por sus parejas; de ahí que la exposición cumpla el doble objetivo de reivindicarlas como artistas y revalorizar las obras de Eileen Agar, Claude Cahun, Leonora Carrington, Germaine Dulac, Leonor Fini, Valentine Hugo, Frida Kahlo, Dora Maar, Maruja Mallo, Lee Miller, Nadja, Meret Oppenheim, Kay Sage, Ángeles Santos, Dorothea Tanning, Toyen, Remedios Varo Unica Zürn. 


Kay Sage (1898-1963), pintora
surrealista estadounidense.
Gracias a esta exposición he conocido a la estadounidense Kay Sage y sus paisajes austeros e imaginativos. Nacida en Connecticut, estudió pintura en Roma, se vinculó con los surrealistas, se casó con Ives Tanguy y volvió a su país donde trabajaron juntos. Sage participó en las exposiciones surrealistas de 1942 en Nueva York y de 1947 en la Galerie Maeght. Pero la muerte de su esposo en 1955 la sumió en una agonía inconsolable. Hasta 1963 escribió su autobiografía y un catálogo razonado de Tanguy. Hecho esto, se suicidó. 

'Peligro, zona en construcción' (Kay Sage).
Para estas creadoras surrealistas el inconsciente fue una herramienta para explorar su posición en el mundo y exorcizar demonios. Varias de ellas acarreaban enfermedades, tragedias y abusos, y a través del arte pudieron alzar la voz y trataron de rebelarse.

'Pequeña serenata nocturna' (Dorothea Tanning).
También para Dorothea Tanning fue decisiva su relación con Max Ernst con quien se casó en 1946. Si los primeros cuadros de Tanning eran figurativos y minuciosos, bajo la influencia de su esposo su pintura se volvió nebulosa y cercana al misterio, la poesía y el cuento. Tras el fallecimiento de su marido, Dorothea siguió pintando y escribiendo hasta su muerte en Nueva York con casi 102 años.

'La alcoba' (Leonor Fini).
Las obras surrealistas que ahora se exponen en el Museo Picasso Málaga desvelan represiones sexuales, morales y sociales al tiempo que derrochan imaginación, espíritu transgresor y ansia revolucionaria. Ejemplo de todo ello es Leonor Fini, abanderada de la mujer soberana de sí misma tanto en su vida como en su obra.