domingo, 12 de noviembre de 2017

Pintoras surrealistas, enigmáticas y subversivas

(Otros artículos sobre mujeres pintoras)   

El Museo Picasso Málaga celebra hasta el 28 de enero una interesante exposición que tiene mucho de descubrimiento y emoción pues homenajea a dieciocho artistas surrealistas entre las cuales hay algunas muy reconocidas, pero también muchas injustamente valoradas y algunas hasta olvidadas. 

'Y entonces vimos a la hija del Minotauro'
(Leonora Carrington).
Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo es el título de la muestra malagueña donde están presentes las famosas Maruja Mallo, Remedios Varo o Leonora Carrington, pero también las mucho más desconocidas Leonor Fini (1908-1996), Dorothea Tanning (1910-2012) o Kay Sage (1898-1963), cuyas obras, llenas de tintes poéticos y enigmáticos, deslumbran y nos hacen reflexionar.

Las dieciocho creadoras comparten rasgos comunes de rebeldía, lucha y genialidad. Algunas comparten también el agrio destino de haber sido eclipsadas por sus parejas; de ahí que la exposición cumpla el doble objetivo de reivindicarlas como artistas y revalorizar las obras de Eileen Agar, Claude Cahun, Leonora Carrington, Germaine Dulac, Leonor Fini, Valentine Hugo, Frida Kahlo, Dora Maar, Maruja Mallo, Lee Miller, Nadja, Meret Oppenheim, Kay Sage, Ángeles Santos, Dorothea Tanning, Toyen, Remedios Varo Unica Zürn. 


Kay Sage (1898-1963), pintora
surrealista estadounidense.
Gracias a esta exposición he conocido a la estadounidense Kay Sage y sus paisajes austeros e imaginativos. Nacida en Connecticut, estudió pintura en Roma, se vinculó con los surrealistas, se casó con Ives Tanguy y volvió a su país donde trabajaron juntos. Sage participó en las exposiciones surrealistas de 1942 en Nueva York y de 1947 en la Galerie Maeght. Pero la muerte de su esposo en 1955 la sumió en una agonía inconsolable. Hasta 1963 escribió su autobiografía y un catálogo razonado de Tanguy. Hecho esto, se suicidó. 

'Peligro, zona en construcción' (Kay Sage).
Para estas creadoras surrealistas el inconsciente fue una herramienta para explorar su posición en el mundo y exorcizar demonios. Varias de ellas acarreaban enfermedades, tragedias y abusos, y a través del arte pudieron alzar la voz y trataron de rebelarse.

'Pequeña serenata nocturna' (Dorothea Tanning).
También para Dorothea Tanning fue decisiva su relación con Max Ernst con quien se casó en 1946. Si los primeros cuadros de Tanning eran figurativos y minuciosos, bajo la influencia de su esposo su pintura se volvió nebulosa y cercana al misterio, la poesía y el cuento. Tras el fallecimiento de su marido, Dorothea siguió pintando y escribiendo hasta su muerte en Nueva York con casi 102 años.

'La alcoba' (Leonor Fini).
Las obras surrealistas que ahora se exponen en el Museo Picasso Málaga desvelan represiones sexuales, morales y sociales al tiempo que derrochan imaginación, espíritu transgresor y ansia revolucionaria. Ejemplo de todo ello es Leonor Fini, abanderada de la mujer soberana de sí misma tanto en su vida como en su obra.

lunes, 30 de octubre de 2017

Segundo viaje a Japón(II):Kioto, Nara, Senda de Filósofos


Vistas desde Starbuckks Karasuma Sanjo.
El día 16 de agosto salimos de Koyasan nada más desayunar rumbo a Kioto, adonde llegamos al filo de las dos de la tarde y ya nos esperaban nuestras maletas cómodamente instaladas en la habitación del hotel Mitsui Garden Kyoto Shijo. ¡Todo un descubrimiento el servicio de envío de equipaje entre ciudades dentro de Japón! Como esta era nuestra segunda visita a Kioto y nos sentíamos menos turistas y más paseantes, nos lo tomamos con tranquilidad. Nuestra primera parada fue el Starbucks de Karasuma Sanjo, donde el café y el wifi gratuito son el segundo y tercer mayor atractivo.

Geishas en el barrio de Gion (Kioto).
Sin duda, el mejor reclamo del lugar es la experiencia que brinda de tomar una bebida caliente o fría sentados frente a la pared acristalada que da al templo contiguo. Más tarde, esa noche el paseo nos llevó además por los puestos del mercado Nishiki (tan abarrotado como siempre) hasta el barrio de Gion (esta vez sí vimos claramente a varias geishas primorosamante acicaladas bajarse de dos taxis) y Pontocho, en un recorrido más sentimental que explorador.

Ciervos en libertad vigilada en Nara (Japón).
El día siguiente cogimos el tren para ir a Nara, antigua capital del Japón medieval donde los antaño ciervos sagrados siguen viviendo en libertad (vigilada, eso sí). Una visita en toda regla a Nara ocupa todo el día pues la ciudad tiene varios templos, ruinas y pagodas que son Patrimonio de la Humanidad. Ese día hacía mucho calor y decidimos acortar la visita yendo casi directos al templo budista Todaji-ji, el más espectacular por su estatua gigante de Buda.

Pasar a través de la columna (Nara, Japón).
Nos sorprendió un pasatiempo-ritual para niños consistente en atravesar una columna de madera roja por una hendidura abierta en su base. Los orgullosos padres tomaban selfies de los retoños, felices de posar con la cabeza en un extremo de la columna y los pies en el otro. Dejamos Nara después de un breve recorrido por su Museo Nacional, donde se exhiben Budas de todos los tamaños y colores y que se visitan con la misma entrada del templo. 

Fauna y flora en Bosque de Bambú (Kioto, Japón).
Era ya la hora de comer pero preferimos coger un taxi hasta la estación de tren y comprar allí unos bento para degustar en el tren y así poder regresar antes a Kioto. Así lo hicimos y, sin pasar por el hotel, fuimos directos de excursión al Bosque de Bambú.


Paseantes por el Bosque de Bambú (Kioto, Japón).
Un lugar muy concurrido donde se entrecruzan grupos de chicas en kimono en busca de selfies; parejas que ruedan en rikshow gracias al empuje de jóvenes de vigorosas piernas; recién casados fotografiándose para el book nupcial; turistas curiosos; runners; y en fin, vecinos que pasean al perro. Un lugar que embruja pese a tanta algarabía. 

Anguila y makis en taberna típica de Kioto.
Esa noche salimos en busca de una taberna típica en los alrededores de Pontocho donde habíamos cenado hacía cuatro años. Dimos algo de vuelta pero la encontramos: estaba igual y servían la misma exquisita anguila y el mismo tako que recordábamos. Ni que decir tiene que nos encantó volver a este lugar. 

La tercera y última mañana en Kioto, el 18 de agosto, la dedicamos a visitar el mercado Nishiki en busca de regalos, sin nada especial que hacer salvo vagar por las calles cercanas. Tomamos una Ginness en el famoso café Independants, abierto en 1998 en un edificio casi centenario y que gracias a una buena restauración conserva las pinturas murales originales y los mosaicos en el suelo. Mucha clientela joven japonesa y algunos turistas como nosotros.

Senda de los Filósofos (Kioto, Japón).
La Senda de los Filósofos fue nuestro siguiente destino. Al contrario que hace cuatro años, esta vez no entramos a ningún templo, nos limitamos a recorrer con gozosa pereza esta preciosa ruta de dos kilómetros de largo paralela al canal Shishigatani. Caminamos despacio bajo los árboles y tratamos de imaginar cómo debió sentirse el filósofo Nishida Kitaro (1870-1945), quien solía meditar en esta zona de camino a la Universidad de Kioto. En su honor el lugar se llama Senda de los Filósofos o también Paseo de la Filosofía.

(Próxima parada: Gero y el monte Fuji)

miércoles, 25 de octubre de 2017

400 post y 7 años de vuelo sin motor a ras de nube


400 entradas publicadas en este blog en algo más de siete años lo significan todo y a la vez quieren decir nada. La relatividad juega con las plumas del tiempo y alborota nuestra percepción de la realidad, de lo sensato, de lo comedido, de lo desmesurado. Y la prueba es que hoy estas 400 entradas me parecen pocas, pero en junio de 2010 se me antojaban impensables. En este post número 400 no resisto la tentación de hacer un compendio con la intención no de parar sino de continuar durante muchos años anotando, ¡quién sabe si hasta cantar línea... o incluso bingo!

Susan Sarandon: entrada más leída del
 blog y palabra clave más buscada. 
Este blog es anónimo, pequeño, más rendija que ventana, y sin embargo me siento orgullosa de que los lectores que atracan en mi muelle cada vez lo hacen más porque me buscan a mí. Es cierto que la gran mayoría llega porque ha tecleado la palabra clave "Susan Sarandon", pero la segunda palabra que ponen en su buscador es "cumulos y limbos" y la tercera, "cumulosylimbos.blogspot.com"

De estas 400 entradas, la etiqueta más nutrida es la de Mujeres, una temática que he abordado en 126 post; le sigue Escritoras (99 textos), Viajes (94 artículos) y Libros (92 post). Ni el orden de aparición ni el número de entradas han sido programados pero reflejan casi exactamente lo que me propuse allá por el verano de 2010: hablar sobre todo de libros, de mujeres, de viajes, de arte.

Primer post y declaración de intenciones.
Inauguré este blog con el post titulado Nubosidad variable, que era y todavía es mi declaración de intenciones. Durante estos años de vuelo sin motor a ras de nube me han acompañado sobre todo lectores que se conectan desde España (99.390 páginas vistas), desde Estados Unidos (36.456 vistas) y desde ... ¡Rusia! (17.638). Sí, por exótico que parezca, los rusos son los terceros visitantes en volumen de mi blog, seguidos muy de cerca por lectores de México.

A mis 24 fieles suscriptores, gracias por acompañarme en este viaje. ¡Ojalá sigamos juntos muchos años vagando por los terrenos algodonosos del saber y del alma!

viernes, 20 de octubre de 2017

Hilma af Klint, la pintora sueca mística ocultista

(Otra artista singular: Seraphine Louis)

¿Qué lleva a una joven pintora sueca a caballo entre los siglos XIX y XX, aficionada a las matemáticas y a la botánica, a abandonar el estilo figurativo académico para llenar sus lienzos de triángulos, círculos, ondas electromagnéticas y espirales inestables que parecen bailar al son de una música que solo ella escucha? La propia artista no lo sabía, y el mundo del arte todavía no se lo reconoce, pero Hilma af Klint (1862-1944) es la inventora del arte abstracto y con ello se adelantó a Kandinsky, Mondrian y Malevitch, que sin embargo siguen siendo quienes aparecen en las enciclopedias como los máximos exponentes de la abstracción.

Hilma af Klint, pintora mística y
ocultista sueca (1862-1944).
Hilma fue una ocultista y una mística, una artista con dos caras: mientras su rostro público la presentaba como una modesta pintora de anodinos paisajes, bouquets florales y retratos de mascotas, su rostro privado, su auténtico yo, solo se desvelaba en la soledad de su estudio de pintura, donde experimentaba con las formas y los colores en combinaciones muy audaces. Sin duda, una mujer singular cuyas imágenes visionarias entroncan con las de otra pintora mal valorada: la naif francesa Seraphine Louis (1864-1934). La reclusión voluntaria, la creación en soledad, la incomprensión y una cierta inestabilidad psicológico-afectiva caracterizan a las dos artistas; ambas fueron tachadas de estrambóticas por sus contemporáneos, cuando no simplemente consideradas locas.

Hilma af Klint, pionera en arte abstracto.
Hilma af Klint produjo lo mejor de su arte en la isla de Adelso, cerca de Estocolmo, y apenas mostró sus cuadros vanguardistas a nadie. Su afán de ocultarlos la llevó a estipular en su testamento que no se revelaran al público hasta veinte años después de su muerte. Estaba convencida de que el significado de sus pinturas no podría ser comprendido a la perfección hasta entonces. Su sobrino Erik, que en 1944 se convirtió en responsable del legado de más de mil obras y cien cuadernos, respetó el deseo de su tía, así que hasta 1986 no se descubrió que fue ella, Hilma af Klint, quien inventó la abstracción. 

Colores brillantes y espirales.
¿Por qué tanto secretismo? Hilma creía que había una dimensión espiritual de la vida y que cuando pintaba podía entrar en contacto con una conciencia superior que transmitía mensajes a través de ella. Al igual que muchos de sus contemporáneos, la artista estaba influenciada por movimientos espirituales, especialmente espiritismo y teosofía. De hecho, a finales de la década de 1870 Hilma ya había asistido a sesiones de espiritismo con un médium, una práctica popular en aquellos años debido en parte a descubrimientos científicos como los rayos X -que revelaron los órganos internos humanos- o las ondas electromagnéticas.

Caos primordial (Hilma af Klint).
En 1896 Hilma y otras cuatro mujeres formaron el grupo De Fem (las Cinco), entraron en contacto con "líderes superiores" de otra dimensión y documentaron sus sesiones de forma meticulosa. Estos contactos con el mundo invisible cambiaron radicalmente el arte de Hilma, quien comenzó a practicar la escritura automática y desarrolló una forma de dibujo automático con lo cual también fue pionera del surrealismo. Poco a poco, la artista se embarcó en un viaje hacia adentro, hacia un mundo oculto.

Complejos símbolos en la obra de
 la pintora sueca Hilma af Klint.
Los cuadros de Hilma af Klint están llenos de símbolos, letras y palabras que la artista veía como puertas a otra dimensión. No olvidemos que con su pintura quería transmitir los mensajes que recibía de los espíritus superiores y así arrojar luz sobre los grandes problemas existenciales. Para ella, el caracol y la espiral representaban la evolución; el ojo y el gancho, azul y amarillo, y el lirio y la rosa significaban feminidad y masculinidad, respectivamente; la letra U sería el espíritu; el cisne, lo etéreo, y la paloma, el amor.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Imantados por el color en un museo de Tokio

(Más sobre Japón aquí y un poco más aquí)

Me gusta contemplar las cosas que me gustan. Podría encontrar una forma alambicada de expresarlo pero la realidad sería la misma: me gusta observar lo que me interesa o capta mi atención, sobre todo cuando puedo hacerlo con serenidad. Dejar que la vista vague a sus anchas, que los ojos patinen sobre la superficie escurridiza de un objeto bello, curiosear, en fin, mientras cavilo sobre la nada... y el todo.


Mujer de negro y rojo en el Museo
de Arte Occidental de Tokio (Japón).
Me gusta observar al que observa, en especial en museos o en paisajes urbanos singulares. Secretamente puede que confíe en que la visión de otros humanos cuando contemplan creaciones humanas me descubra algún pasaje secreto o una rendija por la que conseguir deslizarme, también yo, por el tobogán secreto del misterio existencial. Algo parecido a la reacción que se produce en nosotros cuando descubrimos a alguien leyendo un libro que nos apasiona y sentimos que ese libro nos está recomendando a esa persona.

Mujer de rojo y negro frente a un Miró en el
Museo de Arte Occidental de Tokio.
En el Museo de Arte Occidental de Tokio he forjado este verano una alocada teoría que iré probando en futuras contemplaciones: el color influye no solo en el modo en que nos relacionamos con un cuadro, sino que actúa como cordel que nos ata a las obras de arte. No creo casual que las personas que más tiempo y con mayor fruición examinaban ciertos cuadros portaran ellas mismas ropa del color predominante en los óleos que estaban mirando.

Una pareja contempla un lienzo en el Museo
de Arte Occidental de Tokio (Japón).
Parece lógico aventurar que si nos vestimos con una paleta de colores determinada es porque nos gusta y así nos sentimos más representados. Según este razonamiento, no tendría nada de extraño que nuestro cuerpo basculara, por sí mismo sin pedirle parecer a nuestro cerebro, y nos condujera en modo semi sonámbulo hacia aquellos objetos que porten nuestros colores predilectos, dirigiéndonos imantados hacia el color igual que los insectos vuelan al encuentro de la luz.

Pero no solo es el color, hay algo especial incluso en la postura del que contempla, una manera peculiar de pararse frente a la obra de arte que denota el grado de conexión con el cuadro, la comprensión o la extrañeza, el arrobo o la sorpresa.
En el Museo de Arte Occidental de Tokio.

En algunas de las fotografías que ilustran estas líneas se puede comprobar cómo hasta la postura de los pies y piernas de las personas, incluso la forma de colgarse el bolso o el modo de inclinar la cabeza, parecen encontrarse en sintonía con el objeto que ha capturado su atención.

El color marca nuestra percepción de la realidad, como saben bien los diseñadores, modistas, arquitectos o publicitarios. Transmiten ideas y sentimientos, nos inducen frío o calor, incluso comunican dolor, y está demostrado que todos percibimos los colores en clave cultural.

Mujer de negro y beige en el Museo
de Arte Occidental de Tokio (Japón).
No combinamos los colores de manera accidental cuando vestimos ni tampoco los escogemos aleatoriamente si tenemos planeado desvestirnos. Según una nueva rama de la ciencia llamada psicología del color, el rojo puede tener efectos intensos sobre el estado de ánimo, las percepciones y las emociones; hay quien sostiene que vestir de rojo influye hasta en el equilibrio de las hormonas. Sin llegar a tanto, lo cierto es que mi contemplación de los visitantes del Museo de Arte Occidental de Tokio frente a las pinturas me inculcó la idea de que nos sentimos atraídos hacia aquello que contiene lo que somos. Puede que cada uno seamos de un color y el misterio consista en averiguar de qué color somos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Feminidad, ardor y dolor en 'Cuerpo Adentro', de Ana Silva

(Más amigos poetas: Maite Cabrerizo y José M. Triper)

Tengo en mis manos un libro de poemas en edición bilingüe español-árabe editado con primor por Ediciones del Genal.

Un libro ilustrado con talento e imaginación por Firdaous Barkallil.

'Cuerpo adentro', primer libro
de poemas de Ana Silva Cuesta.
Un libro prologado con amor por la poeta y escritora marroquí Rachida Madani y traducido con pasión por la también poeta y traductora iraquí Bahira Abdulatif Yasin. Ambas son divulgadoras de la cultura árabe e islámica muy comprometidas con la defensa de los derechos de la mujer en los países musulmanes.

El libro se titula Cuerpo Adentro  y ha sido escrito con primor, amor, pasión, talento e imaginación por la malagueña Ana Silva Cuesta, Doctora en Derecho por la Universidad de Granada, mujer inquieta y versátil, experta en migraciones y género, activista de los derechos de la mujer árabe e islámica.


Ana Silva presenta su
 libro 'Cuerpo adentro'
Cuerpo Adentro es el primer poemario de Ana Silva pero no será el último. Demasiados ardores, rosas con y sin espinas, azoteas alicatadas de deseos, fuentes rebosantes de ansias voraces y preguntas sin respuesta guarda dentro de sí Ana como para que quepan en un solo libro.

Ana Silva nos invita a acompañarla en un itinerario poético clarividente y femenino donde lo real y lo imaginario, la inquietud y la lucidez van de la mano. Cuando aceptamos esa invitación podemos ver algunas de las simas interiores donde ella se ha asomado, vislumbramos el tizón que arde en su interior, el hambre, el fuego, la sed.

 El corazón por dentro
El amor, como una fiera, duerme la siesta. Arriba, en la azotea, el olor a jazmín despierta el ansia de amar (…) Ahora me he preñado de mí: en el vientre se alza una jaima añil (…)


'Estambul adentro', ilustrado por Firdaous Barkallil.
Málaga, Granada, Estambul, Tánger, el mundo árabe, la infancia, la memoria, el cuerpo, el lenguaje, la búsqueda de sí misma excavando cuerpo adentro, ladrando hacia afuera y mirándose en el anverso y en el reverso del otro. Estas son algunas de las estaciones por las que el lector atraviesa, las más de las veces con el corazón en vilo y la garganta llena de voces, mientras pasea, se demora o se apresura a través del cambiante laberinto en el que sin querer-queriendo nos sumerge la poesía de Ana Silva.

Conquisto infinitos
a las cinco de la tarde.
No me lo anunciaste Federico,
nunca me dijiste que el caballito de agua
se elevaría en mi ombligo (…)

Los poemas de mi paisana Ana Silva (crecimos en el mismo pueblo blanco, Villanueva de la Concepción) rehuyen la pomposidad para abrazar una aparente sencillez formal que no obstante está cuajada de imágenes poderosas.

Mujer para la tierra
soy.
En cada menstruación
el beso de la vida
penetra útero adentro
abatiendo
todo desierto.

Para mí los versos de Ana Silva Cuesta tienen mucho de oración interior, de muda conversación con los dioses y los demonios que nos habitan, y también de confesión, ¡quién sabe si en busca de absolución!

Tengo que decirlo sin hablar:
me amo para no caer en mí.
Yo, la invisible,
masco los últimos dátiles de julio,
llorando con la luz,
subo la persiana
y le rezo a mi abuela.

¡Enhorabuena, Ana, por conseguir publicar un libro tan bello por fuera y por dentro, un libro entre cuyas páginas se filtra tu luz y tu talento!

(Dos vídeos de la presentación del libro en Casa Árabe de Madrid) 






miércoles, 13 de septiembre de 2017

Segundo viaje a Japón (I): Osaka y Koyasan

(Mi primer viaje a Japón y la primera vez en Osaka)   

Barrio de Dotonbori (Osaka, Japón).
El 12 de agosto de 2017 a las 16:26 hora española terminaba de cenar a bordo del avión de Air France que me transportaba hacia Japón. Nada más retirar las bandejas, los asistentes de cabina procedieron a cerrar las ventanillas del aparato para inducirnos al habitual duermevela de los vuelos transcontinentales. A las 3:23 de la madrugada española, esto es, las 8:23 de la mañana del día 13 de agosto hora japonesa, mi compañero y yo emergíamos a la superficie en la estación de tren JR Namba en Osaka para coger un taxi rumbo al hotel Mystays Shinsaibashi EastSin dormir y casi veinte horas después de salir de Madrid.

Una pareja se hace una selfie imitando
un típico anuncio en Dotonbori (Osaka).
Como en nuestra anterior visita a Japón (en el año 2013), nos fascinó el barrio de Dotonbori, sus abarrotadas calles comerciales, sus restaurantes, sus locales de ocio, su publicidad de neón, sus edificios tapizados con letreros, su estridente megafonía, el ir y venir de los barcos turísticos por el canal, las linternas de papel gigantes... Nos encantó incluso la riada humana que trasiega Dotonbori dándole una estética y atmósfera únicas, las más parecidas todavía hoy a la ambientación de Blade Runner.

Fujiyama Suke, típica taberna de tempura (Osaka).
De Osaka no me gustó el calor bochornoso y me sorprendió que los taxistas no supieran casi nada de inglés y tardaran lo suyo en encontrar la dirección. En cambio, me agradó volver a subir al mirador del Umeda Sky Building y pasé muy buenos ratos observando a las parejas y grupos de amigos hacerse selfies por todos los rincones de la ciudad. Encontré un par de tabernas estupendas donde comimos sushi y tempura (Fujiyama Tempura Suke) en Dotonbori, y una terraza muy agradable donde cenamos frente a la estación de Umeda.

Cápsula del tiempo (Osaka), se abrirá el año 6970.

Este año sí visitamos el castillo de Osaka (veinte minutos de espera bajo el sol incluida), interesante si se dispone de tiempo pero prescindible. Me intrigó la cápsula ovalada de color estaño que hay antes de entrar al recinto: se trata de una cápsula del tiempo, construida en el año 1970 con motivo de la Exposición Universal y cuya apertura está fijada para el año 6970. ¡Ahí es nada! 

Castillo de Osaka.

Monjes del recinto monástico Danjo Garan (Koyasan).
Después de pasar dos noches en Osaka viajamos al pueblo de Koyasan, un famoso centro de monasterios budistas con un romántico cementerio que es visita obligada al atardecer. Desde Osaka se llega primero en tren, luego en funicular y por último en autobús (el tráfico privado está prohibido a partir de un punto), y el billete conjunto para 2-3 días es barato y se compra en Turismo en las estaciones de tren, en el aeropuerto, etc.

El color rojo y el dorado predominan
en el interior del templo budista.
Koyasan se esconde en el monte Koya entre una exuberante vegetación así que el viaje en tren es bonito paisajísticamente hablando, y el corto trayecto en funicular (diez minutos) lo sería aún más si no estuviera abarrotado de turistas y maletas. Nosotros habíamos contratado en el hotel de Osaka el servicio intercity de envío de equipaje (unos 24 euros por dos piezas), así que nuestras maletas viajaron al siguiente hotel, en Kioto, un día antes que sus dueños. A Koyasan fuimos con lo puesto y una mochila cada uno.

Pinturas interiores en el Danjo Garan,
monasterio budista de Koyasan (Japón).
La sombra de lluvia nos siguió durante la visita al complejo monástico Danjo Garan y el edificio principal del templo Kondo (siglo IX) y también al templo Jongobuji, con pinturas de artistas japoneses y un precioso jardín de rocas. Pero nos libramos del aguacero, ¡quien sabe si gracias a que fuimos honestos y pagamos la entrada a los templos pese a que nadie vigilaba! Los monjes se afanaban en sus quehaceres y pasaban a nuestro lado subidos en los zuecos tradicionales de madera, con su cabeza rapada y ataviados con sus vistosos trajes naranja y azul oscuro casi negro. Tuvimos la suerte de presenciar cómo tocaban la Gran Campana de Daito (monumento nacional) mientras entonaban cánticos ceremoniales.

Salón del hotel Fuckuchi-in (Koyasan).
Nuestro hotel en Koyasan era el Fuckuchi-in Temple Onsen, donde teníamos contratada una noche con cena y desayuno monástico vegano. El hotel es de estilo japonés con tatamis, puertas correderas y mesa en el suelo, con amplios salones profusamente decorados con madera y remates dorados; varias terrazas que se asoman a jardines de arena y roca, árboles altísimos y un estanque de carpas. Hay baño público interior y onsen exterior (mujeres y hombres por separado) y un saloncito para tomar café. Una pega: el wifi solo funciona en zonas comunes pero tienen prensa (en japonés) y una minibiblioteca (libros también en japonés y algún bestseller olvidado por algún turista).

Tumba con Budas, cementerio Okunoin (Koyasan).
Quizá lo que más me gustó de Koyasan fue el cementerio Okunoin, donde reposa Kukai, llamado tras su muerte Kobo-Daishi (774-835), fundador del budismo Shingon. Bajo una fina lluvia que poco a poco cesó fuimos recorriendo el paraje semiagreste, con senderos salpicados de curiosas tumbas. Me llamaron la atención unos túmulos en forma de pirámide sobre los que crecía la vegetación, con piedras antropomorfas a modo de Budas adornados con baberos rojos.


Un monje budista reza en el pabellón de las lámparas,
en el cementerio Okunoin (Koyasan).
Es sobrecogedor el Toro-do o pabellón de las lámparas, que aloja miles de linternas luminosas, algunas de las cuales dice la leyenda que llevan encendidas sin cesar más de novecientos años. Cuando ya me marchaba, un monje se arrodilló y comenzó a entonar su cántico ritual. Aunque está prohibido hacer fotos y grabar el interior del pabellón, no pude resistirme.

domingo, 20 de agosto de 2017

Mi cumpleaños en el monte Fuji


Monte Fuji según el grabado de Katsushika Hokusai.
(Mi cumpleaños en 2016)

Nacer un 20 de agosto brinda muchas más posibilidades de que tu cumpleaños te pille viajando fuera del país que, por ejemplo, si llegas a este mundo un día 13 de enero. En mi caso, la primera fiesta de cumpleaños que viví lejos de España fue en 1992, en un hotel en San Petersburgo y éramos tres las personas agasajadas. La fiesta, sorpresa, fue preparada por la guía del viaje organizado que ese verano nos condujo por Ucrania, Rusia y Uzbekistán. Cenamos caviar, bebimos cerveza, brindamos con vodka y comimos tarta; lo mismo que solíamos comer y cenar esos días de deshielo y perestroika.
Mikonos 2007.
Mi segundo cumpleaños fuera de España fue muy agradable y tuvo lugar en Mikonos en 2007, en el restaurante Caprice Sea Satin Market, ideal para cenar a la puesta del sol. Mi compañero de fatigas y yo acabábamos de regresar de un viaje de 20 días por Siria y Jordania y habíamos reservado una semana extra para Mikonos y Atenas. Ese año teníamos mucho que celebrar y no dudamos en tirar la casa por la ventana. En el restaurante de Mikonos el maître nos acompañó a escoger la pieza de pescado que más nos gustó y, tras pesarla, nos la asaron en una parrilla alimentada con leña. Cenamos arrullados por las olas contemplando las luces titilantes de Little Venice.
No creo que pueda olvidar mi cumpleaños del año siguiente, pues el 20 de agosto de 2008 se estrellaba al tratar de despegar en Madrid un avión de Spanair en el que murieron 154 personas. Yo me enteré del horrible suceso en un hotel cercano al aeropuerto de Orly, en París, donde nos alojamos esa noche porque al día siguiente muy temprano volábamos a la isla de Córcega. Recuerdo que encendí la televisión y durante un buen rato no fui capaz de procesar las imágenes ni las crónicas de los reporteros. Las redes sociales todavía no retransmitían la muerte en directo. Todo un alivio. Aún aturdidos, cogimos el coche de alquiler y condujimos hasta Mouffetard, en el barrio Latino, y cenamos en el restaurante L'Epoque.

La 5a estación del monte Fuji (20-08-2017).
Hoy estoy celebrando mi cumpleaños en Japón, en el pueblo de Yamanashi, que está a la orilla del lago de Kawaguchiko, frente al monte Fuji. La montaña sagrada que hoy he contemplado no es roja ni la he divisado tras la gran ola de Kanagawa, como la dibujó Katsushika Hokusai en el siglo XIX, pero sigue siendo imponente y muy difícil de avistar pues pasa cubierta de nubes la inmensa mayoría de días del año. El monte Fuji es un cono volcánico, el pico más alto de Japón, el símbolo nacional del país, un monte orgulloso que desde 2013 es Patrimonio de la Humanidad.

Para mí el monte Fuji era una asignatura pendiente desde que en el verano de 2010 mi amiga Mizue me regalara en Londres una carpeta con el famoso grabado de la gran ola. Mizue me inculcó las ganas de viajar a su país y animada por ella y por nuestras charlas londinenses me decidí a recorrer Japón en julio de 2013. Pero hace cuatro años no tuve suerte y las nubes y la niebla en los lagos de Hakone me hurtaron la visión del Fuji. Esta vez, en mi segundo viaje por Japón, he querido asegurarme de que aunque las nubes tapen el Fuji, al menos mis pies pisen su tierra y mis manos toquen su ladera. Así lo he hecho en la 5a estación, a 2305 metros de altitud, y la suerte me ha sonreído.