sábado, 31 de diciembre de 2016

Doscientos aniversario de la muerte de Jane Austen

(Más sobre Jane Austen aquí y también aquí

Fachada de la casa-museo de Jane Austen
en Chawton (Inglaterra).
En cuanto la Navidad de 2016 de sus últimos coletazos y el nuevo año 2017 empiece a desgajarse en un cómputo de días, semanas y meses, comenzarán los festejos para conmemorar el 200 aniversario de la muerte de Jane Austen (16 diciembre 1775-18 julio 1817). La escritora británica, epítome de la novela romántica y galante, la mejor cronista de las costumbres de la nobleza inglesa del XVIII, madre afortunada de Mr. Darcy (el caballero más deseado por las damas y respetado por los señores), murió antes de cumplir los 42 años, sin saborear del todo las mieles de su éxito.

Escaleras a los dormitorios.
Hay muchos guardianes de su legado, pero la entidad más activa y cercana es la casa-museo de Jane Austen en Chawton (Inglaterra), inaugurada en 1947 y el único hogar de la autora que permanece abierto al público. Para que siga siendo así, se acaba de lanzar el Fondo Jane Austencon el que se pretende recaudar 250.000 libras con las que restaurar y proteger la calificación histórica del edificio. Hasta la fecha se han recaudado unas 42.600 libras, alrededor del 17% del objetivo propuesto. 

Mesa de escribir de Jane Austen
(casa-museo Chawton).
Chawton es un sitio de peregrinaje literario y cultural al que cada año acuden más de 35.000 visitantes de todo el mundo. Jane Austen se instaló a vivir allí en 1809, junto a su madre, su hermana Cassandra y la amiga de la familia Martha Lloyd. La casita de ladrillo rojo, cedida por su hermano Edward sin tener que pagar renta, era un sueño hecho realidad para las Austen, por entonces ya desprotegidas por la ley y la costumbre, que dejaba desamparadas a las mujeres viudas y solteras.

Set de novelas de Austen (casa-museo Chawton).
En Chawton la autora escribió y revisó sus novelas, empezando por pulir Sentido y sensibilidad, que fue aceptada por un editor en 1811. El libro se publicó de forma anónima bajo el epígrafe: “By a lady”. Tuvo dos críticas favorables y Jane ganó 140 libras. Las siguientes novelas, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park y Emma, también anónimas, se publicaron bajo la rúbrica: “De la autora de Sentido y sensibilidad”. 

Placa de Thomas Edward Carpenter en Chawton. 
El Fondo Jane Austen se lanzó hace unas semanas, con ocasión de la conferencia conmemorativa que cada año se dedica a Thomas Edward Carpenter, el fundador de esta casa-museo. Carpenter trabajaba como abogado en Londres en la década de 1940 cuando se enteró de la posibilidad de adquirir la casa donde Jane Austen escribió sus novelas. La compró y la donó en memoria de su hijo, Philip John Carpenter, fallecido en combate en la gerra en 1944.

martes, 27 de diciembre de 2016

Triper, la estudiante de Bachiller que tenía un examen al día siguiente y una señora ministra

(Más sobre José María Triper)

Firma invitada: Maite Cabrerizo
@kalores67



Y alguno se preguntará al ver estas dos fotos, ¿qué relación guarda este hermoso poema con los apuntes del campo gravitatorio? Todo y nada. Nada, si uno coloca el poema en el campo de lo inmaterial, de lo subjetivo, en el campo donde alma y corazón se juntan, como bien demuestra el poeta José María Triper Moreno en su nuevo libro, Luz de gas (Sial Ediciones). Nada, si hablar del campo gravitatorio es hablar de física; para los que somos de letras, de la ley de la gravedad. Direcciones y planos que me desnortan.

Y, sin embargo, tienen todo que ver. Detrás de ese poema hay un hombre que ama, que quiere, que cree, que sueña y que comparte. Que regala palabras, que convierte susurros. Detrás de esos apuntes de letra inocente hay una estudiante de Bachiller que tiembla, que no entiende, que formula y reformula hasta memorizar. Mañana tiene examen. Detrás de ese poema hay una presentación; detrás de esos apuntes un examen… mañana. Y mientras el poeta repasa el verso, la estudiante relee la M de masa y la F de qué sabe qué le dijo el profesor de fuerza. Pero eso será mañana. 

El poeta José María Triper.
Hoy toca cantar. Cantar el verso de Triper. Poner su voz a Civilizadamente, el poema del poeta. Y mientras espera las pruebas de sonido, el juego de luces, la llegada de la gente que ella no conoce, la de una ministra de la que ni ha oído hablar, repasa eso de la F y de la M (de masa o de mierda). Los invitados van llegando al increíble teatro Muñoz Seca. Y habla el editor, y los invitados, y los empresarios y una señora ministra que la cantante no conoce. Y mientras ellos hablan, ella repasa. ¿Qué dijo el profesor? No se admiten más de dos fallos. Subraya con el lápiz. No pinta bien. Ni el lápiz ni el examen, que no hay tiempo.

Enrique Cornejo presenta a José María Triper.
Y ya el presentador anuncia la actuación. Los dos tíos y la sobrina sentados en la penumbra aparecen en el escenario. Con permiso del poeta. Por generosidad del poeta. Y la estudiante se olvida unos minutos de la fuerza de la gravedad para cantar entre la guitarra acústica de Luis y el bajo Marleaux de 5 cuerdas sin trastes que llora como un chelo en las manos de Juanjo la canción de un poema que habla del amor del desamor. Ella no sabe mucho de eso. De desamor, que de amor sí, como es el mimo con el que le arropan sus tíos.


El poeta Triper y la ministra Báñez.
“Es el amor que muere, y muere así, civilizadamente”. Y la voz se apaga, y las luces funden a  negro y Cecilia baja y piensa: "Mañana que no se me olvide decir al profe que vino una ministra, lo mismo me aprueba". En un bolsillo del pantalón lleva la letra de Triper, en el otro los apuntes del profesor. Y hace mutis por el foro. Con los aplausos que le regala Triper, con el cariño de un auditorio entregado. Gracias, Cecilia. Gracias, amigo Triper por este regalo.

P.D. Orgullo de tía y de amiga del poeta, ¡claro!


jueves, 15 de diciembre de 2016

¡Esta Navidad, hagamos voto de inutilidad!

(Más sobre la Navidad y sobre sus afanes)

Firma invitada: Luis Fermín Moreno

'La Virgen, el Niño y santa Ana'
(Leonardo da Vinci, Museo Louvre).
Siempre me ha parecido que lo grandioso de la Navidad es que Dios decide hacerse inútil. Un niño recién nacido, un ser humano sin formar, totalmente indefenso y dependiente. Con todo por hacer en el futuro; pero la inacción absoluta en el presente. Esto, que podría parecer un misterio o un capricho más de las alturas, resulta totalmente lógico en estos días, y hasta reconfortante para encarar con ánimo el próximo 2017, que se anuncia rudo y al que muchos auguran un cúmulo imparable de desgracias en forma de populismos, violencias, insultos, pobrezas, victorias madridistas y otras negruras parecidas.


Lo explica muy bien, sin teologías ni menciones divinas, el filósofo italiano Nuccio Ordine en su breve ensayo La utilidad de lo inútil (Acantilado), que, pese a su título, no tiene desperdicio. El libro está compuesto a manera de florilegio de citas de autores como Petrarca, Kant, Leopardi o Calvino, que son, en realidad, otros tantos buenos propósitos. Todos estos aforismos convergen en una única y clara convicción: los amantes de la literatura y del conocimiento tenemos derecho a rechazar cualquier obligación de rendimiento inmediato, cualquier finalidad puramente práctica.

Lo mismo vale para el progreso: la mayoría de los descubrimientos que han hecho avanzar a la humanidad fueron obra de personas animadas simplemente por su curiosidad, escribió en 1939 el pedagogo estadounidense Abraham Flexner. Y Ordine concluye que es precisamente en los periodos de crisis, en los que triunfan “el utilitarismo y el egoísmo más siniestro”, cuando más hay que reafirmar el valor de los actos que ignoran la lógica del aprovechamiento.

Así que, conservemos esto en mente: el pensamiento es más fecundo cuanto más fútil parece. Es su propia gratuidad la que da valor a nuestras vidas. Relajémonos, ignoremos amarguras y exprimamos bien este año que se quieren ya cargar.

Mirar la sombra de las nubes, ¡bendita inutilidad!
¿Cómo? Mirando la sombra de las nubes; no queriendo mal a nadie; poniendo días oasis en nuestras vidas; vagabundeando al ritmo de nuestros humores; aceptando las desgracias para deshacernos de ellas; ejercitando el libre albedrío; olvidando los relojes; fomentando las ideas absurdas; sacando el jugo a la soledad; estando dispuestos a servir; despreciando la comodidad, el dinero y la reputación… 

 Esta Navidad, ¡hagamos voto de inutilidad… para ser útiles!

domingo, 11 de diciembre de 2016

Enigmática Clara Peeters

(Más sobre pintoras olvidadas y otras mujeres en la pintura)  

De Clara Peeters se sabe que fue una pintora de bodegones de objetos lujosos; interesada por la luz y su reflejo; pionera en pintar naturalezas muertas de pescado; entusiasta del autorretrato reflejado y escondido; nacida casi con certeza en Amberes en 1594 y casada en la iglesia donde nació. Fue una de las pocas mujeres artistas activa en Europa en la primera mitad de siglo XVII y de ella nos han llegado unas 30 obras.

Posible autorretrato de Clara Peeters (1594-¿?).
Casi todo lo demás se ignora. Unos autores afirman que se casó con un pintor, pero de él no existen obras. Algunos dicen que Clara trabajó en Amsterdam, pero otros lo niegan. Hay quienes incluso ponen en duda que perteneciera al gremio de pintores de Amberes pues su nombre no figura en los registros. Se le atribuye el autorretrato Vanitas porque en él aparece una copa de plata que ella pintó en varios bodegones. 

Cuchillo grabado con el nombre de Clara Peeters
(del bodegón 'Mesa con mantel...', en el Prado). 
Como si Clara supiera que el tiempo trataría de sepultarla, fue sembrando sus cuadros de pistas. En sus bodegones pintó a menudo un cuchillo que lleva su nombre grabado: Clara Peeters, regalo habitual en esa época como dote de boda (lo que avalaría el dato de su matrimonio). Además, el susodicho cuchillo porta una marca con el símbolo de Amberes, lo que atestiguaría que sí trabajó en la ciudad belga. Sobre el año de su muerte y dónde se produjo no hay datos fiables.


'Bodegón con flores, copa de plata...' (Clara
Peeters), en el Museo del Prado (Madrid).
Lo más curioso son sus autorretratos, su costumbre de pintarse reflejada en copas y otros objetos de sus cuadros. Y no se pintaba una sola vez, sino varias. En Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre (1611), que pertenece al museo del Prado, hay siete autorretratos: tres en la copa dorada y cuatro en la jarra. Firmaba siempre sus cuadros, como “Clara Peeters” o “Clara P.”, y algunos están datados, la mayoría de 1607 a 1621. No es descabellado pensar que tal abundancia de firmas y autorretratos era su manera de afirmarse en un mundo dominado por hombres y un intento de ganar una parcela de eternidad.

Cuatro autorretratos reflejados de Clara Peeters (del
'Bodegón con flores, copa de plata...'), en el Prado.
Frente a estos autorretratos se siente una sensación rara. Entrevemos con ojos del siglo XXI a una mujer del siglo XVII mientras pinta el cuadro que tenemos ante nuestros ojos. La imagen es borrosa y parece moverse según la luz. Es lo más parecido a una fotografía que viaja en el tiempo o a un vídeo en diferido con un lapsus de siglos. En algunos bodegones Clara incluyó la clase de objetos que representaban sus colegas Frans Snyders (1579-1657) y Jan Brueghel el Viejo (1568-1625), pero ella pintaba con un estilo mucho más realista.

Varias artistas contemporáneas brillaron en el género del bodegón. ¿Por qué? Porque a las mujeres no les estaba permitido el dibujo anatómico, que implicaba el estudio a partir del natural de cuerpos masculinos desnudos. Eso hizo que muchas se especializaran en el bodegón, como Rachel Ruysch y Marie von Oosterwyckambas activas a mitad del siglo XVII. Las tres lo han conseguido: sus nombres y obras se han perpetuado durante cuatro siglos. La enigmática Clara Peeters, además, ha logrado ser la primera mujer protagonista de una exposición en el Prado. ¡Ahí es nada!

martes, 6 de diciembre de 2016

Lo perfecto cansa, es mentira. Reflexiones prenavideñas


"Lo perfecto cansa. Lo perfecto aburre.
Lo perfecto es mentira".
Se acaba otro año sin que nos hayamos apuntado al gimnasio, sin que hayamos plantado el árbol ni escrito el libro. Tampoco nos ha tocado la Lotería ni nos ha sonreído la suerte del Euromillón. No somos más jóvenes ni más listos, apenas igual de delgados, y nos desenvolvemos con parecido estilo al de los últimos años que hemos despedido.

¿Y qué más da?

No somos perfectos ni lo intentamos. Si alguna vez abrigamos ese propósito, el correr de las estaciones nos ha disuadido.

¿Y qué más da?

Lo perfecto cansa.
Lo perfecto aburre.
Lo perfecto es mentira.

"La imperfección nos hace más creativos".
No nos gustan los príncipes azules ni las rosas sin espinas. Si nos dan a elegir, escogemos a Shrek y Fiona; elegimos ser Heidi y Pedro corriendo por un prado de amapolas; nos quedamos con el patito feo del cuento; abrazamos sin dudar a Quasimodo y nos comemos a besos a la ardilla patosa de Ice AgeComo ellos, somos imperfectos e incansables. Perseguimos un sueño y no nos rendimos. Si nos equivocamos, pedimos disculpas y volvemos a intentarlo. 

"Si nos piden la luna, la traemos reflejada
en el agua de una palangana".
Somos imperfectos pero no nos conformamos. Siempre aspiramos a más.Somos imperfectos pero no descuidados, jamás negligentes, al contrario, ponemos el doble de empeño para suplir nuestras imperfecciones. Somos imperfectos porque somos apasionados. La imperfección nos hace más creativos. Si nos piden la luna, la traemos reflejada en el agua de una palangana.

Somos imperfectos porque somos humanos. Y tampoco esta Navidad que se avecina cambiará lo que somos, lo que tantos años nos ha costado construir a fuerza de sueños, amor, música, viajes, libros y un puñado de olvidos.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

'Lady Susan' lleva a Jane Austen al cine otra vez

(Más sobre Jane Austen aquí y también aquí)

Jane Austen (1775-1817) llevó una existencia pacífica y hogareña, sin más sobresaltos que la enfermedad y los circunstanciales apuros económicos tras la muerte de su padre. Vivió siempre con su familia, perteneciente a la baja nobleza rural del sur de Inglaterra, a caballo entre el siglo XVIII y los albores del XIX.

Casa de campo en Chawton.
Fue siempre muy querida y admirada por sus padres, sus seis hermanos y sus sobrinos. Su principal apoyo era su hermana Cassandra, una gran confidente que incluso la relevaba en las tareas domésticas para que ella se pudiera dedicar a escribir. No se casó, ni dio motivo de escándalo, conoció en vida el éxito y la fama como novelista, y cuando murió, prematuramente a los 41 años, gozaba ya de reconocimiento como una gran escritora.

Philadelphia Hancock, madre de Eliza, que
 sirvió de inspiración a Jane Austen.
Quizá por eso, las tramas de sus seis libros acabados y publicados, así como algunos de sus personajes (es aplicable tanto a caracteres masculinos como femeninos), están en las antípodas de esa vida tranquila. En las páginas de Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sensibilidad, Emma, Persuasión, Mansfield Park y La abadía de Northanger se alternan las intrigas amorosas, los cotilleos, las jóvenes atontadas a la caza de un marido pudiente, las madres metomentodo... Aparece una ristra de pretendientes banales, conversaciones intrascendentes y bodas desafortunadas. Se nos relatan historias familiares y patrimoniales poco edificantes.

Fanny Knight, sobrina de J. Austen.
Pero, sin duda, el libro de Jane Austen con mayor proporción de conductas reprobables y escándalos por página es Lady Susan, una obra de juventud inacabada que ahora acaba de ser llevada al cine con el título de Amor y Amistad. El argumento de la novela es típicamente austeniano y sigue las peripecias de una bella viuda de la alta sociedad inglesa que, como casi todas las viudas sin fortuna propia en esa época, debe casar a su hija para asegurar la estabilidad económica de ambas. Pero Lady Susan no es una mujer convencional: astuta, intrigante y moralmente inaceptable, cautiva a los hombres, los manipula, los pone a sus pies y ella misma cae seducida por uno y se casa con otro por ser un buen partido. Es una mujer fatal.

'Lady Susan' (Jane Austen).
En pantalla, la novela de Austen crece y la dirección, los actores, la ambientación y el montaje hacen de Amor y Amistad una correcta película de época, aunque en mi opinión poco sobresaliente. Kate Beckinsale (Susan) tira del carro siempre y está en casi todas las escenas de filme, llegando a cansar. Chloë Sevigny (Alicia, la amiga estadounidense de Susan) va a la zaga, empequeñecida por Beckinsale. Stephen Fry (Sr. Johnson) apenas aparece unos minutos que saben a poco; el apuesto y moderadamente cultivado Reginald DeCourcy (interpretado por Xavier Samuel) no acaba de convencer como galán.

Tal vez la culpa de que Amor y Amistad no cuaje como gran película sea del propio texto que adapta. No en vano, Lady Susan es un borrador de una novela inacabada de una debutante Jane Austen. Ella no quiso publicar el libro en vida, y solo tras su muerte sus herederos decidieron editarlo. Algo similar sucede con Sanditon (escrita en 1817 y publicada en 1925), novela de la que Jane solo pudo escribir doce capítulos y en la que estuvo trabajando hasta mediados de marzo de 1817, cuando la enfermedad le impidió continuar. De momento, que se sepa, no hay película en marcha.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Viajes con Murakami y un sombrero Panamá

(Más sobre Murakami y viaje a Croacia y Bosnia)

Murakami, premio Hans Christian Andersen, visitó
la casa del cuentista en Copenhague (octubre 2016).
Libros y viajes son tan consustanciales como el mar y la sal. O como la tierra y el polvo. Lo son, al menos, para mí. Últimamente en un par de viajes me ha acompañado el japonés Haruki Murakami en edición de bolsillo, sin que la lectura tuviera nada que ver con el paisaje. En un reciente tour por los Balcanes me sumergí en El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.


Puerto de Dubrovnic (Croacia).
Una terraza en el puerto de Dubrovnik, el pasado mes de julio, fue el primer sitio donde nos reencontramos Murakami y yo después de meses. Junto a Murakami, el Panamá de mi compañero de fatigas. Un tipo de sombrero que, en el noventa por ciento de los casos, no se elaboran en Panamá, sino en Ecuador. Así las cosas, que los cuatro viajáramos juntos por los Balcanes no es tan extraño. Esa mañana, 9 de julio, habíamos aterrizado en Dubrovnik, punto de partida –y también final de etapa– de un tour de quince días por lo que fue Yugoslavia

Chriringuito en la playa de Petrovac (Montenegro).
El martes, 12 de julio, pertrechada con mi ejemplar de El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, pasé varias horas en Petrovac, una ciudad playera en la vecina república de Montenegro. Dediqué tiempo a la lectura en un chiringuito en la playa y también en un restaurante bajo una parra. Desde luego, nada que ver con las dos historias alternas de la novela: una ambientada en una ciudad amurallada llamada "el fin del mundo" y la otra en la ciudad conocida como "el país de las maravillas". Por la tarde, de vuelta a Kotor, nos detuvimos en la ciudad amurallada de Budva y no pude evitar fantasear con los personajes de Murakami.

Avaz Twist Tower
(Sarajevo, Bosnia).
El calor agobiante nos acompañó los tres días que pasamos en Mostar y la lluvia le tomó el relevo durante los tres que dedicamos a Sarajevo. Los minaretes y mezquitas; los cafés y zocos, la vida en las calles; la abundancia de mujeres con velos y muchas con hijabs; el enclave musulmán en el corazón de Europa que es Bosnia-Herzegovina nos gustó incluso más de lo esperado. Pasado y futuro se dan la mano en Sarajevo, y nada mejor que subir al mirador de la Avaz Twist Tower para divisarlo. La vista panorámica desde la cafetería del piso 35 permite comprobar cuán fácil les resultó a los serbios tirotear y bombardear a miles de habitantes de Sarajevo durante cuatro años de asedio.

Músicos en un restaurante del barrio
de Skandarlija (Belgrado, Serbia).
Los habitantes de Belgrado -la capital de Serbia- son mayoritariamente jóvenes y con ganas de desperezarse, dejar atrás la mala fama de su país, ganada a pulso por sus tropelías en la guerra. Basta caminar de día por la zona comercial peatonal para notar ese bullicio. Por la noche, un paseo por el barrio de Skandarlija, con sus calles adoquinadas y empinadas, sus fachadas llenas de grafitis y trampantojos, sus terrazas y restaurantes, basta para tener la sensación de haberse trasladado a Montmartre.

Frente al Órgano del Mar (Zadar, Croacia)
De regreso a Croacia por el norte, y tras una noche de descanso en Zagreb, el viaje nos llevó hasta Zadar. Recorrimos por segunda vez las ruinas romanas y las iglesias de un centro parapetado tras gruesos muros, y nos detuvimos para escuchar el Órgano del Mar. Es uno de los tres órganos de tubo del mundo que son tocados por el batir de las aguas. Al entrar y salir el aire por unos orificios, emite vibraciones y produce sonidos. Estuvimos un rato sentados en el paseo, mecidos por el relajante murmullo, y luego en un chiringuito próximo. Leímos y bebimos a salvo del calor mientras Murakami hacía penar a su protagonista, que debía nadar por un río subterráneo bajo la ciudad de Tokio.

Catedral de Sibenik (Croacia).
Durante la siguiente parada de nuestro viaje, en Sibenik, respiré aliviada al saber que las siniestras criaturas llamadas tinieblos habían dado una tregua al joven informático y a la joven gorda vestida de rosa. Murakami puede ser asfixiante incluso sin proponérselo. Interrumpida la lectura, desde mi sillón frente a la catedral de Santiago (siglo XV), admiré las estatuas de Adán y Eva, ambos flanqueados por sendos leones; los cuatro rodeados por más de ochenta bustos de la época.

Desayuno en la terraza del hotel
Júpiter
(Split, Croacia).
Split y su fascinante Palacio de Diocleciano son mucho más que unas ruinas romanas legendarias, una joya arquitectónica o una de las sedes Patrimonio de la Humanidad más impresionantes. Split es un abigarrado centro turístico, una colmena repleta de abejas -unas pocas, laboriosas obreras, la inmensa mayoría, zánganas de vacaciones-, un puerto para cruceros de todo el Mediterráneo; una inmensa bodega y una nutrida cocina. Split, un 20 de julio al atardecer, tiene decenas de cruces tan atestados como el de Shibuya. Desde luego, yo me encontré con cientos de personas, más de las que se topó el informático de Un despiadado país de las maravillas, cuando al fin emergió de las entrañas de Tokio. 


Plaza principal de Trogir (Croacia).
La atmósfera en Trogir, las primorosas calles de piedra de la ciudad y el sol abrumador no podían ser más opuestos a la gélida ciudad amurallada de El país de las maravillas por el que me llevaba Murakami: personas confinadas tras un muro inexpugnable, gentes que no recuerdan nada del exterior, que han perdido su sombra y con ella sus recuerdos. Destacando sobre los demás, un lector de viejos recuerdos que lee los cráneos de unas bestias (unicornios) con ayuda de una bibliotecaria; un lector empeñado en dibujar un mapa para huir con su sombra moribunda.

Pasado y presente enlazados por una frágil cuerda en la novela de Murakami. Pasado y presente ante mis ojos en la bella ciudad dámata de Trogir. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Jane Austen, rostro del billete de 10 libras y una película

(Más sobre Jane Austen aquí)
Jane Austen, en los billetes de 10 libras
desde el año 2017.
En 2017, los billetes de diez libras llevarán estampado el rostro de Jane Austen (1775-1817), en sustitución de la efigie de Charles Darwin (1809-1882). Una gran conquista para la autora inglesa de las novelas Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad, Emma, Persuasión, y Mansfield Park entre otras, muerta a los 41 años, cuando apenas había comenzado a saborear el éxito como escritora. 
Jane pertenecía a una familia de la baja nobleza, contexto de donde no salió y en el que sitúa todas sus obras. La candidez de sus historias es una mera apariencia: tal y como afirma la crítica feminista más actual, Jane Austen poseía una mente analítica e irónica y se valía del costumbrismo para caricaturizar algunos comportamientos de su época. 
'Lady Susan' (Nórdica Libros).
Antes de eso, el 18 de noviembre, llega a las pantallas españolas la película Amor y amistad, la última adaptación de una novela de la escritora británica, en este caso, la inacabada Lady Susan , que fue escrita posiblemente en 1794, aunque se publicó de forma póstuma en 1871. La película arranca con la llegada a Inglaterra de Susan Vernon, una viuda americana atractiva e intrigante, sin recursos financieros, que trata de encontrar dos maridos ricos: uno para ella y otro para su hija.
Es una película de época que traslada al espectador al mundo refinado, sutil y a la vez costumbrista de Jane Austen y que, con mucho humor e ironía, realiza un retrato nada complaciente de la alta sociedad inglesa de finales del siglo XVIII. Se trata de una producción europea, dirigida por el realizador estadounidense Whit Stillman y cofinanciada por Irlanda, Francia y Países Bajos.
Amor y amistad es un buen homenaje a Jane Austen, una de mis escritoras preferidas y un buen ejemplo en lo personal, como demostró al rebelarse contra el destino trazado a las mujeres con meta final en el matrimonio de conveniencia. Ella jamás se casó ni tuvo relación formal. Tampoco lo hizo su hermana Cassandra, su confidente y apoyo vital, gracias a la cual nos ha llegado un retrato fidedigno de Jane (se exhibe en la National Portrait Gallery de Londres).



martes, 1 de noviembre de 2016

La pasión por Caravaggio llega a la National Gallery

(Más sobre Caravaggio aquí)

Entrada a la exposición 'Beyond Caravaggio'
en la National Gallery de Londres.
Caravaggio está de moda. La National Gallery de Londres inauguró la exposición Beyond Caravaggio el 12 de octubre, casi al mismo tiempo que el museo Thyssen de Madrid clausuraba Caravaggio y los pintores del norte. He tenido la suerte de ver las dos, con algunos cuadros repetidos, pero la muestra londinense se centra más en los caravaggistas cuyas obras guardan los museos británicos e irlandeses.

Si Michelangelo Merisi Caravaggio (1571-1610) está de moda es quizá porque sus cuadros llenos de dramatismo y claroscuros casan bien con este siglo XXI postcrisis, con medio Occidente noqueado por una barbarie terrorista medieval y unas fuerzas regresivas que creíamos haber superado, con todos abrazando la Arcadia Tecnológica inaugurada a finales del siglo XX.

'San Juan Bautista en el desierto'
(1604), obra de Caravaggio.
Y, sin embargo, ahí están las pinturas de Caravaggio: apenas cincuenta obras lo han encumbrado como uno de los pintores más revolucionarios y de peor reputación de todos los tiempos. Identificable por cómo pinta rostros y cuerpos que batallan por salir de la oscuridad, a veces muestra arrugas físicas y miseria moral, otras veces nos deja ver el fulgor caduco de la juventud. Hombres, mujeres, niños o animales, todos juegan una parte efímera en el drama del vivir.

Caravaggio tuvo una enorme influencia durante su vida, como demuestra que desde el año 1600 artistas de toda Europa viajaban a Roma para ver sus cuadros. Muchos de esos admiradores imitaron su estilo naturalista, sus efectos dramáticos de luz y copiaron su poderosa forma de narrar las historias. Hay caravaggistas en todos los museos del mundo; unos con más fortuna que otros.

'La cena de Emaús' (1601), obra de Caravaggio.
Pero ninguno pudo superar su arte hecho de tierra y sangre. Era capaz de convertir cualquier tema, por vulgar o indecoroso que fuera, en sujeto de arte. Caravaggio no tuvo taller ni discípulos, no enseñó su técnica, pero fue imitado hasta la saciedad. Tenía un genio demasiado humano, irascible, impredecible, y pintó la muerte tanto o más que la vida.

'Joven pelando una fruta' (1592), la
primera obra conocida de Caravaggio.
Entre los cuadros de la muestra Beyond Caravaggio, me gustan especialmente La cena de Emaús (1601), que parece una extensión del espacio real y el espectador se siente parte de la escena. Me impresiona también San Juan Bautista en el desierto (1604) por cómo rehuye la mirada y su gesto abatido. La luz cenital le da un aura de presagio mortal. Y el curioso Joven pelando una fruta (1592), la primera obra conocida de Caravaggio. Hay quien dice que el chico pela una pera, otros aseguran que una ciruela y hasta una mandarina. Lo cierto es que el modelo es un muchacho bien vestido, tosco pero bonito, y pela con indiferencia. Como el resto de criaturas de Caravaggio, se escapa de las sombras por los pelos. 

viernes, 28 de octubre de 2016

Elena Santonja y Mary Beard, divulgadoras

(Más sobre Mary Beard y su fascinación por Roma)

Elena Santonja (1932-2016) y Pedro Almodóvar,
en 'Con las manos en la masa'.
Ha muerto la presentadora, actriz y pintora Elena Santonja (1932-2016), mujer adelantada a su tiempo y divulgadora sociocultural. Precursora de los Arguiñanos, los Chicotes y master chefs, en la década de los ochenta del siglo XX fue uno de rostros más populares de la televisión con su programa Con las manos en la masa. Cada semana llevaba invitado a un famoso y juntos elaboraban una receta, y así durante siete años logró meter en harina a Joaquín Sabina, Amparo Rivelles, Sara Montiel, Alaska, Pedro Almodóvar o Fernando Fernán Gómez.


Elena Santonja también fue actriz ocasional en películas como El verdugo (1963)  o Total (1985). Su hermana Carmen (fallecida en 2000) fue una de las integrantes del popular dúo Vainica Dobleun tándem folk que se atrevió con las letras románticas y hasta con las psicodélicas.    

Mary Beard antes de recoger su premio  Princesa
 de Asturias de las Ciencias Sociales 2016.
Mary Beard (1955) está muy viva. La historiadora británica, catedrática en la Universidad de Cambridge,  editora especializada del Times Literary Supplement, autora de la serie documental Roma, un imperio sin límites , acaba de recibir el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.


Es la gran divulgadora de la época romana antigua, una era que define tan brutal que “ninguno querríamos estar vivos entonces”. La clasicista escribe con la misma fruición que cuando relata frente a la cámara de televisión el pasado de Roma. Las páginas de sus libros están repletas de asesinatos, vertederos llenos de recién nacidos y esclavos, pero también de historias fascinantes cuyos protagonistas son panaderos o moradores de Pompeya cuyo rastro se pierde entre las cenizas de lava. Su último ensayo sobre el imperio de los Césares, titulado SPQR, va ya por la tercera edición.

Ojalá hubiera más mujeres como estas, ajenas al griterío, de espaldas a las inútiles cuotas y a salvo de la pandemia narcotizante de la apuesta por la conciliación.