martes, 23 de junio de 2015

Viaje a Chipre (II): Choirokoitia, Lefkara y las dos Nicosias


El viernes, 30 de enero, amaneció nublado y la amenaza de la lluvia se hizo realidad poco después de dejar el hotel de Limasol, en nuestro camino rumbo a la capital de Chipre, Nicosia.

Asentamiento neolítico de Choirokoitia (Chipre).
Choirokoitia (7.000 años a.C.), un asentamiento del Neolítico, fue la primera parada en la ruta. Está en una colina donde se pueden ver la planta y los restos de viviendas circulares, por supuesto de piedra, algunas con pilares interiores. Esos primeros hogares neolíticos tenían los techos planos, en terraza, y las habitaciones estaban separadas entre sí, con espacios propios para cocinas con fuego en el centro y piedras de moler grano.

Bandera griega ondeando
en Kato Lefkara (Chipre)
.
Una hora más tarde nos detuvimos de nuevo, en Kato Lefkara (antigua Lefkara), una especie de Pedraza pero en pequeño. Una familia de cuatro miembros y nosotros éramos los únicos turistas, chispeaba aunque no hacía nada de frío. Primera sorpresa: la gran cantidad de banderas griegas que ondean en iglesias y casas particulares. 

En seguida nos damos cuenta: conforme avanzamos hacia el norte de la isla nos acercamos a la zona de Chipre ocupada por el Ejército turco desde el año 1974, y de ahí que muchos greco-chipriotas se rebelen y ostenten banderas griegas.

Escaparate con puntillas de encaje (Lefkara, Chipre).
Tras una breve visita, cogimos de nuevo el coche para subir al vecino pueblo de Pano Lefkara (nueva Lefkara), de casas blancas y azules, calles de piedra llenas de rincones y flores, viven del turismo y de la elaboración de encaje de puntillas, un bordado artesanal famoso desde el Renacimiento. El propio Leonardo da Vinci compró allí en 1481 una pieza bordada para el altar principal del Duomo de Milán.

Capilla real de Lusignan (Chipre).
En la ruta de ese día aún faltaba otra parada: Pyrga, donde pretendíamos ver la capilla real de Lusignan. La encontramos (¡cómo no!) cerrada, pero nos deleitamos con su recoleta estructura de piedra, sus cuatro sobrios costados y su bandera con escudo real al viento. En un supermercado compramos agua y chocolate y nos subimos de nuevo al coche.

Check-point, frontera o muro que parte Nicosia
en dos: una chipriota y otra turca
.
Llegamos a Nicosia sobre las cinco de la tarde, dejamos el coche en el párking público del bastión y tomamos posesión de la habitación en el hotel Centrum. Luego caminamos un rato hasta toparnos con el check point, es decir, la frontera, el muro que divide Nicosia en dos partes (una chipriota, otra ocupada por los turcos). Aún sorprendidos por la barrera física, fuimos a cenar a una taberna típica de la calle Ledra: kleftiko y pescado, tzatziki, medio pichel de vino blanco y otro medio de tinto. Un paseo hasta el hotel puso punto final a la noche.

Figuras de arcilla del santuario de Agia Irina
(Museo de Chipre, Nicosia).
A la mañana siguiente, sábado 31 de enero, fuimos caminando hasta el Museo de Chipre (entrada, 4,5 euros), repleto de objetos arqueológicos hallados por toda la isla. Me gustaron mucho las figurillas votivas de terracota y las piezas extraídas del enterramiento del santuario arcaico de Agia Irina (1600-500 a.C); algo así como los guerreros chinos de Xian pero a la mediterránea.

Calle de Nicosia Norte (zona ocupada por
los turcos), en la isla de Chipre.
A las doce del mediodía fuimos de nuevo al check-point para pasar a la parte turca de Nicosia. Hicimos unos minutos de cola para enseñar el pasaporte en la garita chipriota, y luego otros minutos de espera en la garita turca, donde sólo tuvimos que rellenar un papel con el nombre, el pasaporte y la fecha. En apenas diez minutos estábamos en la Nicosia ocupada por los turcos, y el cambio fue notable. Los edificios estaban peor conservados, algunos abandonados, había muchos grupos de hombres jóvenes que parecían rondar, con aire de trapichear. No me sentí insegura, pero sí observada.

Caminamos los 300 metros que separan la frontera de la puerta de Kyrenia, donde había una pequeña oficina de turismo. Nuestra intención era informarnos sobre autobuses o taxis que nos llevaran a la antigua ciudad-estado griega de Salamis, pero desistimos: cualquier visita o ruta por la parte turca de Chipre hay que hacerla con coche alquilado, que los hay, pero en enero la planificación era incierta. Pudimos haber cruzado la frontera en nuestro coche de alquiler, pero el seguro europeo no cubría accidentes en la zona turca. Nos quedamos con ganas de visitar Salamis, el célebre puerto de Chipre en la Antigüedad.

Antiguo hotel Palmiye, hoy abandonado, en
Nicosia Norte (ocupada por Turquía), en Chipre.
Regresamos hacia la parte europea de Nicosia dando un rodeo. Vimos varios hoteles y comercios derruidos, sin puertas ni ventanas, muchos con los muros a medio caer, y más grupos de hombres sin rumbo, hasta llegar a la mezquita (antigua catedral gótica) y el bazar. Muy cerca, un bonito edificio, bien conservado, parecía salido de otro mundo.

Caravasar de Büyük Han (Nicosia Norte). 
Era el caravasar de Büyük Han, un magnífico ejemplo de arquitectura otomana y uno de los pocos caravasares medievales que han sobrevivido. Construido en 1572 por el primer gobernador otomano de Chipre, allí seguía, reuniendo a los viajeros alrededor de las mesas de su restaurante, ofreciendo té, café y refrescos en la terraza bajo los arcos. Comimos en la terraza, platos sencillos y baratos. Tras reponer fuerzas, hicimos una breve visita a la mezquita y compramos un par de imanes, un llavero, un rosario de cuentas de madera perfumadas con sándalo y unas postales. Al cruzar de nuevo a la parte chipriota de Nicosia, la ciudad nos pareció más europea que antes.

jueves, 18 de junio de 2015

Cinco años de mi blog y quince que murió Martín Gaite

(Más sobre este blog, Londres y Carmen Martín Gaite)

El 18 de junio de 2010en Londres, publiqué la primera entrada de este blog, una pequeña criatura que he alimentado a base de letras, rimas, vocales y consonantes, un puñado de vídeos y alguna música, y que ha crecido hasta sumar, con éste de hoy, 301 post. ¡Ahí es nada!

Sillones para lectura en la librería
Waterstones de Piccadilly (Londres).
 
Cinco años hace ya de aquel 18 de junio en que también yo comenzaba mi propia aventura como estudiante de inglés en la capital de Inglaterra. Era autosuficiente y dueña de mi tiempo por primera vez en décadas y quería aprender todo lo posible, empaparme de literatura y arte, visitar sin prisa todos los museos, viajar por el país y pasar las horas muertas leyendo en los cómodos sillones de las librerías Foyles (la de Charing Cross), y sobre todo en la Waterstones, en Piccadilly.

Compañeros estudiantes de inglés (Londres verano 2010)
Durante los seis meses que duró mi estancia en Londres escribí el germen de varios relatos que luego reuní en La casa de las palmeras, mi primer y único libro, además de emborronar docenas de cuartillas que aún esperan ser transformadas en materia literaria. Fui inmensamente feliz en Londres. Conocí personas extraordinarias, como los japoneses Mizue y Hiro, que me inculcaron el deseo de viajar a Japón (lo hice en julio de 2013 y así lo conté en estos cúmulos y limbos viajeros), o las dos compañeras surcoreanas con las que descubrí el k-pop y que Seúl es una de las ciudades más modernas del mundo. Disfruté con los italianos Anna Martin y Luca; con la brasileña Simeia y el saudí Ahmed; con la china Grace me reí mucho, tenía un humor contagioso. Muchos nos seguimos la pista, y con unos pocos sigo en contacto.

Retrato de Jane Austen por su hermana
 Cassandra (National Portrait Gallery). 
Cúmulos y limbos floreció como nunca en el medio año que viví en Londres: escribí y publiqué 68 entradas desde mediados de junio hasta mitad de diciembre. Entonces escribía rápido, más breve que ahora, a veces simples reflexiones sobre algún titular de periódico o una noticia en televisión. Eran un poco más elaboradas mis crónicas sobre los viajes y escapadas a Chawton, Winchester, Bath en pos de Jane Austen (1775-1817); las visitas a Stonehenge, Canterbury… y tantos otros museos, palacios, castillos y fiestas callejeras.

Carmen Martín Gaite (1925-2000).
Cinco años más tarde, aquí seguimos, estos cúmulos y limbos y yo, trabajando y viviendo en Madrid, mi ciudad adoptiva, experimentando de nuevo la plena inmersión laboral en un país en crisis, económica y de valores. Las muchas horas de trabajo tienen parte de culpa de que las entradas en este blog hayan menguado hasta cuatro o cinco mensuales. Pero dos cosas siguen intactas desde aquel 18 de junio de 2010: mi amor por la literatura, el arte, la historia y los viajes, que es el alma de cúmulos y limbos, y mi devoción por Carmen Martín Gaite (1925-2000), la escritora a quien este blog debe su título. A ella y a su magnífica novela Nubosidad variableque me ha reconfortado, reafirmado y enseñado muchas y buenas cosas a lo largo de los años. El próximo 23 de julio se cumplen quince años de su muerte. ¡Quién diría que ha pasado tanto tiempo! 

Y también del tiempo hablo, y mucho, en este blog, de su paso y de su huella, de la Historia normalizada y académica, y de las historias que se cosechan con el discurrir de los años. Con muchos cúmulos y limbos. ¿Por qué? Yo lo escribí el 18 de junio de 2010 y no se me ocurre mejor modo de decirlo, así que me cito sin rubor:

"A falta de nubosidad variable, he encontrado estos cúmulos y limbos que coloco en generoso desorden sobre mi patio sin tejado.

Cúmulos, porque colgada de las nubes es como he pasado -y paso- muchas, buenas y productivas horas de mis entaitantos años: suspendida entre frondosas nubes blancas; ingrávida, sintiéndome liviana en mi cama de perezosas nubes blancas.

Y limbos, porque en el paraíso de los eternos distraídos siempre ha habido una silla con mi nombre".


Porque todos tenemos algo que decir, aunque nadie escuche, espero seguir aquí, como mínimo, otros cinco años.   


lunes, 15 de junio de 2015

Montero, Clark, Lindo y otras mujeres en la Feria del Libro

(Más sobre Feria del Libro y sobre Marga Clark

Hace ya varias horas que se clausuró la Feria del Libro 2015, y es tiempo de escribir mi post recopilatorio de todos los años sobre mis visitas (que no siempre compras) a algunas de las mujeres firmantes.   

Rosa Montero, en la Feria del Libro 2015.
Rosa Montero (1951) llevó a la Feria el regreso de su detective Bruna Husky en una historia de amor, fantasía y aventura. Eso leí en la contraportada de El peso del corazón, pero el tema no me sedujo: un caso en apariencia sencillo que desemboca en una trama de corrupción mundial. Por muy bien escrita que esté la novela y el asunto sea de (oportuna) y rabiosa actualidad, yo ese día iba en busca de algo más de originalidad. Me gustó, eso sí, ver a Rosa Montero, periodista a la que admiro desde mi época universitaria, sobre todo por su maestría en las entrevistas. Retrataba al entrevistado desde una óptica distinta: a veces los mostraba en su perfil humano, otras los fotografiaba desde la subjetividad, y siempre eran los detalles lo que conferían un estimable valor a la entrevista: la descripción del lugar, los movimientos, la conversación previa, la calidez o frialdad del saludo; en definitiva, el clima de la entrevista.

Marga Clark firma en la Feria del Libro.
En mis dos visitas a la Feria del Libro 2015 vi con desasosiego que había más gente paseando que comprando, pese a que parece que el saldo de esta edición ha sido positivo para los libreros. Una autora que firmaba y que no para de trabajar es Marga Clark. Trabaja en varios frentes a la vez, pues combina (que no alterna) la poesía, la narrativa, la fotografía, la traducción y las colaboraciones literarias, como Mi tía Marga: reivindicación de una memoria, que es la justa semblanza de su tía, la escultora Marga Gil Roësset. Está incluida en el libro Marga. Edición de Juan Ramón Jiménez.

'Adán y Eva' (escultura de
Marga Gil Roësset, 1930).
La propia Marga Clark le dedicó hace años un libro a su tía, Amarga luz, donde la reivindica como mujer, pero sobre todo como artista, más allá de la trágica historia de por qué y en qué circunstancias se produjo el suicidio de una jovencísima creadora, a todas luces extraordinaria, cuyo talento quedó a medio florecer. El drama llegó a la vida de Marga Gil en forma de amor, pasional, loco, desesperado, por el poeta Juan Ramón Jiménez. Por él se quitó la vida. 

Almudena Grandes en la Feria 2015.
Muy simpática y parlanchina, como siempre, estaba Almudena Grandes (1960), que firmaba toda su obra, claro, pero que traía bajo el brazo su última novela, Las tres bodas de Manolitaen la que reincide en su particular universo de Madrid en la posguerra donde sobrevivir es tarea cotidiana, sobre todo si se es mujer con parientes encarcelados y perseguidos. Subversión, clandestinidad y delatores pululan por las calles, plazas, patios y talleres de un Madrid hambriento no sólo de comida.

Elvira Lindo en la Feria del Libro 2015.
Tengo la sensación de que este año Almudena vendía menos que de costumbre, al igual que la mayoría de los afanados firmantes. Por ejemplo, eran pocas las personas que aguardaban para que les firmara Elvira Lindo (1962), que sigue viviendo literariamente de las rentas de Manolito Gafotas, si bien el sostén económico en Nueva York proceda también de sus colaboraciones en El País. Muy pizpireta y delgada, parapetada tras amplias gafas de sol, la articulista sonreía y atendía con amabilidad, pero sin posar para los fotógrafos amateur que no hubieran comprado su libro.

Megan Maxwell, best-seller en Feria del Libro.
La que firmaba como una posesa era la best-seller Megan Maxwell (1965), con una fila de espera de docenas de personas, la mayoría jovencitas, armadas con libros de portadas coloristas y muy femeninas, títulos fáciles y directos, que harían palidecer de vergüenza a la misma Carrie Bradshaw, que a buen seguro ha inspirado alguna peripecia de las ñoñas heroínas de Maxwell.

'La casa de las palmeras',
libro de relatos de Pepa Montero.
Lo digo con toda la insana envidia que me produce ser yo misma autora de un libro de relatos, La casa de las palmeras, que ni en cien años podría ser leído por una décima parte de los lectores de Megan Maxwell. Las historias que componen mi libro son mínimas, austeras y de una sencillez a veces extrema, nunca declamadas sino como mucho para ser susurradas. Son relatos breves que tratan de apresar instantes fugaces de vida, sorprender a los protagonistas en momentos decisivos, aunque ni ellos lo sepan, sin juzgarlos, sin dar recetas para la felicidad ni consuelo para el infortunio. Relatos muy de verdad, escritos sin aspavientos, donde se cuelan la vida y la muerte.

sábado, 6 de junio de 2015

Poemas jóvenes y fotos curiosas de Carmen Martín Gaite

(Más sobre Carmen Martín Gaite y la Feria del Libro de Madrid)

Dentro de unos días este blog cumplirá cinco años de vida. Sosegada, paciente, perezosa y arbitraria vida, ya que las entradas se suceden al ritmo moroso, casi inquebrantable, de cuatro o cinco al mes, y lo mismo hablan de literatura que de viajes, mujeres o historia. Así soy yo, su autora, y por esos vericuetos caminamos, mi blog y yo, desde hace ya casi cinco felices y provechosos años.

La escritora Carmen Martín Gaite (1925-2000).
En junio de 2010, en el primer post de cumulosylimbos, detallaba mi querencia por la escritora Carmen Martín Gaite (1925-2000), la primera mujer en ganar el premio Nacional de Literatura, por El cuarto de atrás. Vi a Carmen Martín Gaite varios años en la Feria del Libro, ataviada casi siempre con gorras y sombreros coloridos, y me sorprendían sus ojos chispeantes, su rostro de niña arrugada, su alegría infantil y su manera de abanicarse el calor sin desmerecer una sonrisa. Había perdido a su única hija y la literatura la había salvado (eso decía), por lo que nada podía entristecerla ya (eso decía).

Carmen Martín Gaite (1925-2000)
autora de 'Nubosidad variable'.
Esta misma mañana, la Feria del Libro de Madrid 2015 le ha rendido homenaje a Carmen, Carmiña, como la llamaban sus amigos, cuando se cumplen quince años de su muerte. Yo misma llevo días rindiéndole homenaje a la autora de Nubosidad variable y La reina de las nieves, esta vez, leyendo un libro de poemas que se titula así, Poemas, editado por Plaza y Janés en 2001, cuando Martín Gaite llevaba ya un año muerta.

Carmen Martín Gaite (1925-2000),
autora de 'La reina de las nieves'.
La mayoría de esos poemas de juventud habían sido publicados en 1976, en un volumen titulado A rachas, y en la edición del año 2001 que ahora leo la novedad es que incorpora un CD con la propia Carmen recitando sus poemas. Me produce una emoción singular escuchar la voz de Martín Gaite "representando lo leído, saliendo y entrando de la palabra impresa", como ella misma describía el arte de recitar poesía.

Carmen Martín Gaite (1925-2000),
autora de 'Poemas'.
Para ser sincera, encuentro la mayoría de estos poemas jóvenes, quizá demasiado jóvenes, pero hay algunos que me subyugan de forma especial, más allá de su calidad literaria o de lo bien o mal engrasada que esté la métrica. En el titulado Convalecencia Carmen logra algo tan difícil como representar visualmente los efectos de la fiebre, como si en vez de trenzar palabras estuviera sacando fotos instantáneas de las escenas que describe. 

          Convalecencia (Extracto)

          Yo estaba en otro sitio
          -¿dónde estaba?-
          De todo lo que veo y lo que oigo
          me separa el sabor del paladar,
          una sed agridulce
          
          Pues parece que tienes menos
          fiebre
          Ahora te traigo el agua de
          limón

          No es eso, no era eso
          Yo estaba en otro sitio
          Al raso. Corría el aire
          Nadie me conocía
          Había ruido. Había riesgo.
          Va a repetirse todo,
          me aburre esta función.
          No cierres el balcón,
          espera, te lo pido, un momentito
          más,
          que no entra frío,
          no corras todavía la cortina.
          Deja abierta, mi dulce carcelera,
          la ranura del sueño.        


Carmen Martín Gaite (1925-2000),
autora de 'El cuarto de atrás'.
Me gusta mucho el poema que lleva por título Mi ración de alegría, en el que resuena la mejor voz de Carmen Martín Gaite, una narradora femenina y feminista, que exhibía en público una amplia sonrisa y reivindicaba pese a todo el poder sanador de la alegría, ella, que tanto sufrió y lloró la muerte de su única hija, de la que se curó -así lo decía- gracias a la fuerza de la literatura y a su amor por contar historias.

          Mi ración de alegría (Extracto)

          Defiendo la alegría,
          la precaria, amenazada,
          difícil alegría,
          al raso, limpia, en cueros,
          mi ración de alegría.
          No me arrastréis al pozo
          de las verdes culebras.
          
          (...)

          No me la reprochéis ni adobéis
          de negrura
          como un reducto inmundo,
          segregado;
          ved que no la defienden ni
          pinchos ni alambradas
          y que podéis pasar aquí conmigo
          al sol.
          No me arrastréis al pozo
          de las verdes culebras.       


'
'Poemas', de Carmen Martín Gaite,
editado por Plaza y Janés.
Hay otra razón por la que me gusta este libro, Poemas, y es porque incluye muchas fotografías de la autora en diversas épocas de su vida. Fotos en blanco y negro, a menudo retratada de perfil y siempre en poses sencillas, a veces ni siquiera mirando a la cámara. No son fotos robadas, y aun así en varias de ellas da la impresión de que el lector sorprende a la escritora en un momento íntimo de su cotidianidad, ya sea enfrascada en la escritura o sumergida en sus pensamientos, quizá rumiando un argumento o meditando el desenlace de una escena, reescribiendo mentalmente un diálogo o, simplemente, con la cabeza en las nubes, en su nubosidad siempre variable.