domingo, 27 de abril de 2014

Natalia Ginzburg, cronista familiar y del alma femenina (I)

(Más sobre Carmen Martín Gaite aquí)


Natalia Ginzburg (escritora italiana, intelectual
comunista, cronista de la vida familiar).
Natalia Ginzburg (1916-1991) fue una autora comprometida, una intelectual comunista que, con la palabra, combatió el fascismo en la Italia de Benito Mussolini y en la dura posguerra. Junto a sus amigos, los escritores Cesare Pavese (1908-1950) y Giulio Einaudi (1912-1999), además de su primer marido, Leone Ginzburg (1909-1944), fundaron e impulsaron la editorial Einaudi, donde todos publicarían sus primeras obras. Cuando Natalia Ginzburg murió, en 1991 en Roma, tenía 75 años y había publicado cuatro obras de teatro, siete libros de ensayo y diez novelas.

Carmen Martín Gaite tradujo 'Querido
Miguel', de Natalia Ginzburg
Me gusta e inspira Ginzburg porque borda la crónica familiar y por la forma en que cose y plancha las glorias y miserias del alma humana, sobre todo la femenina. Y porque lo hace con una prosa limpia de afectación retórica. Como lectora y autora me cautivan sus historias con atención al detalle mínimo, a los instantes fugaces y a las fisuras de lo real. Un ejemplo es Las palabras de la noche (1961), la primera novela que leí de Ginzburg, en el verano de 2004. La compré en la Feria del Libro de Madrid, donde tantos años había visto firmar a mi admirada Carmen Martín Gaite (1925-2000), que no sólo había traducido al castellano la novela de Ginzburg Querido Miguel, sino que tenía a la italiana entre sus autoras preferidas.

'Las palabras de la noche', de
Natalia Ginzburg.
En Las palabras de la noche, la mujer protagonista, Elsa, narra su aventura sentimental, siempre entrelazada con la historia del pueblo donde vive y sus habitantes. La mirada de Natalia Ginzburg vaga por sus criaturas de ficción entre minimalista y desapegada, pero ello no evita que el lector experimente, como ella, que “el pueblo pesa como el plomo, con todas sus muertes”. Y, aunque esa cita no alcance a resumir el sentido de la novela, es suficiente indicio de que Las palabras de la noche no es un libro banal o ligero, y mucho menos costumbrista.
 
'El camino que va a la ciudad',
novela de Natalia Ginzburg.
El siguiente libro de Ginzburg que compré (y leí, claro) fue El camino que va a la ciudad (1942), la primera novela que la autora italiana publicó, cuando tenía sólo 25 años. Es una obra primeriza, y se nota, pero con todo la historia de Delia y su afán por escapar de su hogar no decepcionan. De hecho, el camino que lleva a Delia a la ciudad, y la hora que tarda en recorrerlo, son una metáfora de la libertad y de los sueños de la muchacha. En El camino... ya está el embrión de las mujeres de ficción de Natalia Ginzburg, unos seres incapaces de tomar decisiones y coger el timón de sus vidas. Delia es una chica opaca, sometida al prejuicio de la costumbre, como tantas mujeres de la época de Ginzburg. Lo tremendo es que leyendo el libro no es difícil ver paralelismos con mujeres de hoy en día, reconocibles por su falta de conciencia propia y por esperar que el paso del tiempo rellene los huecos de sus esperanzas rotas.

'Las pequeñas virtudes', textos
biográficos de Natalia Ginzburg.
El tercer libro de Ginzburg que leí fue Las pequeñas virtudes. Se trata de textos autobiográficos que cuentan, por ejemplo, el tiempo de confinamiento de la autora en un pueblito de los Abruzos junto a Leone Ginzburg, su primer marido. Hay en ellos asimismo un retrato de la pobre Italia de posguerra y un análisis humorístico de su relación conyugal, así como una recreación de la estancia de la escritora en Londres en los años sesenta del siglo XX. Particularmente conmovedor es el homenaje que Ginzburg rinde a su amigo Cesare Pavese, tras su suicidio.

jueves, 17 de abril de 2014

'Manazuru', de Hiromi Kawakami, y el Tokio de Murakami

(Más sobre Hiromi Kawakami aquí)

Hiromi Kawakami (1958) es una consagrada escritora japonesa, conocida en España por su novela El cielo es azul, la tierra blanca, editada por Acantilado, que es el sello que publica su obra en España. El último título en aparecer es Manazuru, que tiene tiene como eje la soledad de una mujer que entra en la edad madura sin núcleo familiar o sentimental consistente.
La novelista japonesa Hiromi Kawakami.
Es un libro introspectivo y lírico, bastante más complejo que El cielo es azul… La historia arranca con unas sucintas líneas sobre la peripecia vital de la protagonista, Kei, aliñadas con pinceladas de las vidas de su hija y de su madre, para en seguida llenarse de elementos mágicos y presencias fantasmales, que sirven de guía a la mujer en sus viajes a la península de Manazuru.

El personaje central, Kei, es una escritora freelance de cierto éxito, tiene desde hace años un amante casado al que no se cuestiona y carece de control sobre sus circunstancias pues está obsesionada con un enigma: ¿por qué la abandonó su marido un buen día, para nunca más volver? ¿Está su esposo, Rei, vivo o muerto?
'Manazuru', novela de Hiromi
Kawakami editada por Acantilado.  
Esta novela zambulle al lector en un mundo árido, poco acogedor, de frágiles fronteras entre la disección de la realidad y la más pura ensoñación. Las emociones reprimidas están a flor de piel, tanto si la protagonista deambula por Tokio, como si coge el metro, va a la editorial, cocina para su hija adolescente o cose junto a su madre. Sólo en Manazuru se despliega todo el dolor por la pérdida del amado, el miedo al futuro, el desconcierto. Algo en lo que poco la ayudarán los fantasmas que la acompañan a ratos.
 
Me gusta mucho el estilo narrativo de Hiromi Kawakami: sencillo, pulcro y sin adornos, como una bella caligrafía. La escritora logra, sin esfuerzo aparente, que los diálogos y descripciones fluyan con la sonoridad del agua resbalando sobre la piedra. Conforme iba leyendo Manazuru, mi principal miedo era que el final me decepcionase, por obvio o por rebuscado; cualquier extremo me causa aversión. Pero lo cierto es que no hay espacio para la decepción. Supongo que la novela acaba del único modo posible.

El escritor japonés Haruki Murakami,
bajo el cielo azul de Tokio.
De Haruki Murakami (1949) tengo que escribir más entradas, pero hoy me quiero fijar en su relación con Tokio, la bulliciosa y fascinante capital de Japón, por donde deambula la mayoría de los personajes de sus novelas. Como sucede con autores de éxito, en Tokio hay una ruta Murakami por los lugares reales que pueblan sus libros. Suelen ser enclaves cotidianos, ungidos de cierta melancolía, como los jardines Jingu Gaien, el distrito comercial Aoyama (allí se compra los bolsos Aomame, la protagonista de 1Q84), la universidad Waseda (donde estudió el narrador de Tokio Blues y el propio Murakami) o las estaciones de metro.

En Aoyama compraba sus bolsos Aomame,
la protagonista de 1Q84.
Lugares cotidianos, tal vez, pero esos mismos sitios y sus habitantes, en Tokio, son singulares: desde los oficinistas que regresan a sus casas con varios sakes o cervezas de más, hasta las jóvenes harajuku (medias altas y coloridas, peinados estrafalarios, tacones inmensos...), todo parece diferente. Cada callejuela de Tokio, los bares, tabernas, barras de sushi giratorio y jardines esconden secretos. Lo mismo puede decirse de espacios recurrentes como el barrio de Shinjuku o el hotel Okura (sale en 1Q84), por los que Haruki Murakami siente predilección.
Y todo, bajo el cielo azul de Tokio, que en Murakami no es el mismo cielo, ni del  mismo azul, que en las novelas de Kawakami. Sin embargo, ambos escritores se parecen en algo: sus protagonistas no están a gusto en la ciudad y a menudo se empeñan en abandonarla. Pero siempre regresan a Tokio y a su cielo azul.

sábado, 12 de abril de 2014

Las griegas (I): Safo de Lesbos y Artemisa de Halicarnaso

(Más sobre Grecia aquí y también aquí)

De Safo, la poetisa griega nacida en la isla de Lesbos en el siglo VII a.C., apenas nos han llegado unos 650 versos, prácticamente ningún poema completo, y pocos de sus datos biográficos son irrefutablemente ciertos. Lógico, teniendo en cuenta lo que pesaba en su contra. Primero: era mujer. Segundo: vivió en la época pre clásica (o arcaica), de la que pocos hechos históricos son rigurosos. Tercero: aun siendo aristócrata (o al menos de clase alta), la temática de su poesía (lo que hoy llamaríamos homoerótica) no la convirtió, precisamente, en un modelo a ensalzar en siglos venideros.

'Safo y Alceo', óleo de Sir. Lawrence Alma Tadema.
Con todo, Safo legó a la cultura universal muchas cosas: su particular estilo métrico de versificación (apodado sáfico), además del sustantivo sáfica, que el diccionario sigue reconociendo como lesbiana. El mismo término lesbiana procede de ella, pues en esa isla griega nació, en torno al año 625 antes de Cristo. Si los teólogos e historiadores debaten la certeza de muchos de los hechos de la vida del rebelde de Nazaret, ¿qué puede esperarse de los que se relatan de esta poeta, que vivió 625 años antes?
Nunca he visitado Lesbos, aunque espero ir pronto y saludar allí a mi buen amigo, el periodista Yiannis Mantas, que habla mejor castellano que yo y mucho mejor catalán del que nunca llegaré a entender. Yiannis vive ahora en Atenas, pero sus raíces están en Lesbos, una isla por la que siente pasión.

'Los griegos' (Paul Cartledge).
No voy a entrar en el debate sobre la naturaleza de las relaciones de Safo con las muchachas que pueblan sus versos: unos dicen que ella ejercía de maestra o tutora; otros que eran su círculo de amantes, etc. Poco importa, ya que, como aclara el reputado helenista Paul Cartledge, en la Grecia antigua “no existían homosexuales en el sentido actual del término, ya que el placer homosexual y el heterosexual no se consideraban diametralmente opuestos, sino complementarios, y habitualmente se producían de forma sucesiva” (Los griegos, editorial Crítica). Lo que sí importa de Safo es su labor de faro, de luz refinada y culta, sensible, en una época nada propicia al engrandecimiento intelectual de las mujeres, si se atrevían a ejercer el noble arte de la creación literaria y artística.
Capítulo de 'Los griegos' dedicado a Safo.
Sin ser mujer de rey, amante de tirano, hermana o hija de patriarca, Safo escribió ¡hace más de siete siglos! hermosos versos nostálgicos que dejan una sensación agridulce de amores imposibles, en los que aparecen los celos, la obsesión y la pasión. No creo que sea casual que su obra más famosa, la que los críticos juzgan más lograda, sea el Himno a Afrodita, otra mujer, diosa, para más señas. Hace unos días, la prensa informaba del hallazgo de dos nuevos poemas de Safo, envueltos en papiros del siglo III. ¡Quién sabe si serán los primeros de muchos! Es lo que tienen los clásicos: fueron tan fecundos y brillaron tanto, que su estrella apagada seguirá emitiendo luz miles de años después de extinguida.
Imagen de Artemisa de Halicarnaso (a partir
del perfil de una moneda).
Artemisa de Halicarnaso (la actual ciudad de Budrum, en la costa oeste de Turquía) vivió en el año 500 a.C. Fue una mujer formidable, muy helenizada, aunque en realidad no era griega. Su vida y obras fueron relatadas por uno de sus contemporáneos, el historiador Heródoto, que la define como un genio político y militar, que llegó al trono como regente de su hijo. Es decir, igual que otras mujeres poderosas, se vio obligada a jugar un papel secundario junto a un hombre; primero su esposo y, luego, su hijo. Según cuenta Heródoto, el valor de Artemisa fue tal, que hizo clamar a Jerjes, el rey de Persia: “Los  hombres se me han convertido en mujeres, y las mujeres en hombres".

Artemisa asombró con su valor al rey persa Jerjes.
Como reina de Halicarnaso, Artemisa le debía lealtad a Jerjes y tuvo que seguirlo a la guerra contra los atenienses, en 480 a.C. Una de sus grandes hazañas la realizó en la batalla naval de Salamina, donde se le ocurrió alzar en sus barcos la bandera enemiga, de modo que se coló entre ellos y causó muchas bajas a los atenienses. Los años de reinado de Artemisa fueron prósperos, de un gran bienestar social que se prolongó durante el reinado de su hijo. Sin embargo, en los siglos venideros, la Historia, hecha a imagen y semejanza de los hombres, transmitió una imagen estereotipada de Artemisa que poco tenía que ver con la real. Libros como el de Paul Cartledge ayudan a poner los puntos sobre las íes.

sábado, 5 de abril de 2014

'La casa de las palmeras' y otros relatos, de Pepa Montero

(Más Día del Libro) (Otro relato del libro, La chica de las metáforas)

No parece gran cosa. Unas sencillas cubiertas azules donde se enseñorean dos palmeras que se rozan mecidas por el viento y comunican cierta sensación de nostálgica soledad.


'La casa de las palmeras' y otros
relatos (Pepa Montero).
Apenas noventa páginas que sirven de guarida a once relatos escuetos, once momentos sacados del tiempo, congelados en el espacio; once trozos de vidas ajenas petrificados ante la mirada de una autora novel, sensible a las tribulaciones de sus personajes, pero en modo alguno intrusa de su intimidad. O eso es lo que he pretendido yo, la novata autora, al escribir estos fragmentos de realidad. 

Pues bien, aunque no parezcan ni sean gran cosa, para mí estas noventa páginas mal contadas tienen un valor incalculable, porque La casa de las palmeras es el primer libro de relatos que finalmente termino, escribo, edito y publico. Ahora sólo falta que se venda, pero esa es ya harina de otro costal.
'La casa de las palmeras' (Pepa
Montero, contraportada).
El proceso de escritura ha sido, supongo que como todos, una larga travesía en la que el único alimento fueron las incontables horas estrujando cuerpo, mente y alma, luchando (y al fin ganando) contra la frustración, la rabia y la desesperanza que nos asedian a quienes, pese a todo, nos empeñamos en escribir. Porque, como reza en la cabecera de este blog, todos tenemos algo que decir, aunque no haya nadie que nos escuche.

Habrá quien juzgue que los once relatos que componen La casa de las palmeras están llenos de imperfecciones estilísticas y es posible que contengan fallas de contenido tan profundas como las simas abisales.

'Al compás de la música' (relato
de 'La casa de las palmeras').
En mi defensa debo decir que, desde la historia que da comienzo y título al libro, hasta la narración que lo cierra (Cuando yo era niña), todo en él es genuino porque, en verdad, es lo mejor que he sabido hacer, aunque por el camino se hayan quedado otras historias y protagonistas a los que no acerté a darles su espacio ni su entidad. Ahora que este blog, Cúmulos y limbos, está a punto de cumplir cuatro años, y aprovechando que el 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, parece una buena ocasión para abrirme a mí misma las puertas de mi casa, airear los armarios, desechar el pudor y hacer públicos mis escritos de ficción.

'Al compás de la música' (relato de 'La casa
de las palmeras', de Pepa Montero).
'Al compás de la música' (relato
de 'La casa de las palmeras').
Entre los primeros relatos que escribí figura Al compás de la música, que me dio bastantes quebraderos de cabeza porque los dos bailarines se empeñaban en danzar en direcciones opuestas, contrapuestas y malpuestas. Hay en esta narración una reflexión sobre el karma, en el que creo con la firmeza de la intuición. Ensuciar el karma no es un asunto baladí, aunque la vida se empeñe en arrastrarnos hacia el miedo o embarrar nuestros sueños. Por eso el resultado final no fue el que aventuraba cuando comencé a verlos bailar, mecidos entre un mar de cuerpos. Fue mucho mejor.