sábado, 30 de marzo de 2013

Mapa de 'Juego de Tronos', Imperio Romano y Pompeya

Winter is coming... Ya no falta nada para el estreno en Estados Unidos de la tercera temporada de Juego de Tronos, aunque en España haya que esperar al menos hasta el 9 de abril para ver (de forma legal aunque de pago, en Canal +) el primer capítulo. Para entretener la espera, y además de leer los libros en que se inspira la serie, una buena opción es este mapa de las tierras de Juego de Tronos, en Google Earth.

Mapa de 'Juego de Tronos' en Google Earth.
Para pasearse por el Muro de Hielo, cruzar Invernalia tras los pasos de John Snow, surcar las islas de Pyke, deslumbrarse con la primera visión de Desembarco del Rey… Todo eso es posible gracias al mapa creado por un fan, con detalles de todo el mundo de Poniente, con líneas temporales para seguir la trama de la historia. Uno de los escenarios escogidos para la tercera temporada de la serie es la ciudad croata de Dubrovnik, tan preciosa y bien conservada que le han hecho falta pocos arreglos para filmarla en algunas escenas de Desembarco del Rey.

Ruinas de la Villa Adriana (Tivoli, Roma, Italia).
Si el viaje a través de las tierras inventadas por George R. R. Martin (1948) ha abierto vuestro apetito por la exploración, podéis retroceder al pasado, concretamente, al antiguo Imperio Romano. En esta web hay información para confeccionar rutas y adentrarse por los caminos de tierra y mar usados por los romanos. Desde el mismo centro de Roma, hacia el norte del actual Reino Unido, o al sur de la Península Ibérica y norte de África, la antigua Grecia, Turquía, Jordania, Siria… casi toda la Europa occidental. Yo acabo de hacer una incursión virtual para vagar por la Villa Adriana, construida por el emperador Publio Elio Adriano (76-138 d.C.) que aún no he podido visitar en ninguno de mis viajes a Italia, pese a estar a 30 kilómetros de Roma. La próxima vez, sin falta.
Y, sin dejar aún el Imperio Romano, y con solo teclear Vici.org aparecerán en nuestra pantallas edificios, murallas, batallas, ruinas arqueológicas relacionadas con ese gran imperio. Para pasar un buen rato y aprender del pasado que aún puede rastrearse en las ciudades de hoy.
Ruinas de Pompeya (Nápoles, Italia).
También podemos viajar hasta Pompeya. Abierta en canal ante nuestros ojos, la ciudad enterrada por el Vesubio en el siglo I, tal y como puede verse ahora, es lo que ofrece esta página. Planos detallados de las villas, calles, fuentes, baños… y numerosas fotografías de lo que se conserva de esta ciudad en la provincia de Nápoles, con información de posibles visitas y claves para entender lo mucho que aún queda por descubrir, tanto de Pompeya como de la ciudad vecina de Herculano, que corrió la misma suerte tras la erupción del volcán. Y, por supuesto, aún queda más de un mes para ver la exposición sobre Pompeya en Madrid. El pasado nunca estuvo más al alcance, virtual y real.

sábado, 23 de marzo de 2013

'La mujer nueva', polémica novela de Carmen Laforet

(Más sobre Carmen Laforet aquí)

Esta novela de Carmen Laforet (1921-2004) fue para mí un feliz descubrimiento y una decepción. Las dos cosas a la vez, juntas e indivisibles, sin que hasta la fecha pueda desprenderme, ni de la una, ni de la otra, cuando releo sus páginas o repaso la producción literaria de la autora (que tampoco es tan extensa ni regular, todo sea dicho).
La escritora Carmen Laforet (1921-2004).
En La mujer nueva, Laforet traza un retrato de la condición femenina en la España de posguerra, dotándolo de indudables tintes feministas que, sin embargo, chirrían y quedan ensombrecidos por la profunda experiencia religiosa que la escritora hace vivir a la protagonista del libro, y que parece dar al traste con los iniciales intentos de modernidad.

Hay que tener en cuenta que de Carmen Laforet se esperaba mucho, quizá demasiado, después de que con su debut literario, Nada, asombrara a crítica y público, además de ganar el primer premio Nadal. Tras su primera incursión en el estrecho mundo de la literatura, parecía que la carrera de Laforet era imparable, y quizá por ello, cuando publicó La mujer nueva, recibió feroces críticas. Nada más salir de la imprenta, en 1955, la novela de Laforet decepcionó y fue tachada de pacata, corta de miras, conservadora y hasta hipócrita. ¿Por qué?
Carmen Laforet (1921-2004), en su escritorio.
La protagonista de La mujer nueva, Paulina Goya, es una suerte de trasunto de la autora: una mujer de mediana edad que se independiza tras separarse de su marido; logra demostrar que es capaz de valerse por sí misma y de hacerse cargo de su hijo; mantiene una apasionada relación amorosa; y mientras intenta hallar la paz interior y descubrirse a sí misma, descubre que cree en Dios. Todo ello, en el marco de la España rural y gris de los años cincuenta del siglo XX. Con estos mimbres construye Laforet una novela compleja, poco condescendiente, que pese a las críticas de muchos, recibió el premio Nacional de Literatura en 1956.

Para mí, La mujer nueva es una novela típicamente laforetiana: por el dibujo de los personajes, por la descripción de los ambientes; por la cadencia y el ritmo de la acción; por la calidad y calidez de su inspiración; por el contenido y por la forma. Es un libro que se lee con gusto, que sorprende a cada paso, que agrada o incomoda, pero no deja indiferente. A ello contribuye el narrador, omnisciente, que sigue a los personajes en sus devaneos, en sus labores cotidianas, en su relación con la familia o a solas consigo mismos, excepto en la segunda parte, donde el narrador ve con los ojos de Paulina, cambiada, muy cambiada, por el poso de su experiencia espiritual.
La autora Carmen Martín Gaite (1925-2000).
Sí debo confesar que, para mí, sobra la experiencia religiosa, aunque concedo que eso es ya harina de otro costal. Y, como soy de poco fiar en esto del  enjuiciamiento público, mejor que sea mi venerada Carmen Martín Gaite (1925-2000) quien hable de su tocaya, la otra Carmen: “La chica rara, cuyo reinado inauguró la heroína de Carmen Laforet [Andrea, la protagonista de Nada] no sólo rechazaba la retórica utilización de “sus labores” predicada por la Sección Femenina, sino que empezaba a convivir con una idea inquietante, difícil de encajar y de la que cada cual se defendía como podía: la de que no existe el amor de novela rosa”.

Toda una revolución en la España de posguerra. Y quizá, incluso, en la de hoy, asolada por la crisis, el corralito de Chipre y los escándalos de las preferentes. Cambian las variables en las ecuaciones de nuestras desazones, pero el resultado sigue siendo el mismo: inapelable.

lunes, 18 de marzo de 2013

20 de marzo: Día Internacional de la Felicidad

Este miércoles se celebra el Día Internacional de la Felicidad. Si el mero hecho de leer eso provoca una sonrisa, aunque sea de medio lado o irónica, ya habrá servido de algo la conmemoración, decidida por Naciones Unidas el año pasado. ¿Y por qué el 20 de marzo? Pues por la misma razón que el segundo fin de semana de mayo es el Día de las Aves Migratorias… Ninguna en particular.

Monjes budistas en Bután, el octavo
país más feliz del mundo.
El caso es que esta nueva cita aparece en el calendario mundial a instancias de Bután, que lo solicitó a la ONU porque "la felicidad y el bienestar son objetivos y aspiraciones universales de los seres humanos de todo el mundo". Sucede que Bután es el país más feliz de Asia y el octavo del mundo, según un peculiar ránking de la revista Business Week. El reino tiene incluso un índice propio que mide la felicidad nacional bruta, igual que el PIB mide la riqueza de una nación.

La felicidad está también en admirar
los ojos de un bello animal.
¿Qué hace de Bután un país tan feliz? ¿La cordillera del Himalaya, en cuya cara sur se desperezan sus ciudades? ¿El budismo, que profesa el setenta y cinco por ciento de la población? ¿Quizá su apego a las tradiciones, la agricultura que es la base de su economía, el relativo aislamiento en que ha vivido hasta hace unas décadas? ¿Es de verdad Bután el reino de Shangri La, la última utopía? 

Campos de lavanda en la Provenza (Francia).
Está claro que no hay necesidad de viajar a Bután para ser feliz, aunque montarse en un avión y darle la espalda a la rutina ayuda a ensanchar horizontes. Y es cierto que pocos saben los que es la felicidad, cómo se pude medir, dónde hallarla o cómo retenerla. Para Eduard Punset, por ejemplo, “la felicidad es la ausencia de miedo”, una concepción que se acerca mucho a la mía. Liberarse de los temores no asegura un estadio feliz, pero padecerlos sí encadena a la desdicha.
 
Vino griego retsina, queso feta, ensalada y mar.
Coincido con Luis Rojas Marcos en que un alto porcentaje de la felicidad (él afirma que el 40 por ciento) está en los genes, lo que deja a muchas personas en un punto de partida desigual. Eso sí, todos somos responsables del uso que le damos a ese otro 60 por ciento de dicha que podemos fabricar

Yo siempre he encontrado retazos de felicidad (ya fuera deshilachada o impecable, remendada o recién confeccionada) en un libro, en un vaso de cerveza o en una copa de vino. Una conversación, un par de amigos, algo de tiempo libre y momentos de serenidad. Música, sol y calor, el murmullo de las olas y el silbido del aire contra los árboles. Un cuadro, una escultura, un paisaje, los ojos de un animal.

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viernes, 8 de marzo de 2013

Cuatro maniquíes y un rincón con encanto en La Latina

(Más maniquíes en los balcones aquí)

En realidad, los que son cuatro son los edificios con balcones donde se asoman los simpáticos, divertidos y a veces deslucidos maniquíes en el barrio madrileño de La Latina, que es el mío. He buscado en webs y he preguntado a los vecinos, pero nadie sabe qué significan o por qué sus dueños han decidido sacar a la calle a esos modelos de plástico, unos vestidos y otros desnudos.

Cinco maniquíes en la Plaza de San Miguel.
En la plaza de San Miguel, justo en frente del famoso y tremendamente turístico mercado de San Miguel, cinco maniquíes se pasan las horas muertas viendo a los clientes de las dos terrazas que hay justo a sus pies, o bien contemplando el devenir de propios y curiosos. Deben ser de los más fotografiados de la zona, porque el ser cinco y estar vestidos con ropas coloridas hace difícil que pasen desapercibidos. Mi preferido del grupo es el chico de en medio, por el sombrerito.

Modelo casi en la esquina de Tirso de Molina. 
Este simpático chico, con gafas y camiseta blanca y pelo de punta, parece como si se hubiera levantado con resaca una mañana de domingo. Quizá lo habrá despertado el tropel de personas que van y vienen por la calle los días de Rastro, o cualquiera de los ruidosos clientes de las terrazas que se despliegan en esa esquina de la Plaza de Tirso de Molina.

Modelos en la Plaza de Cascorro.
Muy cerca del anterior, estos dos modelos adornan los dos balcones contiguos en la Plaza de Cascorro. Muy visitados también los días de fiesta en los que hay Rastro, sus figuras de plástico han perdido la vergüenza y se muestran a los transeúntes al desnudo. Siempre que paso por la esquina, ya sea camino del metro de Tirso o para comprar el periódico en el quiosco cercano, miro a ver si les han puesto ropa o los han cambiado de postura.

Algunos días no están en el balcón, quizá porque sus dueños andan enfrascados en operaciones de limpieza, o porque de verdad sirven para confeccionar y probar prendas de ropa. Eso sí, cuando regresan al balcón, lo hacen desnudos.

Maniquíes en calle Yeseros, junto a Bailén.
Dos maniquíes negros y asimismo desnudos comparten este balcón de la calle Yeseros, en la esquina con Bailén, en la zona próxima a las Vistillas. Ambos descabezados y ella, además, sin brazos, cual Venus de Milo. Miran hacia el principio de la calle, donde se encuentra el restaurante ruso Rasputín, pero no es que haya mucho que ver porque Yeseros es corta y sin aliciente, así que quizá por eso él levanta los brazos: para llamar la atención o buscar alguien que lo libere de su confinamiento.

Jardín vertical en la calle del Nuncio.
Aparte de los maniquíes, el barrio de La Latina está cuajado de rincones con encanto, bonitos y sencillos, como la esquina de este edificio en la calle del Nuncio, a dos pasos de la Plaza de la Paja y casi, casi, en la esquina con Puerta Cerrada. Un conjunto señorial, que aún alberga oficinas de la Federación de Municipios y Provincias (Femp), y muchos pisos y apartamentos de lujo. Con el aliciente de que muy cerca está el jardín semiprivado del Nuncio, todo un remanso de paz para sentarse a leer o dejar el tiempo correr.

lunes, 4 de marzo de 2013

El 4 de marzo une a Lincoln, Camus y Champollion

Los tres están unidos por una fatal coincidencia, en el doble sentido de desgraciada y predestinada, como acaso están todas las vidas humanas por cada pequeña decisión que se toma y/o descarta. En la biografía de los tres, el 4 de marzo tiene una importancia clave.

La piedra Rosetta, como se exhibía en el
British Museum (Londres) en los años 40. 
El 4 de marzo de 1832 le llegó la muerte al francés Jean-François Champollion, quien había descifrado la escritura jeroglífica en 1822, gracias a la piedra Rosetta, un trozo de estela del año 196 a.C., de basalto negro, descubierta en 1799 durante la ocupación francesa en Egipto. Champollion pasó a la Historia por desentrañar los signos inscritos en la piedra, los cuales contenían un decreto de Tolomeo V.

­Desde 1802, la piedra Rosetta se exhibe en el British Museum, en Londres. Siempre valorada por su importancia histórica, y hasta reverenciada como reliquia religiosa. Hoy en día, está encerrada en una urna de cristal, pero en el pasado, los visitantes podían trazar con las yemas de los dedos los misteriosos jeroglíficos.

Lincoln toma posesión como presidente
de Estados Unidos (04/03/1860).
También un 4 de marzo, pero de 1860, quien acabó con la esclavitud, Abraham Lincoln, fue elegido presidente de EEUU. Y con él acabó, en 1865, el actor John Wilkes Booth, residente en Virginia y simpatizante del Sur, que disparó al presidente un tiro en la cabeza al grito de Sic semper tyrannis (Así siempre a los tiranos). Lincoln y su esposa habían ido al teatro a ver la comedia Nuestro primo americano. La velada acabó en tragedia.

Menos luctuosa es la efeméride del 4 de marzo de 1942, fecha en que se publicó la novela El extranjero (Albert Camus), que abrió el torrente del existencialismo y fue en parte responsable de que en 1957, con sólo 44 años, Camus recibiera el Nobel de Literatura. La originalidad de El extranjero es el tono narrativo, plano y desapasionado, en que se cuentan las vicisitudes de un individuo incapaz de expresar sentimientos y de forjarse una moral; un hombre escindido ente razón, sensación y emoción, cuyas reacciones no tienen motivo.
 


La historia fue llevada al cine en 1967 por Luchino Visconti, con Marcelo Matroianni como protagonista. Se puede ver en YouTube, pero me temo que es una película que ha envejecido mal. No así la novela, que sigue de actualidad, aunque sólo sea para recordarnos que las cosas absurdas e insensatas no se inventaron ayer. 

Y ocho siglos antes, pero también un 4 de marzo, moría en Damasco Salah al-Din Yusuf, conocido como Saladino (1138-1193). No sólo recuperó Jerusalén para los musulmanes, al derrotar y expulsar  a los cruzados, sino que provocó la tercera Cruzada, que lideraron Federico I (Sacro Imperio Romano Germánico), el  famoso Ricardo Corazón de León (rey de Inglaterra) y Felipe II Augusto (rey de Francia).
Tumba de Saladino en Damasco (Siria).
Saladino está enterrado en un mausoleo en el exterior de la Mezquita Omeya, en Damasco. Pude visitarlo en agosto de 2007, por supuesto, descalza, con la cabeza cubierta y tapada con una túnica que proporcionan a la entrada a los turistas. El mausoleo es pequeño, pero lujoso, y se compone de dos tumbas: la original, de madera, donde reposa el cuerpo del caudillo, y la de mármol, más suntuosa, pero vacía.