lunes, 30 de enero de 2012

Berthe Morisot, primera mujer impresionista

(Más impresionistas aquí)

Quedan dos semanas para ver la exposición que el museo Thyssen dedica a la pintora impresionista Bethe Morisot, tan desconocida en España que ésta es la única retrospectiva que se le ha organizado.

Malvarrosas (Berthe Morisot).
Berthe Morisot fue la primera pintora en unirse al Impresionismo y, de hecho, participó en la ya mítica Primera Exposición Impresionista, en 1874, así como en otras posteriores. Su maestro fue Édouard Manet, con quien aprendió a pintar al aire libre y a imprimir la necesaria levedad a la pincelada. La relación con su maestro fue tan estrecha, que Berthe acabó casándose con el hermano de aquél, Eugène Manet. En la exposición del Thyssen pueden verse más de 20 obras de Morisot, del total de 30 que ha prestado para la ocasión el museo Marmottan-Monet de París. También hay cuadros pertenecientes al Thyssen, y en todos se aprecia la elegancia de una pintura que destila luminosidad, ya sea a través de paisajes o de escenas cotidianas y femeninas.

El espejo psiqué (Berthe Morisot).
Este recorrido por la vida y obra de Berthe Morisot permite acercarse al papel de la mujer en la Francia de finales del siglo XIX. Porque ella no sólo fue una gran creadora, sino también una mujer burguesa, urbana, interesada en la moda y una activa animadora cultural: apoyó a intelectuales y artistas como Manet, Renoir, Monet, Pissarro, Degas o Mallarmé. El óleo El espejo psiqué (1876) es una de las obras con las que Berthe participó en la III Exposición Impresionista (1877).

Eugène Manet, marido de la pintora (B. Morisot).

La muestra del museo Thyssen es asimismo una buena ocasión para apreciar las diferencias de tratamiento entre Morisot y sus colegas masculinos, que pueden verse en las pinceladas de colores que forman los bosques, en la delicadeza de los desnudos femeninos y, sobre todo, en la brillante cotidianeidad de las escenas íntimas.

Quizá uno de los mejores homenajes que la pintora recibió en vida fueron estas palabras de PaulValéry: “La peculiaridad de Berthe Morisot es vivir su pintura y pintar su vida”.

sábado, 28 de enero de 2012

Jane Austen’s writing table at Chawton

*To my English readers: I apologize for every mistake. Please be aware that I am a Spanish writer trying to translate what you have asked for. Versión en español (7/12/2011)


Jane Austen's writing table at Chawton

A cozy cottage in Chawton, near Winchester, was Jane Austen’s last home, which she just left for medical reasons shortly before her death. The details, photos and review of my visits to Chatow deserve its own entry in this blog. Today I’d like to write about the history of some objects owned by Jane Austen. Let’s start with her writing table.

Jane Austen's writing table (Chawton).
Not long before her death, Jane Austen revealed her ritual of writing: with a thin pen of ivory, less than two inches wide, on a flimsy board made of chestnut wood (a 12 inches panel). This table, sustained by only one foot, was folding, like most of the desks of the Regency. In this table Jane wrote her first novels, in a small room on the top floor of the rectory that her father held in Hampshire, although those novels remained unpublished. When the Austen family moved to Bath (1800), Jane barely could write, but the writing desk traveled with her, as it did to the Chawton cottage, owned by her brother Edward. With Jane lived in Chawton three women: her older sister Cassandra, her mother and Martha Lloyd, a close friend of the family.
Set of novels by Jane Austen.
From this table Jane revised the manuscripts of Sense and sensibility as well as the original Pride and Prejudice just before being sent to London to the publisher, in 1811 and 1813. Mansfield Park, Emma and Persuasion were written in this table. And it was there, her knuckles in contact with the fine wood, where Jane Austen could finally read the enthusiastic comments of her neighbors, as herself detailed in the letters to Cassandra.

After Jane’s death, in July 1817, Cassandra inherited the writing table, and when she also died, in 1845, the folding table was given to an old servant, as reward for his services. When, in the 19th century, the Jane Austen society began to collect her objects, manuscripts and memories, the small table was the first one that came back.Today, there it is, awaiting visitors, near the window.

Bracelet, Lock of Jane's hair, Topaz crosses.
Visiting Chawton is a rewarding experience, despite the not-so-comfortable journey travelling by bus from Winchester or even the risk of getting lost while walking from the bus stop (in the middle of the road) to Chawton. But don't worry: you feel it is worth just to see where the writer lived; the way the house is built; just to check the narrow stairs leading to the second floor; only for the joy of strolling around the secluded backyard.
The cottage is full of curious objects owned by Jane Austen. For instance, a blue bracelet with an incredibly modern design (in fact, I bought a similar one on a handicrafts fair in Madrid). Above the bracelet, a lock of Jane’s hair discolored from its autumn-brown original. There are also two Topaz crosses, a gift from Charles Austen to his sisters Jane (the right one) and Cassandra. We know for sure these were Jane and Cassandra’s crosses because Jane wrote it in one of her letters to Cassandra: “Charles has bought gold chains and crosses of Topaz for us (May 27, 1801)”.
Window to the backyard (Chawton).
The entire house is an inspiring experience if you truly love Jane and her novels, not only because you can collect fragments of the real woman who Jane was, but because you can also take a path of clues of how the writer was inspired. Discover, for example, that the gift of these Topaz crosses inspired Jane the chapter of Mansfield Park where William Price bought an Amber cross to Fanny.

Chawton cottage, Jane Austen’s last home, is the closest thing I know to open a window to the real Jane.

miércoles, 25 de enero de 2012

El Tiempo y los Conway

Dos noches en la vida de una familia inglesa acomodada que reside en una ciudad de provincias cerca de Londres. Esas son las coordenadas espacio-temporales de la obra de teatro El Tiempo y los Conway, que hasta el 5 de febrero puede verse en los teatros del Canal, en Madrid. Yo fui el pasado sábado, y compartí fila de butacas con el economista Ramón Tamames, y no por ir juntos, sino porque, en su afán por estar más cerca del escenario, el susodicho se cambió de sitio varias veces.

El teatro estaba prácticamente lleno, y es que, desde su estreno, en el año 1937, la obra del británico J. B. Priestley se ha convertido en un clásico, que se goza con especial gusto en tiempos de caos, confusión y crisis.
Luisa Martín, madre de los Conway.
Las dos noches de El Tiempo y los Conway son diametralmente distintas: una, la de 1919, con su explosión de optimismo recién acabada la I Guerra Mundial, cuando el futuro parece un cuento maravilloso aún sin escribir, pero con el Final Feliz asegurado. Y la segunda, la agónica noche de 1937, con otra guerra en el horizonte y los sueños de los Conway rotos, tanto los personales de cada miembro de la familia, como los ideales de regeneración social, económica y política. El tiempo ha machacado ilusiones y triturado expectativas, todos han sucumbido por falta de ambición, por el egoísmo de una madre.
Hay en esta obra referencias al socialismo, al igualitarismo, a la justicia social, al mercado laboral y a la crisis. ¿Les suenan de algo estos temas? Hay frases literales que Priestley escribió en 1937 y que se ajustan como un guante a este 2012.

En cuanto a los actores, les daría un Notable alto; una nota media a la que contribuyen el Sobresaliente de Luisa Martín (la matriarca Conway) y el también Sobresaliente de Nuria Gallardo en el papel de Kay (la hermana escritora), haciendo media con el Aprobado raspado de Alejandro Tous  y el Bien bajo de Alba Alonso. El resto del elenco, muy bien, la verdad.







sábado, 21 de enero de 2012

Rafael, Leonardo da Vinci y el espesor transparente del aire

'Virgen de los claveles' (Rafael Sanzio).
La vida está hecha de casualidades. El otro día, cuando escribía sobre las esfinges del obelisco 'Aguja de Cleopatra', en Londres, y saltando de link en link, llegué al castillo de Alnwick, donde están las verdaderas esfinges que sirvieron para hacer las copias que montan guardia en este monumento, a orillas del Támesis. Casualidades de la vida, fue en ese castillo, propiedad del duque de Northumberland, donde estuvo durante años el cuadro La virgen de los claveles, hoy atribuido a Rafael y por siglos considerado una mera copia. Fue en 1990 cuando los expertos atribuyeron a Rafael la autoría de la obra, que ahora cuelga orgullosa en la National Gallery, en Londres.

Casualidades de la vida, en julio de 2010 visité en la National Gallery la muestra Falsificaciones,errores y descubrimientos, donde la pinacoteca inglesa exhibía algunos de sus fondos y contaba su curiosa historia. Pinturas unas, controvertidas, alteradas y dañadas, pero también otras, embellecidas y autentificadas, como la Virgen de los claveles de Rafael.
'Madonna del clavel' (Leonardo).
Más casualidades de la vida: sucede que Rafael se inspiró "libremente" en otro cuadro de Leonardo da Vinci: Madonna del clavel, que guarda celosamente la Pinacoteca de Múnich. Si este museo hubiera cedido la tabla de la Madonna, ahora podría verse dentro de la excepcional muestra que la National Gallery dedica al genio renacentista, y que cerrará sus puertas el 5 de febrero. Como no ha sido así, la comparación in situ de las dos vírgenes de los claveles, la original de Leonardo y la interpretación "libre" de Rafael, tendrá que esperar otro tiempo y, quizá, otro museo.

Aún más casualidades de la vida: saltando por los links como por las piedras para cruzar un riachuelo, llegué a los podcast de la National Gallery. Y rescaté uno de mis entretenimientos favoritos durante mi estancia en Londres: escuchar los podcast y ver los vídeos sobre arte en las webs de la National, la Portrait, el British, la Tate, las casas de Jane Austen, Dickens, etc. Un medio práctico y gratuito para practicar inglés y entrenar la habilidad lectora.

Tumba de Leonardo en Amboise (Francia).
Y, como las casualidades son tan infinitas como se quieran estirar, repasando CDs y DVDs en casa encontré las fotos de mi segunda visita a los castillos del Loira, en Francia, entre ellos, el de Amboise, donde está la tumba de Leonardo da Vinci. ¿Cómo llegó a reposar ahí?

Leonardo da Vinci nació el 15 de abril de 1452 y, aunque hay dudas sobre si vino al mundo en un caserío de Anchiano (municipio de Vinci) o en el pueblo de Vinci (en la ribera derecha del Arno, entre Florencia y Pisa), lo que es seguro es que murió en Francia, donde trabajaba para Francisco I cuando le llegó la muerte, en 1519. Leonardo vivía en un château, cedido por el monarca francés, muy cerca de Amboise, donde serían trasladados los restos mortales del artista para darle un enterramiento suntuoso.   

Castillo de Amboise (Loira, Francia).
En Amboise, paseando por las salas y jardines del castillo, asomándome a la balconada sobre el río, entrando en la capilla donde está la tumba del genio, entendí algo de la que es su técnica pictórica más notable: el sfumato, consistente en difuminar los contornos basándose en su teoría científica sobre el "espesor transparente del aire". Y es que Leonardo profesaba que la atmósfera no es transparente, sino que tiene color y formas propias, que cambian con la luz, lo que a su vez varía el volumen y el color de los objetos.
A orillas del Loira ese verano de 2008, visitando palacios centenarios y deambulando entre obras de arte sublimes y legendarias, me pareció que sí, en fecto, como enseñaba Leonardo en el siglo XV, existe el espesor transparente del aire.

domingo, 15 de enero de 2012

Los árboles carnales de Séraphine Louis

Séraphine Louis (1864-1934), pintora francesa naïf.
Este fin de semana, de faringitis y reposo voluntario en casa, he visto varias películas, y una de ellas, la francesa Séraphineme ha descubierto a una enigmática pintora naïf, que en esta película, ganadora de siete premios César en 2008, interpreta la actriz Yolande Moreau.

Séraphine Louis (1864-1934) es también conocida como Séraphine Senlis, ya que fue en esa ciudad francesa donde vivió y pintó hasta su muerte, que le llegó en el asilo de Clermont, donde fue recluida cuando perdió el rastro de la realidad.

Wilhem Uhde, retratado por Helmut Kolle.
Cuenta la leyenda que Séraphine, quien jamás estudió pintura y trabajó toda su vida como sirvienta, empezó a pintar porque su Ángel de la Guarda así se lo ordenó. La descubrió en Senlis el mismo coleccionista de arte que descubrió a Picasso: Wilhem Uhde, un marchante alemán que, impresionado por la desbordante imaginación de Rousseau, seguía por Francia la huella de los modernos primitivos o naïf.

Ramas, hojas y frutos centran la obra de Séraphine
Séraphine y Wilhem Uhde se conocieron en el año 1912, cuando ella comenzó a limpiar la casa que el alemán había alquilado en Senlis. Según relataría Uhde, no sabía nada del talento de Séraphine hasta que una noche, impresionado por un bodegón de manzanas que vio en casa de un amigo, y al preguntar quién era el pintor, descubrió a su sirvienta-artista. Desde entonces, y pese al intervalo de la I Guerra Mundial -que obligó a Uhde a huir de Francia-, Wilhem Uhde se aseguró de que los ramos de flores que comenzó pintando Séraphine crecieran hasta convertirse en poderosos árboles de fantasía.

'El árbol del paraíso' (Séraphine Louis)
Todo en la vida de Séraphine fue misterio y reclusión, hasta el punto de que guardaba el secreto de su pintura y nadie podía verla ni siquiera mientras mezclaba colores o preparaba el lienzo. Vivía y pintaba en una habitación pequeña, con apenas espacio para los botes y utensilios, y sobre la modesta chimenea del cuarto ardía siempre una luz para la Virgen, de la que era devota, lo mismo que de los ángeles.

La obra de Séraphine es muy peculiar, tanto por la técnica como por el colorido y la temática. Casi todos sus cuadros se componen de ramilletes de plantas con una textura casi carnal, y en muchos de ellos, los frutos aparecen rodeados de pestañas, de plumas coloreadas y ojos que se abren tras el verdor. De una belleza enigmática y sobrecogedora, exótica y deslumbrante.





miércoles, 11 de enero de 2012

Esfinges guardianas de la Aguja de Cleopatra

Varios lectores me han preguntado detalles sobre un tema que publiqué en este blog allá por el 8 de julio de 2010, en ese paréntesis felicísimo de mi vida que pasé en Londres estudiando inglés y pateando la ciudad con un plano en la mano, entrando y saliendo de museos (¡gratuitos!) y catando medias pintas en pubs con solera.

Obelisco 'Cleopatra's Needle' (Londres).


El asunto del que hablaba hace casi dos años era el obelisco egipcio llamado Aguja de Cleopatra, que está en Victoria Embankment, a la orilla del Támesis, con una esfinge a cada lado, a modo de cuerpo de guardia.

La historia de cómo llegó a Londres esta monumental piedra, las vicisitudes de su traslado tras permanecer enterrada durante siglos bajo las arenas del desierto, está en mi anterior entrada, pero lo que entonces no escribí fueron varios detalles curiosos de las esfinges.

Esfinge junto a la Aguja de Cleopatra (Londres).

Las dos esfinges guardianas del obelisco son representaciones imponentes del faraón Tutmosis III. Ambas fueron añadidas a la Aguja de Cleopatra en el año 1881, pero no son piezas originales, sino copias de las que se exhiben en el castillo de Alnwick y que son parte de la colección artística del duque de Northumberland. Como curiosidad, diré que este castillo escocés ha sido usado para localizaciones interiores en las películas de Harry Potter, y antes se rodaron en él escenas de Beckett y Robin Hood, príncipe de los ladrones

Representación del faraón Tutmosis III.
Los escalones y pedestales del obelisco, así como los de las esfinges, también cuentan su propia historia. En cuanto al primero, resultó dañado en la I Guerra Mundial por el impacto de una bomba, durante un bombardeo aéreo, el 4 de septiembre de 1917. Las marcas en las piezas de metal de escalones y pedestal son visibles en la actualidad.
Ninguna de las esfinges fue dañada por las bombas alemanas, pero uno de los pedestales sí recibió restos de metralla de los que impactaron contra el obelisco, y que se ven claramente. Con todo, hay más información en los pedestales de las esfinges, concretamente, cuatro inscripciones, una por cada cara de la piedra. Dicen que la del lado sur  fue grabada a sugerencia de la reina Victoria, que quiso rendir tributo a la memoria de quienes perdieron la vida en el traslado del obelisco hasta Londres.

En la cara norte del pedestal de las esfinges, ésta es la inscripción: "Gracias al patriota Erasmus Wilson F.R.S. Este obelisco fue traído de Alejandría encajonado en un cilindro de hierro. Fue abandonado durante una tormenta en el Golfo de Vizcaya, recuperado y erigido en este lugar por Juan Dixon C.E. en el año 42 del reinado de la reina Victoria: 1878".
Cara este: "Este obelisco fue erigido en Heliópolis por el faraón Tutmosis III hacia el año 1500 a.C. Las inscripciones laterales fueron agregadas casi dos siglos después, por el faraón Ramsés el Grande. Trasladado durante la dinastía griega a Alejandría, la ciudad real de Cleopatra. Allí fue erigido en el año 18 de Augusto: el 12 a.C.”.

Cara oeste: “Este obelisco, enterrado durante siglos en las arenas de Alejandría, fue obsequiado a la nación británica en el año 1819, por Mohamed Alí, valí de Egipto. Es una digna contribución de nuestros distinguidos ciudadanos Nelson y Abercromby”.
 Cara sur: “William Askin, Michael Burns, James Gardiner, William Donald,  Joseph Bendow, William Patan. Fallecidos en la tentativa de recuperación de la nave del obelisco Cleopatra durante la tormenta del 14 de octubre de 1877”.

domingo, 8 de enero de 2012

Domingo al sol en la Cebada de La Latina

La Latina, como Chueca o Malasaña, es un barrio que siempre está de moda en Madrid, un barrio vivo que se reinventa desde hace más de 20 años. Hay mucha gente mayor -afortunadamente- y muchos críos de escuela, también bastantes turistas de los de mapa en mano, y los fines de semana se convierte en un hormiguero gigante de catadores de bares y tabernas.

Campo de Cebada (La Latina, Madrid).
En los últimos meses, hay un nuevo foco de atención en La Latina: el Campo de Cebada, asentado justo donde años ha estuvo la piscina cubierta del barrio, que el Gallardón más faraónico se apresuró a derribar para levantar uno de sus quiméricos planes y que se atascó antes incluso de la crisis, esfumado como una pompa de jabón.

Cultura sin subvención en La Latina.
En esa explanada de cemento, rasa como una herida abierta adosada al mercado de la Cebada, que languidece por falta de dinero para su rehabilitación -y por la codicia municipal, que busca mejor postor para el centro comercial que finalmente se instalará allí-, se reúnen los fines de semana dibujantes, artistas, cantautores, agitadores, jóvenes y gente del barrio en busca de un lugar donde sentarse al sol.

Grafiti del Campo de Cebada (La Latina).
Hoy en el Campo de Cebada tocaban varios músicos, sin focos ni demasiado sonido, para un auditorio improvisado que disfrutaba del buen tiempo y del sol, materias ambas, gratis.Y, pese a que no hay césped ni agua, ni siquiera una simple maceta, reconforta ver que la presión popular ha logrado que el mismo ayuntamiento que se cargó la piscina y el gimnasio -con prisa y alevosía- ceda temporalmente el uso de esta zona, mientras llegan los millones que prometió Gallardón, varios años antes de saber que Rajoy lo mudaría de Cibeles al Ministerio de Justicia.

Acabar la obra prometida en La Cebada también es de Justicia.

jueves, 5 de enero de 2012

Cuento chino de los magos de Oriente

Hay pocas certezas históricas en torno a los Reyes Magos, aunque un hecho está comprobado: ni eran reyes, ni eran magos. Los textos bíblicos mencionan a unos magos que llegaron de Oriente para adorar a Jesús, pero, en realidad, debieron ser sacerdotes persas. El Evangelio de San Mateo, que es el que habla de ellos, no especifica ni cuántos fueron esos magos adoradores de Jesús ni qué regalos le dieron en ofrenda; de hecho, hay evangelios apócrifos que nombran a cuatro, 40 o incluso más magos. Lo que sí cuenta Mateo es que estos enigmáticos personajes eran astrólogos o astrónomos.

'El viaje de los Reyes Magos' (James Tissot, siglo XIX).

¿Cómo llegaron entonces a ser tres, uno de ellos negro, y traer regalos a los niños buenos cada día 6 de enero?

Los magos de Oriente no fueron ascendidos a reyes hasta el siglo II, cuando el autor latino Tertuliano se inventó la figura del rey viejo, el Melchor tan querido hoy por los niños. Ese mismo siglo, en la necrópolis paleocristiana de Priscilla, en Roma, quedaron grabadas para la posteridad las representaciones de tres figuras que desfilaban ante María, José y el recién nacido Jesús.

Con el correr de los siglos, durante la Edad Media, se fueron afianzando una serie de tradiciones, como la que afirma que los cuerpos de Melchor, Gaspar y Baltasar están enterrados en la Catedral de Colonia. A partir del siglo XV, el arte ya representa a los reyes magos con sus tres perfiles definidos.

'La adoración de los Reyes Magos' (Giotto, siglo XIV). 

Antes de eso, en 1306, el pintor florentino Giotto había inventado la estrella de Belén, el fugaz astro que se supone guió a los universales viajeros hasta el portal. En realidad, lo que Giotto pintó fue el cometa Halley, que aquel año surcó los cielos de Europa, causando miedo y sembrando los malos augurios. Giotto, en cambio, desdeñó la superstición e introdujo la estrella como signo de anunciación jubilosa en La adoración de los Reyes Magos.

Este año 2012, el ritual se celebra una vez más, poniendo la cabalgata de los magos el punto final a los festejos -cada vez más profanos- de la Navidad. Y esto sí que no es un cuento chino.