viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Feliz año nuevo! Happy new year!

En algunas partes de este vasto mundo ya es 2011, pero en mi rinconcito de planeta aún faltan unas vueltas de reloj para despedir 2010. Ha sido para mí un año bueno y provechoso, me ha traído felicidad, valor, riesgo, amistad, amor. Y, aunque esta noche le digo adiós con la pena de quien ha visto partir a un querido familiar, me pueden las ganas de optimismo, el deseo de alimentar la esperanza, el convencimiento de que un mundo mejor es posible. Yo, por mi parte, voy a seguir poniendo granitos de arena para mejorar también en este 2011 que ya se asoma a la esquina.

¡¡¡¡¡Feliz 2011!!!!!

Happy new year 2011!!!!


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Donde van a morir los icebergs

Hay ratos en los que levanto la cabeza, miro a mi alrededor, y aún me sorprende oír una conversación en castellano. Será porque echo de menos Londres, una ciudad en la que encajé estupendamente desde el principio pese a que, por tradición y experiencia, suelo inclinarme del lado de lo latino-afrancesado. De mis seis meses londinenses traigo importado un gusto nuevo por la diversidad; una curiosidad atizada por los idiomas, la historia y la pintura; muchos libros, cientos de fotografías, algunos nombres y unos pocos, no demasiados, planes.

También ha viajado conmigo, de vuelta a Madrid, la costumbre de surfear por la BBC y los periódicos ingleses, donde siempre hallo reportajes curiosos, ingeniosos o, simplemente, divertidos. Precisamente, de la BBC es esta historia sobre la isla de South Georgia, que lleva camino de convertirse en un cementerio de icebergs.

Como en la primera película de Tarzán, pero sin elefantes moribundos, parece que colosales placas de hielo desgajadas de la Antártida son arrastradas hacia el Atlántico, hasta quedar ancladas alrededor de esta isla, de 170 kilómetros de extensión. Al fundirse, estos mega icebergs arrojan miles de millones de toneladas de agua helada, que modifican el ecosistema marino local. El calentamiento global tiene su versión gélida en South Georgia.

Mucho más radical, y un pelín apocalíptica, es la exposición fotográfica Postales desde el futuro, que todavía puede verse en el Museo de Londres. Hay fotos de indudable belleza, como la que presenta Londres convertida en una ciudad navegable, surcada por canales, al estilo de la Venecia que hoy conocemos. Otras imágenes resultan más inquietantes, pero todas tienen una extraña belleza.

Y acabo por hoy con uno de mis British preferidos: el actor Colin Firth (y no porque vaya a meterse de nuevo en el traje almidonado de Mr. Darcy), firme candidato a ganar el Globo de Oro al mejor actor por la que dicen es una magistral interpretación del tartamudo Jorge VI. La película, The King's Speech (ignoro el título en castellano, pero lo lógico sería El discurso del Rey ), tiene siete nominaciones, entre ellas, la de mejor filme en la categoría de drama. Yo se lo daría sin pestañear.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Mantegna, de Mantua a Hampton Court

El 1 de diciembre nevaba en Londres. Me levanté tarde, inusualmente perezosa, y decidí saltarme las clases para visitar Hampton Court, el palacio encantado de Enrique VIII. Yo no vi fantasmas, pero salí fascinada de toda la riqueza histórica y artística que guardan las murallas del palacio.

Las pinturas Los triunfos de César, de Mantegna, me dejaron boquiabierta. Primero, porque no sabía que existían, y segundo, por encontrármelas fuera de Italia, ya que son pocas las obras de Mantegna de tal magnitud que se conservan en el extranjero. La culpa de que los cuadros estén en Londres la tiene Carlos I, el rey inglés descabezado, que además de prepotente fue un excepcional coleccionista de arte y compró cuanta bella obra pudo encontrar y sufragar. 

En este enlace están los cuadros que componen la serie Los triunfos de César.  Para apreciar todos los detalles, basta con pinchar en las fotos e ir pasando el cursor por cada rincón del cuadro. La “manita” de Windows nos hará de lupa milagrosa y nos descubrirá hasta el último rincón. Es así como cobran brillo los escudos labrados que portan los sirvientes; los rostros agitados; los trazos vigorosos; los ropajes coloridos; las sandalias de los soldados; la piel de los elefantes; la riqueza de las cabalgaduras; la intrincada forja; las espléndidas joyas…

Cuando, hace años, visité el palacio Gonzaga en Mantua (Italia), poco sabía de Mantegna salvo por su célebre Cristo muerto, que aparece en todos los libros de Historia del Arte y que se exhibe en Milán. Nada de bellísimas Magdalenas de pelo rojizo ni Vírgenes casi niñas viendo morir a su hijo dios. El Cristo muerto de Mantegna está muerto, y su madre es una vieja arrugada con el rostro desencajado.

En el palacio Gonzaga de Mantua está la exquisita Cámara de los Esposos, decorada con los frescos pintados por Mantegna quinientos años atrás. La habitación es pequeña y se visita en grupos reducidos, para preservar la calidad del aire y la temperatura ambiente. Nada más entrar, sentí como si hubiera en ella algo de sobrenatural, como si esas bellísimas pinturas de quinientos años contaran una historia que no sabía descifrar. Como si el alma de los Gonzaga latiera en ellas, cautivada por la paleta de Mantegna. Como si el encuentro entre nobles que ven nuestros ojos, se repitiera por toda la eternidad.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Por Tutatis, ¡qué país!

Llevan los trabajadores de Gatwick y London City dos días moviendo nieve para que los aviones puedan despegar y aterrizar, y van los controladores españoles y se dan de baja alegando mareos y dolores de cabeza, quizá precursores de una gripe inoportuna. Resultado: el espacio aéreo español, que se dice pronto, cerrado a cal y canto porque unos funcionarios privilegiados quieren, y pueden, irse a casa indispuestos, todos a la vez, mientras 250.000 personas que salían a disfrutar de su puente se quedan varados cual sirenas en tierra firme.

Así lo ve la BBC, que no acaba de dar crédito porque es de las pocas cadenas de TV en Inglaterra que pensaba que España ya no era ese país de charanga y pandereta. Quizá empiecen a replanteárselo.

Pero la cosa no acaba ahí, ya que el Gobierno socialista al que acusan de bonachón, bienintencionado y casi, casi, comunista –que es de lo peor que se puede llamar a alguien a estas alturas de siglo-, está a punto de militarizar el control aéreo.

¡Qué país!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Hampton Court, el palacio encantado

Londres ha amanecido por segundo día sembrado de nieve. Como los periódicos y televisiones no cesan de repetir, la nieve y el hielo tienen bloqueado gran parte del país, incluyendo los aeropuertos de Gatwick y el norte de Escocia. Incluso el sureño Heathrow amaneció hoy cerrado, aunque a estas horas ha reanudado su actividad. Un rápido vistazo a la situación puede verse aquí.

Esta última semana que paso en Londres divido mi tiempo entre las clases, mis paseos y merodeos por librerías y museos, además de otras visitas turísticas que durante meses he ido postergando y que ya no puedo aplazar más. Ayer, por ejemplo, amaneció nevando copiosamente y decidí saltarme las clases para visitar Hampton Court, el palacio real de Enrique VIII.

Cuando me bajé del tren en Hampton (unos 20 kilómetros desde Waterloo) seguía nevando, así que atravesé el puente sin ver nada más que los copos que teñían de blanco mi negro abrigo. Creo que nunca he pasado tanto frío, pero mereció la pena el viaje, la caminata y las 12 libras de la entrada (sin carné de estudiante, 16 libras) por ver casi a solas este bello palacio.

La mayor atracción de Hampton Court es Enrique VIII, el monarca Tudor famoso por su obesidad, sus seis mujeres y la facilidad con que mandaba al cadalso a esposas –Ana Bolena, Catalina Howard-, amigos –Tomás Moro- y consejeros -el cardenal Wolsey y Cromwell-.  Pero este rey excesivo fue también quien puso los cimientos de lo que ahora es el Reino Unido: rompió con el Papa de Roma porque no lo dejaba divorciarse de Catalina de Aragón -su católica mujer durante 20 años- y se erigió en cabeza de la Iglesia. Fue un rey temible y fascinante que hizo de Hampton Court su residencia, la amplió y embelleció con obras de arte, mobiliario y tapices. Y construyó unas gigantescas cocinas que daban de comer a 600 personas cada día. Los apartamentos de Enrique VIII, María II, Guillermo III, la Capilla Real y las salas georgianas, junto con losjardines, dan para más de cuatro horas de visita. Si, además, se quiere explorar la colección de pintura, hay que dedicarle un día entero.

En Hampton Court hay otro tesoro: la serie de pinturas “Los triunfos de César”, de Andrea Mantegna (1431-1506). No pude hacer fotos, está prohibido incluso sin flash, y además había estado hablando más de 10 minutos con el guardia de la sala y no era cosa de ponerme a hacer fotos de incógnito. Las pinturas muestran una procesión triunfal de César, que aparece en la última escena. Hoy estamos acostumbrados a la iconografía, y los colores, figuras y paisajes nos son familiares, pero cuando Mantegna -a mediados del siglo XV- pintó los templos, columnas y capiteles que sirven de escenario a la entrada triunfal de César, el mundo no sabía cómo era la Roma clásica.

Estas pinturas pertenecen a la Corona británica porque fueron compradas por Carlos I, tristemente famoso por ser el único rey inglés ejecutado. Fue un monarca autoritario que se negaba a ceder ante el Parlamento y llevó al país a una guerra civil, que perdió junto con la cabeza. También fue un amante del arte que compró y atesoró obras en toda Europa, gracias a lo cual ahora en Hampton Court hay Caravaggios, un George La Tour, las obras de Mantegna y muchas otras repartidas por otros palacios, propiedad de Isabel II.

Hampton Court es un palacio encantado. Concretamente, esta galería, que preside el cuadro "La familia de Enrique VIII". Durante décadas se creyó que el espíritu de Catalina Howard -la esposa que Enrique VIII asesinó acusándola de adulterio- vagaba por todo el palacio. Es cierto que Catalina fue encerrada en una habitación de Hampton Court, de la que escapó para ir a ver a su esposo a pedir clemencia, pero los guardias la atraparon en un pasillo. Es en ese pasillo donde dicen que se han escuchado sus alaridos y han aparecido rastros de lo que parece sangre. En 2001, la reina Isabel II designó a un grupo de científicos para detectar actividad paranormal en el palacio. Los expertos vieron cosas inexplicables y quedaron atónitos al visionar videos donde aparecía una figura de mujer.

Yo no vi ningún fantasma, y eso que estuve sola varios minutos haciéndome fotos delante del cuadro de la familia de Enrique VIII, obra de un pintor desconocido hacia 1545. El cuadro es muy curioso: en el centro posa Enrique VIII, sentado entre su único hijo varón, el príncipe heredero Eduardo; y su hija Isabel, la futura Isabel I, la Reina Virgen. De pie a la izquierda, su otra hija, la princesa María, hija de Catalina de Aragón y futura reina de Inglaterra tras la muerte del joven heredero. Y a la derecha, la ya por entonces difunta Jane Saymour, madre del príncipe heredero. Al fondo aparecen dos figuras, una de las cuales sostiene un mono.