martes, 20 de julio de 2010

Jane Austen vivió aquí (I)

Hace más de 10 años, publiqué en el periódico para el que trabajaba un reportaje de viajes a modo de ruta literaria por el sur de Inglaterra. Quiso la fortuna que, años más tarde, una web amiga me ofreciera alojamiento sin fecha de caducidad, y ahí sigue ese reportaje, junto con otros de mis trabajos para el periódico de cuyo nombre no quiero acordarme.

Llevaba ese reportaje impreso cuando el sábado cogí el tren de las 8.39am que me llevaría de London Waterloo a Winchester. Además de comprobar que las palabras puede que no envejezcan, pero eso no significa que no destiñan, me entró LA duda, retorcida y manida duda: para qué, para quién, por qué… escribimos. Por suerte, el trayecto en tren dura una hora y no me dio tiempo a regodearme en tan improductivo patetismo.

Winchester era tal y como lo recordaba, hasta el punto de que no necesité el plano para llegar a la catedral, primera parada de mi peregrinación a los santos lugares donde vivió, escribió y murió Jane Austen (1775-1817). La sensación de familiaridad era casi abrumadora mientras trotaba por el césped como niña con zapatos nuevos.

La catedral abre a las 10, y ya había dos grupos esperando para entrar, uno de ellos… de españoles. En serio: jamás he visto más españoles fuera de España, que este verano en Londres y alrededores. ¡Estamos por todos lados!


La lápida de Jane Austen está en el suelo, a la izquierda de la nave principal, una sencilla losa negra con un epitafio en el que no hay ninguna mención a su fama como escritora: “En recuerdo de Jane Austen, la hija menor del difunto reverendo George Austen, quien fuera rector de la parroquia de Steventon en este condado. Abandonó esta vida el 18 de julio de 1817, a los 41 años, tras una larga enfermedad soportada con la paciencia y esperanza de una verdadera cristiana.
La bondad de su corazón, la dulzura de su carácter y su inteligencia le valieron la admiración de cuantos la conocieron, junto con el más tierno amor de sus seres queridos. La pena de su familia es tan grande como irreparable es su pérdida, pero aun en su más profunda aflicción, les consuela la firme aunque humilde esperanza de que su bondad, devoción, fe y pureza hayan hecho a su alma merecedora de la lucha por su redención".


Pisando la piedra negra, me di cuenta de que Jane Austen murió un 18 de julio de 1817, y ahí estaba yo, un 17 de julio de 2010, traduciendo su epitafio y yendo hacia atrás en el tiempo, tan atrás como ese mismo día hace 193 años cuando la escritora estaba a punto de exhalar su último aliento, atendida por su inseparable hermana Cassandra. “Ojalá”, pensé, “ojalá esa bondad, devoción y fe la ayudaran a aceptar una muerte precoz, inmerecida, injusta si es que alguna muerte lo es, cuando aún le quedaba tanto por vivir y por escribir”.

Quizá para reparar lo que su tiempo no le dio, en la pared justo al lado, una ventana-memorial con una placa dorada erigida a principios del siglo XX rinde tributo a Jane Austen la autora. Tras su muerte, su fama había ido creciendo tan subrepticia como imparable, extendiéndose como el agua empapa la tierra porosa. Tanta gente llegaba a la catedral preguntando por su tumba, que en 1850 un sacristán promovió una encuesta para recopilar la vida y obra de la señorita Austen. Hasta entonces, el buen hombre pensaba que la lápida negra estaba en un sitio tan prominente de tan venerable catedral, por su padre, el reverendo.


Como este año se cumplen 200 de la publicación de Orgullo y prejuicio y Sentido y sensibilidad, la catedral exhibe algunos objetos que pertenecieron a Jane Austen: primeras ediciones de sus novelas; un poema o “charada” de su puño y letra (pasatiempo muy popular en el siglo XVIII: se escribía el poema-acertijo en una hoja de papel que, doblada, se pasaba al resto de jugadores para que adivinaran); una carta del editor recomendando cambios en el manuscrito de Emma, que Jane Austen rechazaba; cartas a la muerte de un amigo muy querido…

Dediqué casi una hora a rondar la tumba, leyendo cada línea y contemplando cada pequeño tesoro. Mi inglés se vio mejorado con interesantes expresiones, mi habilidad lectora, entrenada como cada día, y mi espíritu, reconfortado de un modo extraño y pueril. Pero reconfortado.


El viaje continúa aquí
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2 comentarios:

  1. Jane Austen es mi heroína, acabo de terminar uno de sus libros y, pensando en hacer un viaje, seria mi sueño ver donde pasó su vida, y gracias a la tecnologia me encontré esta pagina,me encantó el reportaje!! muchas gracias por compartirlo.
    saludos desde Argentina!
    Atte. Camila.G

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  2. Si quieres saber y ver más cosas de Jane Austen, en el TAG "Jane Austen" de este blog encontrarás más enlaces a otras entradas, y en ellas, links a páginas virtuales de Winchester, Bath, Chawton, etc. Hay muchísima información y, si quieres detalles concretos, no dudes en preguntarme.

    Saludos

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