viernes, 18 de junio de 2010

Nubosidad variable

Así se llamaría este blog si no fuera ya el título de un estupendo libro de Carmen Martín Gaite; una novela que me ha reconfortado, reafirmado y enseñado muchas y buenas cosas a lo largo de los años. De modo que, a falta de nubosidad variable, he encontrado estos cúmulos y limbos que coloco en generoso desorden sobre mi patio sin tejado.

Cúmulos, porque colgada de las nubes es como he pasado -y paso- muchas, buenas y productivas horas de mis entaitantos años: suspendida entre frondosas nubes blancas; ingrávida, sintiéndome liviana en mi cama de perezosas nubes blancas.

Y limbos, porque en el paraíso de los eternos distraídos siempre ha habido una silla con mi nombre. Algo que de niña me mortificaba y que con los años casi veo como una ventaja. Casi.

Cúmulos. Limbos.

Y nubosidad variable.

Porque, claro, la vida no es una carcajada continua, ni tan siquiera una sonrisa indulgente. Tampoco podemos pasar las 24 horas del día encaramados a una nube. Hay que estudiar, trabajar, tener familia, amigos, ayudar a los demás... y lidiar con nuestros cambiantes estados de ánimo. Casi nada.

Para mí, los libros, el arte, la historia, los viajes, la escritura... y otra vez los libros, son la brújula indispensable. No podría vivir sin ellos y hasta es posible que viva para ellos. Abrir esta ventana en forma de blog parecía inevitable.

Y aquí es donde echamos a andar, mi blog y yo.

Porque todos tenemos algo que decir aunque no haya nadie que nos escuche.

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