martes, 29 de junio de 2010

Más nubes que claros hoy en Londres

Si antes hablo (mejor dicho, escribo), antes tengo que enmendarme y contar que la BBC 1 lleva buena parte de la tarde emitiendo en directo la ceremonia de repatriación de los cuerpos de 7 soldados y marines británicos muertos en Afganistán en los últimos días. Mientras los ataúdes eran bajados del avión y transportados a hombros de sus compañeros de batallón, la televisión mostraba las fotos de los fallecidos y algunos datos de sus biografías así como palabras de despedida de sus familiares. Ahora están esperando que los restos lleguen a Wootton Bassett, donde una multitud espera en las calles para darles su último adiós.

Todo muy emotivo, pero con esa contenida emoción que muestran y demuestran los flemáticos británicos, aunque cada día les maten un soldado… o más de uno, en supuestas misiones de paz. No quiero ni imaginarme qué sucedería en España si cada semana tuviéramos que velar a un soldado, ¿se desintegraría el Estado, el Gobierno, el país entero?

La otra noticia del día, el regreso del equipo de fútbol apaleado, sigue llenando páginas y minutos de emisión. Desde luego, jugar no sé si jugarán, pero verlos bajar las escalerillas del avión con sus trajes cortados a medida, es inspirador. En eso se nota la mano de Beckham, eso es indudable.

Aunque haya otros que llenen una página entera de periódico declarando que Inglaterra no ganará hasta que no practique la moral de equipo, o lo que es lo mismo, que la falta de cohesión social aplasta cualquier posibilidad de éxito. Y pone como (buen) ejemplo a Messi, colocando en el mal camino a Gerrard, Cole, Lampard and Beckham, que han estado en el equipo durante años “y no han hecho nada ni han llegado a ningún sitio”.

La selección española se enfrenta en unos minutos a su propio paso del Rubicón, y aquí en Londres los pubs aprovechan para hacer caja, juegue quien juegue, que para eso se deben al negocio. La mayoría de pubs ha hecho provisión de banderas y adornos para que no les falten ni los clientes que se acercan a ver los partidos en grandes pantallas de plasma, ni la cerveza, por supuesto. Ingentes cantidades de cerveza que se beben por pintas.

Y la “maruja” que hay en mí no puede evitar poner una foto que demuestra cuán humanas son las modelos y actrices. Esta vez la cámara indiscreta ha captado el descuido de Naomi Campbell al enseñar las increíblemente prominentes entradas que tiene ya en su cráneo.

Por mucho que mueva la melena. O precisamente por moverla demasiado.

Capello vuelve y la Reina se va a Canadá

El futuro de Fabio Capello es lo único que parece interesar en este país. Los medios de comunicación pedían su cabeza antes incluso de que Alemania les pateara el trasero apeándolos de la World Cup. Pero Capello, obstinado y machacón, repite en público que él no se va, mientras en privado seguro que contesta que si quieren que se vaya, que lo echen. Lógico: con la nómina que lleva a casa cada mes, ¿se va a ir por voluntad propia?

Y digo yo, ¿no sería conveniente repartir un poco las culpas y afear la conducta a los jugadores? Algo tendrán que ver en la paliza que les dieron los alemanes, así como en el mal juego que han exhibido durante su efímera estancia en Suráfrica… O, ya puestos, cuestionar a Beckham, que parece que aparte de la campaña de imagen y el glamour no ha aportado nada de provecho.

Claro, que si el país entero no hablara de Capello, quizá tendría que hablar de cómo el Gobierno conservador va a desplumar el Estado del Bienestar; del goteo de soldados muertos en Afganistán; de la incapacidad de BP para controlar el vertido en el Golfo de México; de la pasividad de la policía en ciertos casos de ataques sexuales a mujeres…

También hay noticias positivas en los medios de comunicación, como la espectacular subida de ventas de los útiles para hacer barbacoas, incluyendo los manteles para poner la vajilla de papel sobre el césped o los cubiertos, platos y cantimploras para ir de pícnic en cualquier esquina de cualquier parque.


Y es que en Londres hay dos actividades con éxito de público asegurado: tumbarse en la hierba e irse de rebajas a Oxford Street (sin falta, repaso a Marks & Spencer, TopShop y Seldfridges)
El último apunte del día es para una de mis protagonistas preferidas, la Reina, que haciendo una temperatura tan estupenda en Lodres, no se le ocurre otra cosa que irse a Canadá de visita oficial. Allí la han recibido un aguacero y un grupito de personas. Obsérvese en el vídeo la risa del segurata cuando la señora que tiene delante es incapaz de dominar el paraguas. Eso sí, Her Majesty es todo un carácter: ella solita coge su paraguas y baja la escalinata del avión sujetándolo con energía, sin miedo a resbalar o a despeinarse. A sus 84 años. Ahí es nada.

lunes, 28 de junio de 2010

Haciendo el guiri en Greenwich


En el día más caluroso del año en Londres (BBC dixit y yo corroboro), no se me ha ocurrido otra cosa que irme a Greenwich a pasar la mañana de domingo. Había leído maravillas de este barrio de la periferia al sureste de Londres, mundialmente famoso porque ahí se trazó el meridiano 0, longitud 0, latitud 0. Hay quien lo llama el ombligo del mundo, y hoy lo parecía.

Una atracción turística como otra cualquiera, pero tiene su gracia subir la colina del Observatorio Astronómico y hacerse la foto con un pie en el oeste y otro en el este. Lo que no sienta tan bien es tener que esperar quince minutos de cola, a pleno sol, para que en la foto no salgan decenas de desconocidos chupando cámara (obsérvese la foto sobre estas líneas).

Yo no tuve paciencia y decidí secundar a unos franceses, con lo que también tengo mi foto con las piernas abiertas, un pie en el este y otro en el este del mundo. Eso sí, en la parte trasera del meridiano. Menos aún se preocupó este monje (?) que ni siquiera se acercó a la estructura de metal. Cosas del antipaganismo, o que ya llamaba bastante la atención por la túnica tan abrigadita que llevaba.

Yo a Greenwich ya llegué algo molesta, por decirlo de un modo amable. Las eternas obras del metro los fines de semana; los cierres de estaciones; el tren parando cinco minutos en cada estación; el calor porque no hay aire acondicionado en ningún vagón; el supuesto trasbordo en Tower Hill que en realidad consiste en salir de una estación, andar entre obras y entrar en otra del mismo nombre, con lo que pagas doble billete (y Greenwich está en la zona 2, con lo que el viaje sale a casi 4 libras). Y al llegar, cientos de personas haciendo lo que yo: el guiri.

El mercado es como el cubierto de Brick Lane, pero mucho más pequeño y más atestado de puestos, y la comida peor. Me hubiera tirado de los pelos de no necesitar las manos para evitar a un grupo de chicos con sus tupper de plástico humeantes de cuscú, pitas y hasta una banana especial recubierta de chocolate y nata. Y, como si no puedo vencerlos, me uno a ellos, corrí yo misma a un puesto de comida etíope, vegetariana, y por 4 libras me tomé una aceptable bandeja de zanahorias, garbanzos, cuscú y hojas de parra con arroz. Sentadita en un banco bajo los árboles del Museo Marítimo.

La visita al Observatorio fue rápida, estaba cansada, acalorada, agobiada por la cantidad de domingueros, y además prefería pasear por la orilla del Támesis y encontrar los dos pubs históricos sobre los que había leído.

Llegar al primero, Trafalgar Tavern, fue cosa de niños: me guiaron los gritos de los fans que veían cómo Inglaterra perdía contra Alemania (otra vez). Me senté bajo una sombra en la terraza, justo a los pies de la estatua de Nelson, frente al río. La verdad es que este pub por sí solo ya merece una visita a Greenwich. Los escritores Dickens y Thackeray lo nombran a menudo en sus libros, y en el siglo XIX el Gabinete de Ministros navegaba río abajo para comer un buen plato de chanquetes.

Tiene un gran balcón contra el que rompen las olas del río y un primer piso más refinado con el restaurante propiamente dicho. Y la estatua de Nelson, el héroe de Trafalgar que hoy no pudo evitar la derrota de Inglaterra a manos de (esa sí) la Invencible Armada alemana.

Ya más reconciliada con Greenwich, caminé otro rato por la senda junto al río hasta que encontré el segundo pub histórico: el Cutty Sark, una auténtica casa georgiana de ladrillo rojo, también con terraza en la calle sobre el río y un interior de madera apabullante. Me habría tomado una Guinness, pero el calor y la perspectiva de desandar más de dos kilómetros hasta el metro, me disuadieron.

Cogí mi plano y me dirigí directa… en sentido contrario a donde debía, que es algo que me ocurre con frecuencia. Sólo que me topé con la calle donde pasaba el 188, autobús que casualmente viene al centro. Por supuesto, no tenía aire acondicionado, pero lo peor es que a mitad de camino se estropeó y tuvimos que esperar al siguiente a pleno sol (otra vez). Menos mal que no nos hicieron pagar doble y llegamos sin más sobresalto a Holborn; eso sí, después de recorrer todas y cada una de las calles de la orilla derecha del Támesis. Una hora más tarde, me bajaba en Holborn para coger mi querido autobús 59 que, éste sí, me trajo a casa.

Así que no me queda más remedio que volver a Greenwich otro día, por supuesto, no un domingo, para pasear por los jardines reales y visitar de verdad el Observatorio Astronómico, con su colección de instrumentos de medición, relojes, películas sobre el universo y sus interrogantes y los apartamentos del XVIII donde se alojaba el astrónomo real.

Y tratar de descubrir qué queda del pueblo que en los siglos XVII y XVIII era lugar de veraneo real, o ese Greenwich de las acuarelas de Turner. Desde luego, no en domingo.

domingo, 27 de junio de 2010

Antojo de dinosaurios


“Algunos de los mejores fósiles de esta galería fueron encontrados por Mary Anning (1799-1847), de Lyme Regis (Dorset). A los 11 años, descubrió el esqueleto completo de un ictiosaurio en las rocas Blue Lias, en la playa de Charmouth. Desde entonces, la búsqueda de fósiles se convirtió en la pasión de su vida, consiguiendo el respeto tanto de los coleccionistas como de los científicos. Desgraciadamente, la “mujer fósil” de Lyme Regis murió de cáncer a los 47 años.

En el sur de Inglaterra se han encontrado numerosos ictiosaurios y plesiosauros fosilizados, bien preservados en rocas del Jurásico Inferior y Medio. Mary Anning fue la primera persona en descubrir esqueletos completos de ictiosauros y plesiosauros. Sus extraordinarios fósiles aún son estudiados por los científicos de hoy en día”.


Cuando empecé este blog escribí que vivo en/por/para la ficción y los libros tanto como en la vida “real”. No lo decía por hacerme la interesante o dármelas de lista; de sobra sé que ese tipo de cosas genera un rechazo tan fulminante como el de los chispazos eléctricos repeliendo motas de polvo. Pero es cierto: desde que era una cría, los libros montan a mi alrededor un formidable andamiaje, sin pedir permiso o anunciarse con tarjeta de visita, porque los libros nunca duermen aunque nosotros no estemos despiertos.

Todo esto viene a cuento de que ayer tuve antojo de dinosaurios.

Iba paseando al Victoria & Albert Museum y, de repente, me apeteció caminar entre los frágiles y huesudos esqueletos de esos animales extinguidos hace millones de años. Así que me detuve en el Museo de Historia Natural, cogí el imprescindible plano y me dirigí al hall donde el Diplodocus impresiona con su larguísima cola, su formidable cuerpo y su diminuta cabeza.



En la sala anterior me encontré con Mary Anning y su gesto serio, su severo vestido negro y su sombrero firmemente atado al cuello. Sobre el retrato, el esqueleto de uno de los animales que descubrió, y al lado, las pocas líneas de tributo que he traducido al principio. Tan sólo la mirada inquisitiva, firme y directa delata la extraordinaria criatura que debió ser Mary Anning.

¿Y qué tiene que ver esto con los libros y mi querencia por vivir en ellos? Primero: resulta que la Mary Anning real es la protagonista (¿de mentira?) de Remarkable creatures, el libro de Tracy Chevalier que estoy leyendo y que fue lo primero que compré al llegar a Londres. Desmontando el andamiaje hacia atrás, llegamos a la conferencia de Tracy Chevalier, primer acto cultural al que asistí aquí, hace ahora un mes, en el Museo de Londres, que a la sazón es el escenario de algunos pasajes de otro libro de Chevalier, Ángeles fugaces, que acabó de cimentar mi gusto por esta escritora después de El azul de la virgen.

Pero todo esto venía a cuento de que ayer tuve antojo de dinosaurios.

Mi primer libro fue un libro sobre dinosaurios, un libro con brillantes láminas de colores y sus larguísimos nombres en negrita, difíciles palabras que yo apenas podía deletrear. Recuerdo mi extrañeza porque nadie me hubiera hablado de unos animales así, recuerdo la sorpresa y recuerdo la fascinación, mis ansias nuevas por aprender, mi deseo de seguir leyendo, estudiando y sabiendo cada día más. Recuerdo que quise ser como los hombres del libro, barrer también yo con una escoba la tierra y descubrir los huesos de esos magníficos animales.


Cuando ayer me topé con Mary Anning y vi sus ojos, por un instante fue como si la viera posando, casi doscientos años atrás, con algo de fastidio y mucha prisa por salir a recorrer los peñascos de la playa persiguiendo huellas de dinosaurios.


Me senté en el banco frente al cuadro contemplando la sala llena de huesos, restos de mandíbulas, algunas tibias y muchas, muchísimas fotos y explicaciones de quiénes fueron esos prodigiosos animales. Había decenas de niños, la mayoría entusiasmados pegando las naricillas a las vitrinas, pero también muchos con cara de fastidio, como si no entendieran la alegría de sus padres cada vez que descubrían un nuevo esqueleto, cuando ellos estaban deseando llegar a casa para jugar con la Play.

Me pregunto qué pensaría Mary Anning de esas manadas glotonas que engullen siglos de ciencia sin pararse ni a eructar.

sábado, 26 de junio de 2010

España gana, Londres huele a primavera

Esta vez sí que ha habido dos sin tres, y aunque Francia e Italia se hayan ido a casa por la puerta pequeña, España sigue contando entre los favoritos a ganar el Mundial de Suráfrica. No es que yo sea muy aficionada al fútbol (más bien nada), pero en Londres cada partido se vive casi como una fiesta nacional, los pubs abarrotados dentro y fuera, la cerveza y los licores de alta graduación espoleando las alegrías y dulcificando las penas. Todo, bajo la atenta mirada del guardia de seguridad (dos si el local es grande y tiene terraza en la calle), que controla que nadie se desmande, que nadie fume donde no debe ni se rompan vasos o botellas.


Mientras escribo esto, en la calle se sigue festejando el trunfo de España, pero a lo mejor es porque al lado está el restaurante y bar de copas español-latino Camino, toda una sensación en la zona. Para muestra, estas dos fotos que he tomado cuando regresaba a casa y dos fans exhibían su orgulllo patrio envolviéndose en sendas banderas.



Por lo demás, Londres huele hoy a primavera, una primavera tardía, cálida y remolona. Y se me hace extraño porque todos los escaparates chillan sus rebajas del 50% y hasta el 70%, y los bikinis, vestidos, gafas, shorts y bronceadores vuelan de las vitrinas. Y tengo que recordarme que es verano aunque para mí esto no sea calor, recordar que junio se agota y el séptimo mes llama a la puerta.

viernes, 25 de junio de 2010

Ruleta rusa con las vías del tren

Hoy pensaba escribir sobre las cafeterías de los museos de Londres, algunas de ellas verdaderas obras de arte y golosa tentación por sus montoncitos de galletitas, muffins, pastelitos y tartas. Pero el accidente de tren en España me ha dejado el estómago para pocas alegrías, así que el tour por estos modernos refectorios tendrá que esperar.

Lo más terrible de la tragedia en España es que pudo haberse evitado. Fácilmente. Una sola persona, tan sólo una advirtiendo del peligro y convenciendo al resto, y el desastre habría sido engullido por el mismo agujero negro que lo creó. Pero no fue así, y me pregunto si estamos tan acostumbrados a coquetear con el riesgo que ya no lo “sentimos” real.

Tentamos a la suerte de mil maneras, ya sea conduciendo con dos copas de vino; llevando al niño en el coche sin cinturón porque, total, son dos minutos de nada; cruzando la calle tres metros más arriba o cinco más abajo del paso de peatones señalizado; fumando más de la cuenta y pasándonos con el alcohol sólo en contadas ocasiones… cada semana. Y casi siempre salimos indemnes, pero hay veces en que la delgada línea que separa la vida de la muerte, se rompe.

La tragedia de Castelldefels es irreparable y sólo queda llorar a los muertos y consolar a los vivos.

Pero hay sitios, como Torrejón, donde esta misma mañana un grupo de hombres jugaba a la ruleta rusa con las vías del tren. Con cabezonería y un puntito de temeridad, explicaban al periodista que ellos cruzan por encima de las vías –igual que en Castelldefels- todos los días, que lo hacen para ahorrar tiempo, porque no hay ningún cartel que lo prohíba y, sobre todo, porque ellos sí que lo hacen con cuidado, no como los pobres de Castelldefels.

Lo irónico es que uno de esos “cuidadosos” señores que se jacta de cruzar a la tremenda la vía del tren, es un profesor de instituto. Si yo fuera la madre de uno de sus alumnos, me cambiaría de barrio sin dudarlo. Alguien que no tiene respeto por su propia vida no puede enseñar nada a los demás.

miércoles, 23 de junio de 2010

Inglaterra sube en la World Cup y yo me bajo al río


Increíble pero cierto: millones de fans han visto esta tarde el partido de Inglaterra contra Eslovenia, gracias a que muchas empresas y colegios han alterado sus horarios, sospechando que tanto trabajadores como estudiantes se iban a escaquear de todas formas. Una ola de exaltación patriótica y alegría desbordante que se han perdido miles de habitantes del suroeste de Londres y Salford por culpa de cortes en el suministro eléctrico.

Y eso que todavía no ha entrado en vigor el recorte presupuestario y la subida del IVA que, en directo en la BBC, han tratado de explicar Cameron y Clegg. El programa de TV, idéntico al español “Tengo una pregunta para usted”, ha acabado en tablas en lo verbal y con bola de partido para el gobierno conservador-liberal, of course.

Ahora que lo pienso, quizá los cortes de luz se deban a que en ocho o diez casas han encendido los aparatos de aire acondicionado, ya que hoy y los próximos días se anuncian hasta ¡30 grados! en Londres y el sur de Inglaterra. Y no lo digo en broma, ni mucho menos, que aquí el aire acondicionado en las casas es tan raro como la calefacción central en Málaga, por poner un ejemplo que me toca de cerca.

A las 12.30, acabadas mis clases y hechos los deberes, se me ha antojado pasear por el río. Hasta allí me he ido con la tartera y, al más puro estilo londinense, me he comido el sándwich y la fruta sentada en el césped en el Temple, las sandalias quitadas, leyendo el periódico y viendo de refilón los cajones del London Eye (la noria, vamos).


Y del periódico gratuito Metro he sacado dos recortes que me han encantado. Uno, sobre el maletín rojo del Presupuesto, jubilado a los 150 años y bastante ajado (como se puede ver en la foto). Lo han usado todos los ministros de Finanzas desde hace 150 años y ahora pasará al museo.

Y el otro recorte de periódico es un calendario con modelos pasadas por rayos X. Lo está enviando el laboratorio japonés EIZO para promocionar sus máquinas de rayos X y demuestra cuán cierto es aquello de “La belleza está en el interior”. Al menos, las modelos de este calendario tienen una preciosa osamenta.

Osborne detalla su tijeretazo económico y Londres se tumba al sol




La tormenta económica ha descargado sus primeros rayos sobre los ciudadanos británicos. Los mismos que llevaban semanas oyendo hablar de recortes y apretarse el cinturón, pero que pensaban que eso era cosa de griegos, portugueses y españoles (ya se sabe, latinos, mediterráneos, gente relajada y derrochadora, cigarras en una Europa de hormigas). Pero, por como tronaba hoy en Westminster el flamante ministro de Finanzas, George Osborne, los súbditos de Her Majesty están también en el ojo del huracán.

Para abrir boca, el Gobierno conservador del señor Cameron subirá el IVA al 20%, congelará los sueldos de los funcionarios y las ayudas a la infancia, además de dar un tijeretazo del 25% en el sufrido paño del gasto público. Eso sí, el alcohol, el tabaco y la gasolina se escapan de esta subida de impuestos. Los ingleses podrán seguir bebiendo, fumando, contaminando y atascando calles y carreteras por el mismo precio.

¿Qué dice la oposición laborista, que hasta hace tres días gobernaba el barco? Pues que el ajuste tumbará a los más débiles sin asegurar un ahorro significativo que sirva para crear riqueza. Claro, ¿qué van a decir ellos, los supuestos culpables de que el país se dirija derecho a la bancarrota? (Cameron dixit)

Los londinenses, por si acaso, se han lanzado hoy a parques y jardines aprovechando un espléndido día. Fuera camisetas, zapatos y hasta faldas y pantalones. Aquí en cuanto sale un rayo de sol se tiran al césped, algunos con bronceador y toalla incluida. En Hyde Park, las butacas de lona se alquilan al módico precio de 1,5 libras la hora, 4 libras tres horas. Las bicicletas, patines y equipamiento de jogging hay que traerlo de casa. Y para los más sibaritas, la terraza Serpentine, más llena de lo deseable (para el cliente), algo cara y con un servicio remolón en los momentos álgidos de ocupación. Un oasis superpoblado, pero oasis al fin y al cabo, a dos pasos del barullo de Hyde Park Corner.

lunes, 21 de junio de 2010

Lunes de sol, peleada con el metro y sorpresa al final de la tarde



Hoy estoy algo cansada y un poquito perezosa. No sólo porque sea lunes (aunque eso siempre aplaca el estado de ánimo más chispeante) o porque la selección española juegue un partido decisivo en la invernal Suráfrica. Aquí en Londres, contradiciendo el musical "Nice and cold" (Agradable y frío) con que ellos definen sus buenos días (un poco burlándose de los frioleros latinos que vamos con gabardina mientras ellos visten chanclas y tirantes), el sol y el calor han sido la tónica.

Quizá por eso, porque la mañana era tan cálida y agradable, he sufrido más el shock de sumergirme en el metro a las 8.30 am. La lucha diaria para entrar en un vagón lleno hasta los topes de gente que a las 8.30, ¿no debería llevar un rato aporreando teclas en su pantalla de ordenador o algo así? Porque a los españoles nos venden la idea de que en el resto de Europa se entra a trabajar muy temprano, nos dicen que por eso a las 12.30 ya están dándole al lunch y a las 18.30 sentados a cenar. Entonces, ¿por qué a las 8.30 am están peleándose por entrar en el mismo vagón que yo, estudiante de inglés en una academia entre Holborn y Covent Garden? Seriously, a mí no me salen las cuentas, sobre todo porque desde las 12 ya hay grupos en la puerta de los pubs, fumando mientras beben su pinta de Guinness, Ale o Lager pertinente. Insisto: no me salen las cuentas.

Ya en clase, hemos analizado los estereotipos usando proverbios de varios países y culturas para acabar debatiendo sobre optimismo y pesimismo. El clásico: "Un pesimista es un optimista bien informado". Así que, tomando nota y aligerando mis quejas sobre el metro de Londres, le concederé que es de los más rápidos, eficientes (también carísimo) y bien señalizados de Europa. Al menos, las líneas del centro y por suerte la mía(pasa por King's Cross-St. Pancras y llega a Heathrow, ¡si esta no funciona bien!). Sólo le pondría una "pega", pero en plan optimista: que los fines de semana cierran la mitad de estaciones y a veces líneas enteras. He aquí la prueba: transportLondon. Eso sí, bien informados estamos, y con antelación, para elegir el bus de reemplazo y echarle un mínimo de 20 minutos de más.

Después de comer, pensaba sumergirme de nuevo en el metro para ir al Museo de Historia Natural, previo paseo mirando escaparates por las callejuelas de Charing Cross, Covent Garden, el British Museum... ¡Incauta de mí! De cabeza a las obras de Tottenham Court Road. Yo pude salir despavorida, pensando una vez más que peor lo tiene la estatua de cartón piedra de Freddie Mercury, que lleva años tragando polvo y sufriendo ese infernal ruido en la fachada del Dominion Theatre

La sorpresa agradable del día ha sido descubrir, cerca de donde vivo, el Museo del Canal de Londres (cerrado los lunes)y, por supuesto, el propio canal y un pub con terraza a las aguas, algo demesticadas, eso sí. Dos sitios a los que volver con el ánimo mejor templado.

Shrek en Leicester y los Hare, de festival en Trafalgar



Si el almirante Nelson levantara la cabeza, o si tan sólo pudiera girarla y ver lo que cada fin de semana se organiza a sus espaldas, probablemente preferiría haber sido él el derrotado por la (no tan Invencible) Armada española. Pero ahí sigue el hombre desde 1843, encaramado en su pedestal victorioso, la postura marcial, el gesto aguerrido, dándole la espalda a la National Gallery y a la iglesia de St. Martin in the Fields.

No hay sarao que se precie que no empiece o acabe en Trafalgar Square. Aquí se vivió la ceremonia de apertura del Mundial de Suráfrica, y aquí terminan los exhaustos participantes de tantas, tantísimas protestas cívicas como vive esta ciudad.

Hoy ha sido el turno del festival Hare Krishna. Como suena. Que para eso Londres fue capital de imperio colonial, pero ahora es la acogedora casa de tantos hijos multiculturales y multirraciales.


Muy cerca de allí, en Leicester Square, se celebraba otra especie de festival: actuaciones en vivo de algunos de los musicales que (sospecho) deben andar algo flojos de público. Desde el Rey León a Priscilla o Billy Elliot, los cantantes y bailarines han hecho lo que han podido para entretener al exiguo público.

Eso sí, el protagonista indiscutible era Shrek, con una larga cola de niños -y adultos- cogiendo turno para hacerse la foto con el verde y feo ogro bueno.

sábado, 19 de junio de 2010

Y el viaje comienza en Londres

Este blog y el recuento de mis aventuras comienza en Londres, la archifamosa capital de Inglaterra, alma del Reino Unido de la Gran Bretaña que tan graciosamente tutela Her Majesty. Una ciudad inmensa, inabarcable, de 7,5 millones de habitantes fijos más los miles de turistas y/o estudiantes que este verano saturamos las calles.

El imán de Londres para atraer multitudes no es nuevo. Mucho antes de que yo me bajara de mi pájaro de acero, algo así como 5.000 años antes, ya había gente viviendo aquí. Y, aunque de esos prehistóricos pobladores se sabe poco, de los romanos que fundaron Londinium, allá por los años 50 D.C, se sabe mucho. Ese salto en el tiempo, ese viaje al pasado, es lo que proporciona, completamente gratis, el Museo de Londres, un sitio donde la historia se sacude la capa de polvo y resplandece como una niña con zapatos nuevos.

Mis primeros días en Londres los pasé alojada en los estupendos apartamentos Citadines Barbican, que recomiendo por buenos, bonitos y baratos (si es que algo en esta ciudad puede ser barato). Y el primer libro que compré fue Remarkable creatures, de Tracy Chevalier, una novelista de la que soy fan desde que leí El azul de la Virgen. Soy tan fan de Chevalier que hasta "peregriné" a Francia para conocer los escenarios reales de la novela. Pero ésa es otra historia.

El caso es que el Museo de Londres programa conferencias y visitas guiadas muy interesantes, que recomiendo. ¿Y quién estaba invitada a leer un relato corto inspirado en el museo? Tracy Chevalier, por supuesto. No sólo leyó su cuento, sino que dialogó con los espectadores y contó detalles de su relación con Londres, el barrio en el que vive, su particular ritual de escritura.

En ese momento supe que Londres me daba la bienvenida. Nada más pisar la ciudad podía acercarme a decirle a una de mis escritoras preferidas cuánto la admiro. Aunque me temblara la voz y olvidara el poco inglés fluido que hablo. Tracy Chevalier me sonreía y me daba las gracias, decía que le gustaba mucho España y me deseaba suerte. Eso tenía que significar algo bueno, ¿no?

viernes, 18 de junio de 2010

Nubosidad variable

Así se llamaría este blog si no fuera ya el título de un estupendo libro de Carmen Martín Gaite; una novela que me ha reconfortado, reafirmado y enseñado muchas y buenas cosas a lo largo de los años. De modo que, a falta de nubosidad variable, he encontrado estos cúmulos y limbos que coloco en generoso desorden sobre mi patio sin tejado.

Cúmulos, porque colgada de las nubes es como he pasado -y paso- muchas, buenas y productivas horas de mis entaitantos años: suspendida entre frondosas nubes blancas; ingrávida, sintiéndome liviana en mi cama de perezosas nubes blancas.

Y limbos, porque en el paraíso de los eternos distraídos siempre ha habido una silla con mi nombre. Algo que de niña me mortificaba y que con los años casi veo como una ventaja. Casi.

Cúmulos. Limbos.

Y nubosidad variable.

Porque, claro, la vida no es una carcajada continua, ni tan siquiera una sonrisa indulgente. Tampoco podemos pasar las 24 horas del día encaramados a una nube. Hay que estudiar, trabajar, tener familia, amigos, ayudar a los demás... y lidiar con nuestros cambiantes estados de ánimo. Casi nada.

Para mí, los libros, el arte, la historia, los viajes, la escritura... y otra vez los libros, son la brújula indispensable. No podría vivir sin ellos y hasta es posible que viva para ellos. Abrir esta ventana en forma de blog parecía inevitable.

Y aquí es donde echamos a andar, mi blog y yo.

Porque todos tenemos algo que decir aunque no haya nadie que nos escuche.