domingo, 12 de noviembre de 2017

Pintoras surrealistas, enigmáticas y subversivas

(Otros artículos sobre mujeres pintoras)   

El Museo Picasso Málaga celebra hasta el 28 de enero una interesante exposición que tiene mucho de descubrimiento y emoción pues homenajea a dieciocho artistas surrealistas entre las cuales hay algunas muy reconocidas, pero también muchas injustamente valoradas y algunas hasta olvidadas. 

'Y entonces vimos a la hija del Minotauro'
(Leonora Carrington).
Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo es el título de la muestra malagueña donde están presentes las famosas Maruja Mallo, Remedios Varo o Leonora Carrington, pero también las mucho más desconocidas Leonor Fini (1908-1996), Dorothea Tanning (1910-2012) o Kay Sage (1898-1963), cuyas obras, llenas de tintes poéticos y enigmáticos, deslumbran y nos hacen reflexionar.

Las dieciocho creadoras comparten rasgos comunes de rebeldía, lucha y genialidad. Algunas comparten también el agrio destino de haber sido eclipsadas por sus parejas; de ahí que la exposición cumpla el doble objetivo de reivindicarlas como artistas y revalorizar las obras de Eileen Agar, Claude Cahun, Leonora Carrington, Germaine Dulac, Leonor Fini, Valentine Hugo, Frida Kahlo, Dora Maar, Maruja Mallo, Lee Miller, Nadja, Meret Oppenheim, Kay Sage, Ángeles Santos, Dorothea Tanning, Toyen, Remedios Varo Unica Zürn. 


Kay Sage (1898-1963), pintora
surrealista estadounidense.
Gracias a esta exposición he conocido a la estadounidense Kay Sage y sus paisajes austeros e imaginativos. Nacida en Connecticut, estudió pintura en Roma, se vinculó con los surrealistas, se casó con Ives Tanguy y volvió a su país donde trabajaron juntos. Sage participó en las exposiciones surrealistas de 1942 en Nueva York y de 1947 en la Galerie Maeght. Pero la muerte de su esposo en 1955 la sumió en una agonía inconsolable. Hasta 1963 escribió su autobiografía y un catálogo razonado de Tanguy. Hecho esto, se suicidó. 

'Peligro, zona en construcción' (Kay Sage).
Para estas creadoras surrealistas el inconsciente fue una herramienta para explorar su posición en el mundo y exorcizar demonios. Varias de ellas acarreaban enfermedades, tragedias y abusos, y a través del arte pudieron alzar la voz y trataron de rebelarse.

'Pequeña serenata nocturna' (Dorothea Tanning).
También para Dorothea Tanning fue decisiva su relación con Max Ernst con quien se casó en 1946. Si los primeros cuadros de Tanning eran figurativos y minuciosos, bajo la influencia de su esposo su pintura se volvió nebulosa y cercana al misterio, la poesía y el cuento. Tras el fallecimiento de su marido, Dorothea siguió pintando y escribiendo hasta su muerte en Nueva York con casi 102 años.

'La alcoba' (Leonor Fini).
Las obras surrealistas que ahora se exponen en el Museo Picasso Málaga desvelan represiones sexuales, morales y sociales al tiempo que derrochan imaginación, espíritu transgresor y ansia revolucionaria. Ejemplo de todo ello es Leonor Fini, abanderada de la mujer soberana de sí misma tanto en su vida como en su obra.

lunes, 30 de octubre de 2017

Segundo viaje a Japón(II):Kioto, Nara, Senda de Filósofos


Vistas desde Starbuckks Karasuma Sanjo.
El día 16 de agosto salimos de Koyasan nada más desayunar rumbo a Kioto, adonde llegamos al filo de las dos de la tarde y ya nos esperaban nuestras maletas cómodamente instaladas en la habitación del hotel Mitsui Garden Kyoto Shijo. ¡Todo un descubrimiento el servicio de envío de equipaje entre ciudades dentro de Japón! Como esta era nuestra segunda visita a Kioto y nos sentíamos menos turistas y más paseantes, nos lo tomamos con tranquilidad. Nuestra primera parada fue el Starbucks de Karasuma Sanjo, donde el café y el wifi gratuito son el segundo y tercer mayor atractivo.

Geishas en el barrio de Gion (Kioto).
Sin duda, el mejor reclamo del lugar es la experiencia que brinda de tomar una bebida caliente o fría sentados frente a la pared acristalada que da al templo contiguo. Más tarde, esa noche el paseo nos llevó además por los puestos del mercado Nishiki (tan abarrotado como siempre) hasta el barrio de Gion (esta vez sí vimos claramente a varias geishas primorosamante acicaladas bajarse de dos taxis) y Pontocho, en un recorrido más sentimental que explorador.

Ciervos en libertad vigilada en Nara (Japón).
El día siguiente cogimos el tren para ir a Nara, antigua capital del Japón medieval donde los antaño ciervos sagrados siguen viviendo en libertad (vigilada, eso sí). Una visita en toda regla a Nara ocupa todo el día pues la ciudad tiene varios templos, ruinas y pagodas que son Patrimonio de la Humanidad. Ese día hacía mucho calor y decidimos acortar la visita yendo casi directos al templo budista Todaji-ji, el más espectacular por su estatua gigante de Buda.

Pasar a través de la columna (Nara, Japón).
Nos sorprendió un pasatiempo-ritual para niños consistente en atravesar una columna de madera roja por una hendidura abierta en su base. Los orgullosos padres tomaban selfies de los retoños, felices de posar con la cabeza en un extremo de la columna y los pies en el otro. Dejamos Nara después de un breve recorrido por su Museo Nacional, donde se exhiben Budas de todos los tamaños y colores y que se visitan con la misma entrada del templo. 

Fauna y flora en Bosque de Bambú (Kioto, Japón).
Era ya la hora de comer pero preferimos coger un taxi hasta la estación de tren y comprar allí unos bento para degustar en el tren y así poder regresar antes a Kioto. Así lo hicimos y, sin pasar por el hotel, fuimos directos de excursión al Bosque de Bambú.


Paseantes por el Bosque de Bambú (Kioto, Japón).
Un lugar muy concurrido donde se entrecruzan grupos de chicas en kimono en busca de selfies; parejas que ruedan en rikshow gracias al empuje de jóvenes de vigorosas piernas; recién casados fotografiándose para el book nupcial; turistas curiosos; runners; y en fin, vecinos que pasean al perro. Un lugar que embruja pese a tanta algarabía. 

Anguila y makis en taberna típica de Kioto.
Esa noche salimos en busca de una taberna típica en los alrededores de Pontocho donde habíamos cenado hacía cuatro años. Dimos algo de vuelta pero la encontramos: estaba igual y servían la misma exquisita anguila y el mismo tako que recordábamos. Ni que decir tiene que nos encantó volver a este lugar. 

La tercera y última mañana en Kioto, el 18 de agosto, la dedicamos a visitar el mercado Nishiki en busca de regalos, sin nada especial que hacer salvo vagar por las calles cercanas. Tomamos una Ginness en el famoso café Independants, abierto en 1998 en un edificio casi centenario y que gracias a una buena restauración conserva las pinturas murales originales y los mosaicos en el suelo. Mucha clientela joven japonesa y algunos turistas como nosotros.

Senda de los Filósofos (Kioto, Japón).
La Senda de los Filósofos fue nuestro siguiente destino. Al contrario que hace cuatro años, esta vez no entramos a ningún templo, nos limitamos a recorrer con gozosa pereza esta preciosa ruta de dos kilómetros de largo paralela al canal Shishigatani. Caminamos despacio bajo los árboles y tratamos de imaginar cómo debió sentirse el filósofo Nishida Kitaro (1870-1945), quien solía meditar en esta zona de camino a la Universidad de Kioto. En su honor el lugar se llama Senda de los Filósofos o también Paseo de la Filosofía.

(Próxima parada: Gero y el monte Fuji)

miércoles, 25 de octubre de 2017

400 post y 7 años de vuelo sin motor a ras de nube


400 entradas publicadas en este blog en algo más de siete años lo significan todo y a la vez quieren decir nada. La relatividad juega con las plumas del tiempo y alborota nuestra percepción de la realidad, de lo sensato, de lo comedido, de lo desmesurado. Y la prueba es que hoy estas 400 entradas me parecen pocas, pero en junio de 2010 se me antojaban impensables. En este post número 400 no resisto la tentación de hacer un compendio con la intención no de parar sino de continuar durante muchos años anotando, ¡quién sabe si hasta cantar línea... o incluso bingo!

Susan Sarandon: entrada más leída del
 blog y palabra clave más buscada. 
Este blog es anónimo, pequeño, más rendija que ventana, y sin embargo me siento orgullosa de que los lectores que atracan en mi muelle cada vez lo hacen más porque me buscan a mí. Es cierto que la gran mayoría llega porque ha tecleado la palabra clave "Susan Sarandon", pero la segunda palabra que ponen en su buscador es "cumulos y limbos" y la tercera, "cumulosylimbos.blogspot.com"

De estas 400 entradas, la etiqueta más nutrida es la de Mujeres, una temática que he abordado en 126 post; le sigue Escritoras (99 textos), Viajes (94 artículos) y Libros (92 post). Ni el orden de aparición ni el número de entradas han sido programados pero reflejan casi exactamente lo que me propuse allá por el verano de 2010: hablar sobre todo de libros, de mujeres, de viajes, de arte.

Primer post y declaración de intenciones.
Inauguré este blog con el post titulado Nubosidad variable, que era y todavía es mi declaración de intenciones. Durante estos años de vuelo sin motor a ras de nube me han acompañado sobre todo lectores que se conectan desde España (99.390 páginas vistas), desde Estados Unidos (36.456 vistas) y desde ... ¡Rusia! (17.638). Sí, por exótico que parezca, los rusos son los terceros visitantes en volumen de mi blog, seguidos muy de cerca por lectores de México.

A mis 24 fieles suscriptores, gracias por acompañarme en este viaje. ¡Ojalá sigamos juntos muchos años vagando por los terrenos algodonosos del saber y del alma!

viernes, 20 de octubre de 2017

Hilma af Klint, la pintora sueca mística ocultista

(Otra artista singular: Seraphine Louis)

¿Qué lleva a una joven pintora sueca a caballo entre los siglos XIX y XX, aficionada a las matemáticas y a la botánica, a abandonar el estilo figurativo académico para llenar sus lienzos de triángulos, círculos, ondas electromagnéticas y espirales inestables que parecen bailar al son de una música que solo ella escucha? La propia artista no lo sabía, y el mundo del arte todavía no se lo reconoce, pero Hilma af Klint (1862-1944) es la inventora del arte abstracto y con ello se adelantó a Kandinsky, Mondrian y Malevitch, que sin embargo siguen siendo quienes aparecen en las enciclopedias como los máximos exponentes de la abstracción.

Hilma af Klint, pintora mística y
ocultista sueca (1862-1944).
Hilma fue una ocultista y una mística, una artista con dos caras: mientras su rostro público la presentaba como una modesta pintora de anodinos paisajes, bouquets florales y retratos de mascotas, su rostro privado, su auténtico yo, solo se desvelaba en la soledad de su estudio de pintura, donde experimentaba con las formas y los colores en combinaciones muy audaces. Sin duda, una mujer singular cuyas imágenes visionarias entroncan con las de otra pintora mal valorada: la naif francesa Seraphine Louis (1864-1934). La reclusión voluntaria, la creación en soledad, la incomprensión y una cierta inestabilidad psicológico-afectiva caracterizan a las dos artistas; ambas fueron tachadas de estrambóticas por sus contemporáneos, cuando no simplemente consideradas locas.

Hilma af Klint, pionera en arte abstracto.
Hilma af Klint produjo lo mejor de su arte en la isla de Adelso, cerca de Estocolmo, y apenas mostró sus cuadros vanguardistas a nadie. Su afán de ocultarlos la llevó a estipular en su testamento que no se revelaran al público hasta veinte años después de su muerte. Estaba convencida de que el significado de sus pinturas no podría ser comprendido a la perfección hasta entonces. Su sobrino Erik, que en 1944 se convirtió en responsable del legado de más de mil obras y cien cuadernos, respetó el deseo de su tía, así que hasta 1986 no se descubrió que fue ella, Hilma af Klint, quien inventó la abstracción. 

Colores brillantes y espirales.
¿Por qué tanto secretismo? Hilma creía que había una dimensión espiritual de la vida y que cuando pintaba podía entrar en contacto con una conciencia superior que transmitía mensajes a través de ella. Al igual que muchos de sus contemporáneos, la artista estaba influenciada por movimientos espirituales, especialmente espiritismo y teosofía. De hecho, a finales de la década de 1870 Hilma ya había asistido a sesiones de espiritismo con un médium, una práctica popular en aquellos años debido en parte a descubrimientos científicos como los rayos X -que revelaron los órganos internos humanos- o las ondas electromagnéticas.

Caos primordial (Hilma af Klint).
En 1896 Hilma y otras cuatro mujeres formaron el grupo De Fem (las Cinco), entraron en contacto con "líderes superiores" de otra dimensión y documentaron sus sesiones de forma meticulosa. Estos contactos con el mundo invisible cambiaron radicalmente el arte de Hilma, quien comenzó a practicar la escritura automática y desarrolló una forma de dibujo automático con lo cual también fue pionera del surrealismo. Poco a poco, la artista se embarcó en un viaje hacia adentro, hacia un mundo oculto.

Complejos símbolos en la obra de
 la pintora sueca Hilma af Klint.
Los cuadros de Hilma af Klint están llenos de símbolos, letras y palabras que la artista veía como puertas a otra dimensión. No olvidemos que con su pintura quería transmitir los mensajes que recibía de los espíritus superiores y así arrojar luz sobre los grandes problemas existenciales. Para ella, el caracol y la espiral representaban la evolución; el ojo y el gancho, azul y amarillo, y el lirio y la rosa significaban feminidad y masculinidad, respectivamente; la letra U sería el espíritu; el cisne, lo etéreo, y la paloma, el amor.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Imantados por el color en un museo de Tokio

(Más sobre Japón aquí y un poco más aquí)

Me gusta contemplar las cosas que me gustan. Podría encontrar una forma alambicada de expresarlo pero la realidad sería la misma: me gusta observar lo que me interesa o capta mi atención, sobre todo cuando puedo hacerlo con serenidad. Dejar que la vista vague a sus anchas, que los ojos patinen sobre la superficie escurridiza de un objeto bello, curiosear, en fin, mientras cavilo sobre la nada... y el todo.


Mujer de negro y rojo en el Museo
de Arte Occidental de Tokio (Japón).
Me gusta observar al que observa, en especial en museos o en paisajes urbanos singulares. Secretamente puede que confíe en que la visión de otros humanos cuando contemplan creaciones humanas me descubra algún pasaje secreto o una rendija por la que conseguir deslizarme, también yo, por el tobogán secreto del misterio existencial. Algo parecido a la reacción que se produce en nosotros cuando descubrimos a alguien leyendo un libro que nos apasiona y sentimos que ese libro nos está recomendando a esa persona.

Mujer de rojo y negro frente a un Miró en el
Museo de Arte Occidental de Tokio.
En el Museo de Arte Occidental de Tokio he forjado este verano una alocada teoría que iré probando en futuras contemplaciones: el color influye no solo en el modo en que nos relacionamos con un cuadro, sino que actúa como cordel que nos ata a las obras de arte. No creo casual que las personas que más tiempo y con mayor fruición examinaban ciertos cuadros portaran ellas mismas ropa del color predominante en los óleos que estaban mirando.

Una pareja contempla un lienzo en el Museo
de Arte Occidental de Tokio (Japón).
Parece lógico aventurar que si nos vestimos con una paleta de colores determinada es porque nos gusta y así nos sentimos más representados. Según este razonamiento, no tendría nada de extraño que nuestro cuerpo basculara, por sí mismo sin pedirle parecer a nuestro cerebro, y nos condujera en modo semi sonámbulo hacia aquellos objetos que porten nuestros colores predilectos, dirigiéndonos imantados hacia el color igual que los insectos vuelan al encuentro de la luz.

Pero no solo es el color, hay algo especial incluso en la postura del que contempla, una manera peculiar de pararse frente a la obra de arte que denota el grado de conexión con el cuadro, la comprensión o la extrañeza, el arrobo o la sorpresa.
En el Museo de Arte Occidental de Tokio.

En algunas de las fotografías que ilustran estas líneas se puede comprobar cómo hasta la postura de los pies y piernas de las personas, incluso la forma de colgarse el bolso o el modo de inclinar la cabeza, parecen encontrarse en sintonía con el objeto que ha capturado su atención.

El color marca nuestra percepción de la realidad, como saben bien los diseñadores, modistas, arquitectos o publicitarios. Transmiten ideas y sentimientos, nos inducen frío o calor, incluso comunican dolor, y está demostrado que todos percibimos los colores en clave cultural.

Mujer de negro y beige en el Museo
de Arte Occidental de Tokio (Japón).
No combinamos los colores de manera accidental cuando vestimos ni tampoco los escogemos aleatoriamente si tenemos planeado desvestirnos. Según una nueva rama de la ciencia llamada psicología del color, el rojo puede tener efectos intensos sobre el estado de ánimo, las percepciones y las emociones; hay quien sostiene que vestir de rojo influye hasta en el equilibrio de las hormonas. Sin llegar a tanto, lo cierto es que mi contemplación de los visitantes del Museo de Arte Occidental de Tokio frente a las pinturas me inculcó la idea de que nos sentimos atraídos hacia aquello que contiene lo que somos. Puede que cada uno seamos de un color y el misterio consista en averiguar de qué color somos.