jueves, 20 de abril de 2017

Siri Hustvedt, (pos) sorpresa del Día del Libro en Madrid

(Más sobre Siri Hustvedt aquí)

Siri Hustvedt (1955), novelista
y ensayista estadounidense.
Siri Hustvedt (1955), la mujer que nunca fue (solo) la compañera de Paul Auster y madre de su hija, estará en Madrid el lunes 24 de abril presentando su nuevo libro, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres, poniendo una suerte de broche de oro a los actos del Día del Libro. La cita con sus lectores, a la que no pienso faltar, es en la librería Central de Callao, a las 19 horas. Siri es una mujer erudita, apasionante y apasionada, a quien fascina la exploración del cerebro y la mente. Tiene un discurso multidisciplinar en el que caben desde el psicoanálisis a la psiquiatría, pasando por la genética, la filosofía o la literatura. 

Mi ejemplar de 'El verano sin
hombres' (Siri Hustvedt).
El primer libro que leí de ella es El verano sin hombres, una novela de perfil intimista, narrada en primera persona por Mia Fredricksen, una mujer de 55 años que lleva 30 casada, tiene una hija encantadora y relativo éxito profesional. De repente, Mia enloquece, es internada en una clínica y, al salir, decide pasar el verano en Boden, donde su madre vive en una residencia para ancianas. Ese verano sin hombres cambiará a la protagonista en lo personal y le servirá de acicate intelectual.

La mente, los nervios y sus misterios vuelven a ser el eje del libro que Siri presenta en Madrid, y al que la campaña de marketing describe como "una colección doble de ensayos donde la autora hace gala de sus conocimientos en las artes, las humanidades y las ciencias".

Siri es una excelente contadora de historias, que trata a sus personajes con seriedad pero con ingenio. En su literatura siempre hay una buena dosis de crítica y aborda a sus protagonistas desde un ángulo más amplio que el de las desventuras cotidianas.

Sin duda, el lunes compraré ese libro, aunque todavía tengo pendiente The Blazing World , que me traje de Londres hace dos años y todavía reposa en la estantería de los libros por leer.

miércoles, 12 de abril de 2017

Lamartine, padre de los clubes de lectura para escritores

Cuanto más digitales nos volvemos, mayor valor le damos a las experiencias sensoriales. Yo, que en mi vida laboral me dejo abrazar por la tecnología, soy en cambio incapaz de leer por placer un e-book y no concibo el fin de semana sin un periódico en papel. Desde hace unos meses soy miembro fundador de un club de lectura para escritores llamado El Geográfico. Un club muy selecto donde solo se entra por razón de amistad y donde lo mismo nos leemos una poesía recién compuesta que el párrafo de un relato en construcción o unas frases de la novela que verá la luz en la próxima Feria del Libro de Madrid.

Retrato del poeta y político Lamartine
(Théodore Chassériau).
Los seis miembros del club secundamos así una tradición literaria del siglo XIX: las lecturas en voz alta que realizaban los propios escritores ante un reducido número de amigos o colegas. El escritor y político Alphonse de Lamartine (1790-1869) popularizó esta costumbre en Francia y se extendería por toda Europa hasta la I Guerra Mundial. Desde el siglo XIX hasta comienzos del XX, las lecturas literarias tenían el mismo protocolo: se celebraban en un salón, a menudo en casa del escritor que leía, rodeado de amigos cercanos. Una suerte de ensayo para probar el recibimiento de las nuevas composiciones.

'La lectura' (1903), de Theo van Rysselberghe.
Ese ambiente está recogido en el cuadro de Theo van Rysselberghe (1862-1926) titulado La lectura, del año 1903, donde vemos al poeta Émile Verhaeren leyendo un texto delante de siete colegas (Guide, Fénéon, Maeterlinck, etc). Este lienzo atestigua la necesidad que tenían los autores de principios del siglo XX de leerse entre ellos, además de probar que la lectura en pequeños grupos era considerada una práctica consustancial a la vida literaria.

Los escritores siempre han (hemos) padecido la extraña afección de procurar la atención del lector y tratar de hallar en su espejo el reflejo de nuestras inquietudes.

viernes, 31 de marzo de 2017

¿Por qué las heroínas de Jane Austen leen?

(Más sobre Jane Austen aquí y también aquí)

Las heroínas de Jane Austen (1775-1817) leen. También leen muchos de los caracteres masculinos de sus novelas, pero en el caso de los personajes femeninos la lectura es una actividad que las distingue y eleva sobre la multitud de cabezas huecas y caballeretes que las rodean.

Célebre frase de Jane Austen sobre la lectura.
Las jóvenes lectoras de Jane Austen, particularmente las hermanas Elinor y Marianne Dashwood, de Sentido y sensibilidad; la Emma de la novela homónima; o Elizabeth Bennet de Orgullo y prejuicio, son mujeres adelantadas a su época, más cultivadas que la mayoría de los hombres, su espíritu y su sensibilidad se ha forjado gracias a la lectura de libros. Eso las hace más perspicaces, inquietas y valientes, las dota de una singularidad que también poseía Jane Austen, ya que a finales del siglo XVIII y principios del XIX la escolarización de la mujer era una extravagancia.

Jane Austen, según su hermana Cassandra
La propia Jane Austen solo asistió durante dos años a una escuela formal, y casi todo lo que aprendió fue gracias a las enseñanzas de su padre, el reverendo Austen, y al libre acceso que tenía a la biblioteca de este, con más de quinientos libros (una extensa colección para un reverendo rural de la época).

Los personajes de Jane Austen que no leen son estúpidos. No todos ni en la misma proporción, pero en el universo austeniano el no leer denota una falla de carácter, una inclinación a la petulancia, a la vanidad.

Set de novelas de Jane Austen que se exhiben
en la casa familiar de Chawton (Inglaterra).
Por supuesto, Mr. Darcy y los galanes que importan, ejemplos de rectitud y caballerosidad, son ávidos lectores y tienen magníficas bibliotecas. Para Austen, los libros son una herramienta de crecimiento personal, el medio para expresar los deseos y locuras de cada uno.

Como decía la romántica empedernida Marianne Dashwood, los libros nos guían hasta el corazón de una persona. Y yo añado: cuando vemos a una persona leyendo un libro que nos gusta especialmente, es como si ese libro nos recomendara a esa persona.


sábado, 25 de marzo de 2017

En la oscuridad





En la oscuridad, la certeza gimió como el aliento efímero de una caracola de mar. Sin luz, los pies se le torcieron súbitamente endebles, las piernas imantadas a un suelo invisible de telarañas opacas.

No tengas miedo –se dijo. Las paredes, la mesa, la jarra de agua siguen aquí –murmuró. La mano y los dedos con los que toco mi nariz son reales –gritó. Esta negrura que me habita es solo ausencia de luz –chilló.

Pero donde hubo certeza ahora solo había oscuridad.
Todos sus sentidos aullaban como los de un voraz animal.

Todos su sentidos.
Menos uno.

domingo, 5 de marzo de 2017

Recuerdo de Gabriela Mistral en el Día de la Mujer

(Más sobre mujeres escritoras y artistas)

Gabriela Mistral, poetisa, primera
y única mujer de un país hispanoparlante
que ha ganado un premio Nobel.
La poetisa Gabriela Mistral (1889-1957) ganó el premio Nobel de Literatura en el año 1945. Fue el primer escritor latinoamericano en conseguir este preciado galardón, de fama internacional y muy codiciado por la suculenta dotación económica que lleva consigo. Pues bien, setenta y dos años después, Gabriela Mistral sigue siendo la única mujer de un país hispanohablante que ha recibido el Nobel.

Nada extraño, si tenemos en cuenta que en toda la historia de los Nobel, es decir, desde 1901, tan solo 47 mujeres lo han ganado, frente a más de 750 hombres. Un indicio claro de la desigualdad que continúa padeciendo la mujer en todos los ámbitos, en todos los países y todos los continentes, sin importar la edad, la formación o la extracción social.

Más mujeres y menos princesas.
La mujer es una ciudadana de segunda categoría en cientos de países; un sujeto ninguneado y tutelado por el hombre en decenas de naciones; y aun en los Estados desarrollados donde la ley consagra la igualdad, la realidad es que las mujeres están en minoría en el mundo de los negocios, en los puestos directivos de empresas y universidades, son relegadas en la investigación y sufren presiones inauditas para elegir entre profesión y familia.

8 de marzo, Día de la Mujer.
Este 8 de marzo, cuando el mundo celebre el Día Internacional de la Mujer, los medios de comunicación y las redes sociales nos bombardearán con cifras, datos y citas de todo tipo, y está bien que así sea porque de lo que se trata es de dar visibilidad a la lucha de la mujer por la igualdad de oportunidades. Pero los números no bastan. Y quejarse no sirve de nada si la mujer no toma las riendas de su presente y encarrila su ambición.

Es muy legítimo aspirar a tener un cuarto propio donde dar rienda suelta a la ficción que llevamos dentro, como proclamaba Virginia Woolf, pero en este siglo XXI la ambición debería ser derribar los muros interiores donde tantas mujeres se encierran y ocupar también parcelas propias en el resto de la casa, del barrio, de la ciudad.